Lurpekariak: Jazz con kaiku, txapela y albarcas

Lurpekariak / Los Subterráneos arrancando panorámicos en Basauri (imagen de móvil: O.C.E.).

CAL: *

Miércoles 14 de noviembre de 2018, Basauri, Teatro Sozial Antzokia, 20.30 h, 5 €.

‘Itsasotik iturrira / Del mar a la fuente’ (Errabal, 2018).
Escuchándolo, no sólo por los cencerros nos evoca al agro vasco, abierto, verde y mojado. Dirigido por Ion Celestino (el de la Broken Brothers Brass Band), el sexteto Lurpekariak (su bautismo es un juego de palabras: ‘urpekaria’ significa submarino, ‘lur’ tierra, o sea se podría traducir por Los Subterráneos), con una chica al micrófono (improvisa con scat vocal y hasta se viene arriba en algún irrintzi), ahonda sus raíces en Laboa, conoce el jazz contemporáneo afroamericano más radical, a veces resuena circular como Mursego y se roza con los Achiary, y las dos baterías de su formación se difuminan bastante en la grabación,

 

En su sexto concierto, el sexteto vasco-navarro-aragonés llevó las divagaciones de Laboa hasta el ámbito moderno y radical de Nueva Orleans en un atento Sozial que acabó participando en el happening percusionista

 

Con las aproximadamente 55 personas del respetable sentado en butacas sobre el propio escenario del Teatro Sozial Antzokia de Basauri y ante el sexteto dispuesto en semicírculo panorámico, tan cinemascope que era imposible abarcar de un vistazo desde el trompetista vestido con kaiku Ion Celestino (San Sebastián, 1982; es el líder y ejerció de maestro de ceremonias, hablando todo el rato en euskera) hasta la vocalista calzada con albarcas Nerea Erbiti (Leiza, 1980), Lurpekariak dieron el sexto concierto de su andadura, el primero tras la edición de su álbum de debut ‘Itsasotik iturrira / Del mar a la fuente’ (Errabal), y, a pesar de la dificultad de su propuesta, lograron interpretar sin necesidad de mirar ninguna partitura (y eso que ese miércoles había una baterista suplente: Rakel Arbeloa, Oibar, Navarra, 1991, sustituta del titular Israel Tubilleja, Zaragoza, 1978), abducir al público atentísimo y conseguir que éste participara en el happening final percusionista con panderetas y otros adminículos que le cedió el grupo, más sus propios zapateados, palmas y golpes con las sillas a cargo de las damas más animadas.

Lurpekariak, juego de palabras traducible como Los Subterráneos  (‘urpekaria’ significa submarino en euskera, ‘lur’ tierra), se atreven con una alineación inusual, un sexteto con todos los componentes licenciados superiores en jazz: trompeta, voz, dos baterías (compartían el bombo y se miraban frente a frente la mentada sustituta Rakel y el otro titular, Daniel Lizarraga, Pamplona, 1988) y dos contrabajos (los de Javier Callén, Huesca, 1980, y del tocado con txapela Ander García, Barakaldo, 1978, ex dantzari que algún paso se marcó en el happening). Con tales mimbres, o aperos, o instrumentos, elaboran lo que ellos definen como «música arcaica del futuro», una suerte de jazz rural marcado por Laboa (la voz femenina lánguida, distraída, dolida, aguda, siempre juguetona…) y cuyas improvisaciones parecían emerger desde Nueva Orleans (por la trompeta, por las ambientaciones palúdicas y misteriosas…), unas improvisaciones que nunca parecieron de relleno.

Ion Celestino a la diestra, en algún parlamento explicativo en euskera (foto: Gaizka Azkarate).

Su concierto (de jazz sin partituras, insistamos en el detalle) duró 75 minutos exactos (contando los dos y pico de saludos finales) para una docena de piezas consignadas en el setist y que prácticamente recorrieron íntegramente el debut ‘Itsasotik iturrira / De la mar a la fuente’. La única pega que se le puede poner es que los ejecutantes reprimieron la pegada necesaria en el jazz y parecieron dejarse embargar por la ceremonia canónica, como en una audición de conservatorio (a veces se sentaban en sillas al margen pero a la vista de todos los músicos que no participaban en la pieza, ora los bateristas, ora los contrabajistas…).

Su actuación cursó tan ondulante como las luces que subían y bajaban de intensidad iluminando a los espectadores y los músicos distribuidos por el tablado entero. Lurpekariak arrancaron atávicos y sin prisas a lo Wayne Shorter (‘Lehen agurra’), y el scat vocal fue más allá de la tradición jazz de la vocalista bilbaína Itxaso (bien ‘Banango zaharra’, que culminó en plan neojota junkeriana). Nerea entonó premeditadamente átona y cuasi desafinada en ‘Ez duzu zereginik’, adaptaron al canónico arqueólogo musical Juan Mari Beltrán con la heterodoxia que les caracteriza (‘DRNBL’, o sea ‘Durunbele’) y quizá alcanzaron su cenit en ‘116’, con las baterías protagonistas y la trompeta muy sincopada, muy New Orleans.

Ion Celestino, de la Broken Brothers Brass Band, y un contrabajista, el oscense Javier Callén (foto: Gaizka Azkarate).

Y ya hasta el adiós tuvimos tragedias solemnes (‘Soldadu desertur baten khantoria’, sobre un soldado vasco en la Guerra Franco-Prusiana (1870-71), gradaciones étnicas reverberantes que transitaron por cantos guerreros aparentemente aindiados (Sagardantza / Baile de la manzana’; por cierto, no es broma: desde que estuve en este concierto no hago más que comer manzanas), más ambientaciones crecientes (‘Zakur bat dabil II’) y el epílogo con ‘Irrintzi’ y el público, tan aparentemente formal, participando en el citado crisol percusionista tan surrealista del final.

Cuando se quiten los nervios del estreno, Lurpekariak van a romper la pana.

OSCAR CUBILLO

 

Entrevista publicada en El Correo Digital y titulada «No lo hacemos por llamar la atención»

 

Video free de Lurpekariak en vivo:

 

 

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