Santiago Delgado y Los Runaway Lovers: Solo por amor al rock and roll

Pose cool de Santiago Delgado ante el logotipo grupal (foto: Ander Martín).

 

CAL: ***

Domingo 30 de diciembre de 2018, Bilbao, Auditorio del Museo Marítimo, 13 h, 13-17 €.

 

El combo bilbaíno de duduá amplificó su repertorio en el último ‘Rabba Rabba Hey!’ del año 2018 y logró que los parroquianos, unos 150, corearan onomatopéyicos y hasta se retaran bailando el twist.

¡Un bolo de lo mejor del año!

 

 

El sábado a la 1.30 de la noche, después del 6º Mockers Day en la sala Fever (ya saben, donde oficiaron Las Munjitas del Fuzz, como contamos en el post previo), en el metro nos despedimos de Santiago Delgado, el Jonathan Richman bilbaíno, diciéndole: «Hasta dentro de doce horas, si Dios quiere». Y es que a la 1 del mediodía del domingo debía abrir al frente de sus Runaway Lovers el último Rabba Rabba Hey! del año, una matinal tan ambiciosa que programó a cuatro grupos y que se prolongaría hasta la merienda. Por cierto, citemos a los otros tres combos: brutales The Sick Boys (CAL: **) catalanes con su neoswing a lo Big Bad Voodoo Daddy en castellano (al final colaboró con ellos su padrino Dani Nel.lo, de Los Mambo Jambo), rock-a-rollers a piñón tipo The Paladins los vizcaínos The Reverendos CAL: *), y por las demoras no pude ver nada de los últimos, lo bilboberlineses Speed On Rockin’ Trio

No pensaba escribir nada, sólo iba a disfrutar relajadamente dando por supuesto que habría empezado el bolo cuando llegué. Pero los retrasos malditos e insoslayables provocaron que pudiera catar por entero a Santiago Delgado y Los Runaway Lovers y, a la segunda de las 16 canciones que interpretaron en 47 minutos compactados, empecé a tomar notas porque eso pintaba muy guapo y merecía el esfuerzo contarlo.

En sexteto coral, los Runway Lovers llenaron todo el tablado (foto: Ander Martín).

Santiago Delgado y Los Runaway Lovers (este es su completo Bandcamp), en formato eléctrico, muy rodados en el cuarto concierto que habían dado en nueve días (Pamplona-Residence-Laredo-Museo Marítimo), estuvieron sembrados, inspiradísimos, en estado de gracia. Ante muchos aficionados que habían fichado también a la noche en el Mockers Day (Toni Metralla, Javi Dinamita, Eva y mucha más gente que ni recuerdo), los bilbaínos en sexteto llenaron todo el escenario y, uniformados con sus camisetas rojas oficiales, dejaron que brotaran, emergieran y surgieran sus voces duduá perfectamente organizadas: soltaba un verso Santi y sus subalternos del rock and roll le replicaban. Tamaña profusión vocal efervescente hasta la euforia llegaba a ser delirante hasta lo hilarante en los números rápidos (‘Flequillón’, ‘Tabardillo Twist’…) y, en los más lentos, se convertía en sencillamente emocionante (‘Un triste rock and roll’ con su aire de rendido protosoul, o la última, ‘Runaway Lover’, con toda la parroquia cantando los trabalenguas duduá hasta llegar al clímax: «¿Por qué lloras, Runaway Lover?», «Solo por amor…», «¿Por qué lloras, Runaway Lover?» «Solo por amor, al rock and roll. ¡Sólo por amor, al rock and roll!».

Bendito retraso (ejem), el que me permitió gozar de uno de los mejores conciertos del año un día antes de que éste acabara. El arranque fue solvente, cuasi presuntuoso, pero conociendo a Santi sabemos todos que no fue así: ‘Mike Love Stomp’ sonó a rock and roll muy cool, ‘Déjame cantar’ a rockabilly chispeante y euforizante con lucido punteo de Carlos Beltrán (el único de los Lovers que no respondía con los coros a Santiago Delgado, pues operó concentrado en su Gretsch), y ‘Nick Curran’, un rock and roll explosivo con esquirlas de Elvis, Little Richard y la Jim Jones Revue.

«Miro a la derecha / veo solo a Juanjo», cantan en ‘Tabardillo Twist’ (foto: Ander Martín).

Los Lovers siguieron tanteando, y entre guiños a los Cramps y referencias explícitas al locutor Juan de Pablos aunque hubo desenfreno en ‘Gabba Gabba Twist’ (con dos expertos bailarines, Carlos Martín y Little Elvis, retándose en los pasos enfrente del escenario), el pop grande a lo Phil Spector de ‘Es por ti’ o en la alegría contagiosa y ambiciosa de ‘Pop Star’, antes de que entráramos en otro tramo colosal, inconmensurable, infeccioso, arrasador, desde la novena canción hasta la última, sí: ‘Rajatabla’ fue un tsunami de surf tipo The Trashmen al que le contrastó la balada ‘Un triste rock and roll’, ‘Boogaloo’ llegó bailongo y lo podría cantar Barrence Whitfield, ‘No me pises los boogies’ (una adaptación de los Boogie Punkers de Beltrán) resonó a rockabilly a lo General Lee, ‘Flequillón’ haría reír al más espectador serio (es la de la letra de quien confiesa «mi vida cambió cuando me alisé el tupé», esa de «El flequillo me llega hasta el mentón / Ya he dejado de ser un chico del montón / Todo gracias a mi grandísimo mechón»), ‘Tabardillo Twist’ nos ametralló, la nostalgia ramoniana de su viejo grupo ‘Seis Jerseys’ medró en eléctrico, y el cierre romántico con el ‘Runaway Lover’ nos hizo levitar mediante los coros de la concurrencia, identificada con el mensaje.

ÓSCAR CUBILLO

 

Videoclip de ‘Mike Love Stomp’, rodado en el propio Museo Marítimo:

 

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