Benito Lertxundi: Agradable, apacible y mágico (+ entrevista)

El deceto navegando en el Arriaga (foto: Mr. Duck).

CAL: **

Domingo 2 de diciembre de 2018, Bilbao, Teatro Arriaga, 19 h, entradas de 14 a 30 €.

 

El Bardo de Orio llenó de gente y de buena onda el Arriaga, donde presentó su 17º álbum, ‘Ospakizun gauean’, en un concierto memorable en deceto con sonido estupendo y magia especial

 

Hacía dos semanas que se anunció que se habían agotado las entradas para ver al maestro Benito Lertxundi (Orio, 76 años) el domingo en el Teatro Arriaga presentando su 17º disco, el autoeditado ‘Ospakizun gauean’ (Celebración nocturna), que se vendía a 20 euros en el lobby. Y la velada resultó una apacible y agradable celebración, en efecto, agraciada con sonido perfecto del deceto oficiante (se oían claramente todos los tañidos: del contrabajo, el bouzouki, el arpa…), luces envolventes y absorbentes en escena, conjunción entre los músicos (muchos con nombre propio: el guitarrista Ángel Unzu, el violinista ex Oskorri Xabier Zeberio, el violonchellista y acordeonista Pello Ramírez, la arpista, teclista y vocalista Olatz Zugasti, a la sazón esposa del Bardo de Orio), y con Lertxundi proyectando su sombra legendaria, sin arrastrar los problemas técnicos que deslucieron el concierto que le vimos el pasado mayo en las bodas de plata del Teatro Sozial de Basauri (este concierto).

Benito Lertxundi, siempre solemne, con voz frágil que a menudo le vino bien a ciertas interpretaciones crepusculares (dos o tres veces evocamos al último Johnny Cash), supo dosificar fuerzas llegando a hacer cuatro mutis para dejar a su banda lucirse en instrumentales diversos: oskorrianos, balcánicos, celtas, de cámara… Ya ven qué bien: al salir del Arriaga comentaba la gente: «Los músicos, chapeau», «ha estado todo fenomenal», «polito, ¿eh?», o la espectadora más crítica: «Benito ha estado muy nostálgico, mucho más que en Pamplona».

Una treintena de piezas sonaron en dos horas y cuarto (en 138 minutos exactamente). Sin usar teleprompter, Benito, enhiesto, con vaqueros gastados, envidiable pelambrera y guitarra acústica, habló poco (un par de presentaciones, un agradecimiento y la broma de cuando se le acabó la pila del micrófono), apenas sufrió distracciones (únicamente le notamos tres: una cantando, la interrupción de la pila y el despiste de volver a afinar la guitarra antes de ‘Bizkaia maite’, pues cambió el orden del repertorio sobre la marcha), cedió protagonismo a sus notables músicos (bastantes solos introductorios, entre ellos uno un tanto estridente de Ángel Unzu y el precioso e inaugural a cargo de Olatz Zugasti, los citados temas instrumentales con pasajes diversos, la canción del bis dedicada a las ikastolas y entonada por la benjamina del deceto Intza Unanue) y alcanzó no pocos momentos destacables (aunque no le quedó muy bien ‘Bizkaia maite’ abriendo el bis).

Las dos coristas: la benjamina del grupo Intza Unanue y la esposa del maestro Olatz Zugasti (foto: Mr. Duck).

El concierto arrancó evocando el contoneo de Leonard Cohen (‘Gu bizi bezainbat’), la banda se puso zíngara como haría su discípulo Mikel Urdangarin (‘Nintzenaz oroitzean’) y la atmósfera tornóse marinera (‘Laket dut’). Por cierto, las tres primeras pertenecen a su álbum anterior: ‘Oroimenaren oraina’ (2012). Logrado le quedó el vals ‘Udazken koloretan’, al fado entonado por Cohen sugirió ‘Suaren bila’, y a la sexta cayó la primera del último disco: ‘Belar nerabean’, un country titilante donde habló de su conciencia, término recurrente que Lertxundi al menos utilizó en tres canciones. También del nuevo fue la titular ‘Ospakizun gauean’, con Lertxundi frágil a lo Tom Waits.

