Love Of Lesbian: Grave error de concepto y de cálculo

El sexteto musical oficiante, reforzado por Ricky Falkner al bajo, ya avanzado el show (foto: Carlos García Azpiazu).

CAL: *

Jueves 29 de noviembre de 2018, Bilbao, Teatro Campos, 20.30 h, entradas de 33 a 46 €.

 

En exceso dilatado, con dos monólogos -el segundo fuera de lugar- y una teatralización somera a base de roces con artes obsoletos cursó el show íntimo, melancólico y autoindulgente del grupo catalán en un teatro lleno y predispuesto que perdonó que la propuesta se atascara en el último tercio

Los dos primeros tercios estuvieron muy bien. Lástima que se desfondara su caja de cartón en el tercer tercio, donde se produjo una des-tensión y sobró el monólogo

 

Con las entradas entre 33 y 46 eurazos, se rozó el lleno absoluto el jueves en el Teatro Campos para ver a los catalanes Love Of Lesbian en la séptima plaza de las ya más de 30 previstas en su gira ‘Espejos y espejismos’ («un teatro muy cuqui», calificó Balmes al Campos). Antes de empezar localizamos a numerosos músicos famosos locales: de Doctor Deseo, Zea Mays, Gatibu, Berri Txarrak… Varios de éstos músicos son amigos suyos, pero quizá no acudieron tan predispuestos ni entusiastas como la mayoría del público que, tras un show de 19 canciones en 147 minutos (dos horas y media) arrancados con 11 minutos de demora, se rio con las gracias de Santi Balmes (algunas muy acertadas, otras de humor involuntario), ovacionó hasta que le picaran las palmas y se puso en pie solo en la ovación final, larga y sentida, de unos tres minutos (en entrevista previa nos avanzó que al final la gente se pondría en pie).

Nostalgia juguetera-automovilística en la canción ‘Planeador’ (foto: Carlos García Azpiazu).

A Love Of Lesbian les puede su tendencia a la dilatación. Sus conciertos duran demasiado. En el Campos colaron dos monólogos (el primero, de Balmes, durante el popurrí a dúo, pudo llegar a ser entrañable, pero segundo, en trío, con el payaso profesional, monopolizado por el guitarrista Julián Saldarriaga y situado casi al final del show, estuvo fuera de lugar y fue cortarrollos porque destensó el ambiente; «es el momento en que el técnico de sonido aprovecha para ir a mear», denunció Santi Balmes, el líder supremo, como le llamó su camarada Saldarriaga), a Santi se le notó el deseo de ser actor y charló bastante («hay demasiado palique», protestó Azpiazu, pero vaya, nos enteramos de que su venida en avión a Bilbao fue traumática debido al viento, tanto que se refirió a ella al menos en tres ocasiones), la pátina nostálgica pareció gruesa y recurrente (evocaciones de los juguetes infantiles, las novias que pasaron, los paseos por el parque con los hijos cuando eran pequeños… ¡hasta añorar la década de los 90!), y el prometido ‘concierto teatralizado’ se quedó en concierto de canciones normales adornadas con guiños al teatro y al circo antiguo, obsoleto: hubo sombras chinas, un par de hinchables (logrado el del zepelín que sobrevoló el patio de butacas), títeres (bien el de los siameses con chistera, muy moroso y melancólico el de las bicicletas en la cuerda floja, etc.), papiroflexia gigantesca (en ‘Planeador’, una canción automovilística con aire Jacques Tati), juegos de luces a veces violentos…

El zepelín, no diremos en qué canción (foto: Carlos García Azpiazu).

El encuentro cursó obviamente descendente por culpa de la dilatación temporal, la melancolía debilitante, los trucos de teatro periclitado que a veces distraían del busilis (por cierto: no entendemos que el grupo permita a sus fans sacar fotos y grabar con los móviles, pues luego subirán el material a las redes y así restarán efecto sorpresa a los futuros espectadores, más incluso que lo que consignábamos en el párrafo anterior), los cambios de escenario (lleno de cajas de cartón convertibles hasta el skyline urbanita o la azotea con los farolillos) y la cháchara de Balmes (en realidad gracioso casi siempre, excepto en el sobrante segundo monólogo, pero la culpa fue del guitarrista y de que no tenían micrófonos). Por todo esto salimos del Campos con sensación de insatisfacción, sobre todo a tenor de todo lo bueno que esconde el setlist pero cuya fuerza llega a diluirse, a desvanecerse casi. Y es que Love Of Lesbian se empeñan en morir de éxito, agradándose (y agrandándose) ante el calor de sus fans.

