Ruper Ordorika: Flotando durante la grabación

El quinteto que grabó el disco, el tercer directo de la carrera de Ruper, que nos decía antes de la cita: «Con mi banda, sí: Arkaitz Miner, Lutxo Neira y Hasier Oleaga. Llevamos ya doce años juntos y era el momento. Nos acompañará también el fenomenal David Soler a la pedal steel y otras guitarras».
Y añadió sobre el repertorio: «Hemos cuidado mucho el sonido y la selección de canciones, aunque ésta no deja de ser arbitraria. Podría haber sido un disco bastante diferente».
(foto: Mr. Duck),

CAL: **

Domingo 16 de diciembre de 2018, Bilbao, Kafe Antzokia, 19 h, 12 €

 

Menos nervioso y con mejor sonido que el sábado, el cantautor rock oñatiarra ofreció el domingo la segunda sesión de su próximo disco grabado en directo. Fue una velada mágica y relajada en quinteto a tres guitarras y muy ‘americana’

 

Dos días, el sábado con las entradas agotadas a las 10 de la noche y el domingo rozando el lleno a las 7 de la tarde, ha estado en el Kafe Antzokia el gran songwriter euskaldun Ruper Ordorika (Oñate, 1956) grabando su próximo disco en directo, el tercero de su prolongada y fructífera carrera, haciéndolo coincidir con los 25 años de actividad del Antzoki. Por cierto, los tres directos se han grabado en el Kafe Antzokia, y los dos anteriores han sido ‘Gaur’ (Esan Ozenki, 2000) y ‘Hamar t’erdietan’ (Elka, 2008). Nosotros pudimos acudir el domingo, donde hubo menos apreturas, el volumen sonó más alto, Ruper estuvo menos nervioso y el resultado general resultó mejor (nos lo confirman Fermín, Ibon y Ekaitz).

Ruper lo registró con su banda habitual desde hace doce años (Arkaitz Miner, guitarras, violín, mandolina; Lutxo Neira, bajo; y el jazzman Hasier Oleaga, batería, un bilbaíno afincado en San Sebastián que fue el más ovacionado en las presentaciones, alucinen -«ni Ruper ha llegado ahí», calibraron unos charlatanes que tenía a mi espalda-), una banda reforzada para la ocasión por el catalán David Soler (pedal steel y otras guitarras; ha trabajado con M-Clan, Quique González…). El sonido emitido se vinculó al country alternativo contemporáneo, tanto que parecía facturado en el Medio Oeste estadounidense. Un ‘alt co’ tan actual y brillante como el telón de fondo plateado colgado en el Antzoki. Para frotarse los ojos y los oídos, oigan.

El domingo los cinco interpretaron 24 canciones en dos horas y doce minutos, casi siempre a tres guitarras (Ruper alternó eléctrica y acústica). El público estaba atento y predispuesto, aunque muy parlanchín, comentando la jugada cada dos por tres. Algunos se pusieron muy pesados. Grrrrr… Pero las sensaciones devinieron mágicas, flotantes y serenas, o sea sin prisas. Un poco atenazado y tragando salida, al bueno de Ruper no le quedó más remedio que desembarazarse de los nervios y obró con la seriedad y formalidad que le caracteriza, aunque colándose en una ocasión, cuando entró a cantar antes de tiempo. Si no se llega estar grabando el concierto, no le habría sucedido, seguro.

El respetable aulló, silbó, ovacionó y aplaudió desde el arranque. ‘Martin Larralde’ con la pedal steel y el soul lloviendo plateado remitió a Lambchop, ‘Hemen nago’ evocó al soulman Ted Hawkins en el éter astral en vez de sobre la arena de Venice Beach, en ‘Ezan gabeko arrazoia’ se percibió que estábamos ante una bandaza engrasada («¡qué tremendo y qué temazo», les oí a los parlanchines de atrás), en ‘Zerutik dertu ez da ondo egoten’ Ruper superó al dream pop de Luna y asociados, los móviles se encendieron para capturar el vals ‘Harginenean’, el country crepuscular y mágico de Calexico emergió en ‘Belauniko’ (en la que se equivocó al entrar a cantar) y una de las cimas, aulladas al ser reconocida en sus primeros acordes, fue ‘Ene begiak’, un power pop a lo Paul Collins con Ruper ya a la guitarra acústica.

A menudo sonaron tres guitarras, desde pedal steel a la acústica de Ruper (foto: Mr. Duck).

Todo estaba equilibrado y centrado. Todos flotábamos mientras Ruper entonaba mascando las palabras, estirándolas de modo contenido. El público cantó ‘Ahots urrunak’ como en la película ‘Ha nacido una estrella’ (la última), el violín de Miner resonó a los Waterboys en ‘Beltzarana’, y de nuevo a la eléctrica el líder («aúpa Ruper» le gritaron varios entonces) cruzó el aire vocal de Gari (a Pato el ambiente general le recordó al de Gari, que nació en Legazpi, cerca de Oñate) con las guitarras roll de Chris Isaak (‘Argia’), dedicó al fotógrafo Pablo Cabeza, presente en la sala, a los pies del artista, la canción alegre y con coritos pop ‘Nirekin geratu’ y al propio Kafe Antzokia la copla  ‘Zazpi nobio’ (que grabó con Hiru Truku), y, cuando una dama le gritó «eskerrik asko», se despidió con ‘Zaindu maite duzun hori’.

Pero quedaban dos bises. En el primero destacó el viajero ‘Hiriak’ con sus coros robados a Ted Hawkins por encima del coral y transicional ‘Ez da posible’ y del country cósmico ‘Egia da’. Y en el segundo bis volaron muy alto un remozado ‘Fas fatum’ a lo Kelly Joe Phelps y la muy Lou Reed ‘Berandu dabiltza’ (recordemos que Ruper vivió tiempo en Nueva York y cada día veía las Torres Gemelas) antes del cierre definitivo con el folk ‘Redemption song’, premiado todo con una larga ovación que el tímido Ruper aguantó en escena un minuto o menos (si fuese el extrovertido Orozco, aún estaríamos aplaudiendo en el Antzoki y él sin hacer mutis, sosteniéndonos la mirada a los espectadores, je, je…).

ÓSCAR CUBILLO

Pero todo voló más alto cuando Ruper se colgó la eléctrica (foto: Mr. Duck).

 

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