Hizo el primer mutis y al regresar entonó una tremolante pero bien traída ‘Balborda’, uno de sus clásicos. Se percibía que la velada era especial, que permanecería en nuestra memoria, que la magia flotaba en el éter. Los instrumentales se intercalaban entre novedosas piezas en la estela de Cohen (‘Nahiagu nuke’), con el peso de los años de Johnny Cash (‘Otzanzu herrian’) o con la inyección de country animado (ovacionadísima ‘Kimu bat zuhaitzan’, adaptación de Ion Maia de un tema de Allan Rankin).

Benito continuó con cumbres cantautoriles euskaldunas (‘Oi ama Euskalerri’) y llegamos al bis: a gritos le pidieron ‘Herri Behera’, el maestro puso cara de circunstancias y adelantó una demasiado feble ‘Bizkaia maite’. Pero en el luengo bis aún hubo más hitos envolventes como ‘Mirotzak’, con su violín Waterboys y cuerpo de toda la banda, o el adiós definitivo con ‘Zenbat gara’ y su prolongación hippie con palmas espontáneas del respetable encantado. Muy bien y bastante inspirado el maestro.

ÓSCAR CUBILLO

Saludos antes del bis con Olatz Zugasti tañendo el arpa (foto: Mr. Duck)

 

+++ ENTREVISTA +++

«Yo escribo canciones y no poesía»

***

El legendario Benito Lertxundi edita el 17º álbum de su carrera, ‘Ospakizun gauean’,

con el que estrena su propia discográfica, llamada Kantaita Enea (La Casa de la Canción)

 

Modelando el arquetipo de cantautor melódico y solemne euskaldun, Benito Lertxundi (Orio, 76 años) ha acabado arrimado al gran río de la música country folk americana, esa reposada y acústica que abarca desde Bob Dylan hasta Leonard Cohen y que también es asumida, más que reivindicada, por tantos grupos indies americanos actuales. Y es que su nuevo álbum gustaría a músicos yanquis como los de The Handsome Family, Bon Iver, Okkervil River…

La novedad se titula ‘Ospakizun gauean’ (Celebración nocturna) y sale seis años después de su anterior repertorio ‘Oroimenaren oraina’ (2012; con ese disco le hicimos esta entrevista). La ha publicado en su propio y recién creado sello discográfico llamado Kantaita Enea (La casa de la canción; lo dirige con su esposa, la arpista Olatz Zugasti), la ha grabado con la banda que le acompaña en directo, y cursa solemne, evocadora, lírica y pausada (el único acelerón es el de la letra de pescadores en Terranova escrita por el bertsolari Jon Maia).

Los textos, también recogidos, se refieren al amor (‘Isil isilik’), al inexorable devenir, al paisaje (‘Bizipen margotuak’) y al río (‘Nahiago Nuke’, ‘Ibertzean’), y se incluyen varias reflexiones o cuentos morales: ‘Ospakizun gauean’, ‘Munduakez du bakerik’, ‘Belar nerabean’, ‘Lehen hazia’, ‘Otzandu herrian’, todas éstas con letra y música de puño y letra del Bardo de Orio.

Ante la salida del álbum, el viernes 4 de octubre de 2018, mantuvimos con el artista esta entrevista por e-mail que respondía abstraído e incidiendo en lo que más le apetecía explicar.

Ha sido una sorpresa que lance un disco nuevo en su propio sello, Kantaita Enea. ¿Cómo se ha animado, atrevido a meterse en una empresa así?

En nuestra profesión también se tiene un lado que desconocemos: el de la industria. Hasta ahora nos habíamos dedicado sólo a la parte creativa y veíamos necesario conocer el otro lado y ser dueños del trabajo de un modo íntegro.

Con su sello anterior, Elkar, el buque insignia de la producción de libros y CDs en euskera, ha editado desde el disco ‘Altabizkar ta itzaltzuko bardoari’ (1981) hasta el anterior, ‘Oroimenaren oraina’ (2012). Además, Elkar compró los derechos de toda su discografía previa, la de los años 70. ¿Cómo reaccionaron al conocer su intención de apostar por la autoedición?

La idea de la autoproducción la he tenido en mente a lo largo de un tiempo. Una vez programado lo de publicar el nuevo disco, mantuvimos nuestras conversaciones con Elkar y la decisión final ha sido esta, la de la autoedición.