Santi, paseando por Getxo vi un libro tuyo en el escaparate de una librería. ¿Cuál es?
‘El hambre invisible’, supongo. Estoy muy contento con el resultado, aunque me he sentido en peligro durante todo el proceso creativo. Este libro habla de la necesidad de ejecutar a una de tus personalidades internas con el objetivo de continuar sano y cuerdo. Va por la tercera edición en dos meses, así que no estará mal del todo, ja, ja…
(foto: Carlos García Azpiazu).

LOL, un grupo de indie agraciado por la madurez, arbitró numerosas canciones acertadas. Embargados por la cotidianidad en plan unos Manel castellanoparlantes (la inicial ‘Nada’) y facturando indie inteligente (‘Cuestiones de familia’), Balmes (que parecía tener a sus pies el teleprompter) y los suyos (reforzados al bajo por Ricky Falkner) consiguieron numerosa dianas intercaladas y hasta consecutivas: ‘Contraespionaje’ o la cima de la cita con su deje soul-pop algo Burt Bacharach, ‘2009’ y su rapeado inicial superior a Rayden más su desarrollo post rock, el ambiente general audio-visual del indie progresivo ‘Carta a todas tus catástrofes’, el aire de Bowie tan recurrente (sideral en ‘Océanos de sed’, dramático en ‘Los días no vividos’ con sus brindis y todo, onírico en ‘La noche eterna’ premiada con bravos), la finura de Villagers en ‘La parábola del tonto’

El ‘payaso profesional’ Guillem Albà, el líder supremo Santi Balmes y el guitarrista Julián Saldarriaga en el segundo monólogo, la sima de la cita (foto: Carlos García Azpiazu).

Pero entre tanto estiramiento, la cháchara (que al ochenta por ciento chanó mucho, ¿remachamos, eh?) y los temas que no volaron tan alto, este ‘Espejos y espejismos’ bajó un escalón… o dos. Y es que, lo descubría alucinado al chequear las notas un par de horas después y de nuevo por la mañana, doce horas después, la emotividad excesiva y autoindulgente se derramó de forma incomprensible en el luengo epílogo, pues las seis últimas canciones fueron las menos brillantes (o más opacas), las más introvertidas, las más tristonas: ‘Los males pasajeros’, ‘Domingo astromántico’, el segundo monólogo tan fallido antes de cantar ‘Segundo asalto’ en trío acústico y sin amplificar, la blandura pop para padres primerizos de ‘Un día en el parque’, la lentitud de ‘El poeta Halley’ (pero buen recitado tuvo intercalado) y el post-rock desenfocado por las tristes bicicletas de ‘Oniria e Insomnia’, una media docena infortunada  que provocó que se desfondara la caja de cartón virtual del concierto.

Saludos finales de los 6 músicos y 3 actores con el público que casi agotó la taquilla en pie (foto: Facebook LOL).

O sea, que lo peor no fue el pecado de la dilatación, ni la vanidad del segundo monólogo, sino que el error de concepto más que de cálculo recaló en el orden de las canciones, colocando a modo de colofón esa media docena final tan amortiguadora de la buena onda, tan rascadora en la pena interior. Un concierto, aunque sea largo, debe evolucionar hacia la apoteosis creciente, no hacia el marasmo sentimentaloide, que es lo que acaeció el jueves en el Campos. Días después sigo sin entender tal garrafal orden de canciones. Con lo contento y a gusto que estuve hasta casi las dos horas, antes de atascarse todo, ellos, y yo y nosotros. Eso sí, el público fiel y fan, cómo ovacionaba también en las postrimerías. Cómo se puso en pie.

ÓSCAR CUBILLO

 

Santi, en la película ‘Memorias de un hombre en pijama’, a estrenarse en enero, Love Of Lesbian metéis la canción ‘El astronauta que vio a Elvis’. ¿La película es de dibujos animados? ¿Estos se usan en el nuevo espectáculo?

No, no. Esta una película basada en un personaje creado por el multipremiado dibujante Paco Roca. No tiene nada que ver con un espectáculo como el que ofreceremos en Bilbao, cuya idea escénica es de Guillem Albà.

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One Response to “Love Of Lesbian: Grave error de concepto y de cálculo”
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  1. […] Aparte, el jueves en Bilbao el show quedó deslucido por el sonido, malo en la ecualización de la banda escasa al principio y catastrófico en la apoteosis final, cuando Orozco confesó que les habían pedido bajar el volumen (y es que el Campos cuenta con un limitador de decibelios establecido a 87 db; de lo cual se quejaron a toro pasado Love Of Lesbian el 29 de noviembre, hace dos semanas, después de este concierto). […]



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