¿Tan mal está la industria musical, incluso para un artista de su calado y trayectoria, que se lanza a la autoedición?

Tenía un disco entre manos y hemos querido publicarlo de esta manera, no hay más.

¿Qué tipo de artistas va a editar en el sello? ¿Hay algún otro lanzamiento en ciernes?

La idea inicial era autoproducir este disco y a día de hoy eso es lo que hay. En el futuro puede ser Olatz quien publique su próximo disco, ya se verá…

Ha grabado este ‘Ospakizun gauean’ en abril y mayo en los estudios de Elkar, paradójicamente. Lo ha hecho con sus músicos habituales, figuras de la talla de Pello Ramírez (cello y acordeón), el ex Oskorri Xabier Zeberio (violín y nyckelharpa), Ángel Unzu (guitarra acústica, bouzuki, percusión), Olatz Zugasti (coros, arpa, programación)… ¿Cómo conjunta a nueve profesionales de tal altura?

Tengo por costumbre llevar las canciones al directo antes de grabarlas. A medida que van tomando su forma, su cuerpo, el siguiente paso lo damos en el estudio, trabajándolas más al detalle.

Aun así, parece extraño que esté dando tantos conciertos cuando el disco aún no se ha editado. De hecho, el sábado pasado (29 de septiembre) actuó en Santurtzi. ¿Ha sufrido algún retraso el lanzamiento o es una forma natural de funcionamiento?

Yo tengo un ritmo natural de conciertos y no hay ningún retraso en la publicación del disco. Nunca he planificado un parón de mi actividad en directo, aunque a veces puede haber un ritmo irregular.

El bardo de Orio escrutando el Arriaga y más allá (foto: Mr. Duck).

¿Cuánto manda en la banda Olatz Zugasti, que además de coproductora del disco, socia del sello, arreglista de las canciones y componente de la banda es su esposa?

Olatz manda lo que le corresponde según el trabajo que hace.

¿Puede ofrecer a los lectores una visión general de ‘Ospakizun gauean’, de su música, su tempo y sus textos?

Yo no puedo desnudar mi trabajo, ya que perdería el misterio. Es el público al que corresponde descubrirlo.

¿Por qué el título, ‘Ospakizun gauean / Celebración nocturna’?

En primer lugar es el título de una de las canciones en él incluidas. Expresa que es necesario desprenderse de culturas que generan conflictos. Culturas  que en su conjunto son como códigos, ritos o liturgias que conllevan un guion basado en algunos valores establecidos, y que le arrastran a uno a cierta alienación y a la pérdida de su capacidad de visión y de comprensión naturales.

Su forma de cantar cursa a ritmo pausado, a veces casi recitado. ¿Benito Lertxundi se siente cansado?

En mi caso, el proceso de elaboración de una canción comienza por el texto. La naturaleza del texto me da las pautas imaginarias de cómo debe ser el camino a seguir en el campo musical, tanto el registro, el tono y el ropaje sonoro. Hay textos que deben ser trasmitidos de manera nítida, y elegir adecuadamente el registro siempre es importante para mí.

Algunos textos son ajenos a su pluma. ¿Cómo sabe que un texto, o un poema, le puede servir para una canción?

Es algo intuitivo.

¿Escribe poesía o solo persigue canciones? Como se le conoce como El Bardo de Orio…

Yo escribo canciones y no poesía, aunque hay muchas canciones que tienen mayor calado poético que muchos poemas.

El 1 y el 2 de diciembre presentará ‘Ospakizun gauean’ en San Sebastián (Kursaal) y Bilbao (Arriaga). ¿Cómo se toma los conciertos? ¿Se pone nervioso antes?

Los conciertos son muy serios para mí. Siempre lo han sido. Los tomo con responsabilidad y siempre generan una pequeña inquietud.

¿El ambiente country-folk que se impone en su repertorio actual se puede comparar con el de los kantaldi de los años 70-80?

Creo que sin proponérmelo he ido cambiando. Sigo el impulso de la vida y del trabajo, pero no es algo que me preocupe. Soy el resultado de cada momento.

ÓSCAR CUBILLO

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