Sidecars: Entre la comunión y la combustión (+ entrevista)

Juancho en el patio de butacas tocando ‘Contra las cuerdas’ (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

CAL: **

Domingo 20 de enero de 2019, Bilbao, Teatro Arriaga, 19 h, entradas de a 15 a 25 €.

 

 

En un Arriaga lleno, entregado, transversal y cantarín, el lesionado hermano de Leiva dio uno de los mejores tres conciertos de su vida, según afirmó al final, seguramente exagerando

Era la quinta vez que les veíamos

 

Aunque el repertorio sonó muy similar durante las más de dos horas de actuación, al principio con el grupo atado a tres taburetes debido a una lesión en la pierna izquierda de su líder y durante el largo epílogo por fin en pie con el jefe Juancho protegiendo su extremidad mediante una férula, indudablemente Sidecars (Madrid, 2006) triunfaron el domingo en el Arriaga, teatro que llenaron (se quedaron en la taquilla solo una cuarentena de tiques de asientos de mala visibilidad) de un público asaz transversal y en el que destacaron las muchas muchachas y los no pocos niños.

El sexteto oficiante en la segunda parte, en pie (foto: Carlos García Azpiazu).

En la gira teatral de su disco ‘Cuestión de gravedad’, durante 20 canciones y 128 minutos (más de dos de ovación y saludos postreros) Juancho en sexteto abundó en una fórmula a menudo muy similar a la de su famoso hermano Leiva, ex Pereza: sentimentalismo más sincero que almibarado, el cortejo eterno a las chicas, referencias a Madrid (al menos tres en las letras de sus canciones: ‘La tormenta’, ‘Dinamita’ y ‘Contra las cuerdas’), ese expresarse en segunda persona de manera tan vocativa, el estilo deudor del rock americano (abarcando desde el soul hasta el country en esta tercera fecha de su ‘Teatro Tour’, que el viernes recaló en Irún y el sábado en Huesca), la entonación aguda y a veces cuasi nasal, el relajo flotante entre emocional y espiritual, el colegueo con el público (desde las palabras malsonantes hasta el restarse condición de estrellas del rock y el subrayar la idea de que se lo han currado y que les ha costado abrirse hueco en Bilbao; «así lo valoras más», concluyó el líder), la cancha a sus escuderos y técnicos (cuando salió Manolo, quien les acompaña desde el principio, que les afina las guitarras, cobraba los bolos, conducía la furgoneta…; «fue técnico de Boikot durante muchos años», comentó el fotógrafo Azpiazu, que conoce a gente hasta en el infierno), las largas presentaciones de sus músicos, el deseo de disfrutar del momento y, además del halago, el agradecimiento sincero al respetable que está enfrente y paga su entrada (también a los padres que llevaron a los numerosos niños).

Juancho feliz de la vida en la primera parte, sentado en el taburete (foto: Carlos García Azpiazu).

El concierto tuvo dos partes: la primera con los músicos sentados en taburetes (14 temas en hora y cuarto) y la segunda en pie (el epílogo de 6 temas en 50 y poco minutos). En la primera, más serena, el público entregado elevó numerosos coros voluntarios y dio palmas de modo espontáneo, sin que se lo solicitaran. En ella Sidecars navegaron arbitrando country alternativo con pedal steel guitar (‘Cuando caigas en shock’; acabó y saludó Juancho: «gabon, Bilbo»), pop modulado a lo Leiva (‘La tormenta’, la que reza: «quédate en Madrid conmigo», aunque Juancho la interrumpió y «con todo el respeto y el cariño, esta noche le pueden dar por culo a Madrid, nos quedaríamos a vivir en este teatro»), folk con mandolina (‘Fuego cruzado’, antes del cual avisó Juancho: «no va a ser fácil contener la emoción, voy a cantar mucho y hablar poco porque si no igual la cago»), y otras buenas concomitancias con su hermano Leiva en forma de country soul descarnado (‘Costa da morte’, donde se dice eso de ‘Cuestión de gravedad’) o de aire comercial (‘El camino fácil’).

La parroquia había entrado en comunión, aportaba sus voces casi en cada canción, y en la fila 14 se produjo una petición de mano resuelta con abrazos en pie y gritos de vivan los novios. El repertorio continuaba similar, muy homogéneo, abundando en el sentimentalismo, con jazz sugerido (‘Mundo frágil’), concomitancias con Quique González (‘Canciones prohibidas’) y con Dr. John (‘Todos mis males’), rocanrolando en plan Los Rodríguez faltos de pegada (‘Chavales de instituto’; «¡bravo, cojones!», jaleó un espectador al acabarse esta) pero asimilando muy bien la marea de Nueva Orleans (‘Ya no tengo problemas’, entre Santana y los Neville Brothers, cuando Juancho se puso en pie por primera vez) y pareciéndose de nuevo a Leiva (‘Olvídame’, ovacionada con pasión, griterío y algarabía, y ‘Los amantes’ con su vibración de pop grande).

Juancho feliz de la vida en la primera parte, sentado en el taburete (foto: Carlos García Azpiazu).

Si hasta entonces se había aspirado la comunión entre el cancionero y el respetable, durante el luengo epílogo, en el último tercio del show, se alcanzó la combustión: la gente cantaba más alto y se llegó a levantar de sus butacas. Con los oficiantes por fin en pie, con el líder arrastrando la férula y con las palmas brotando como antes espontáneamente, se alcanzaron ambientes de indie comunitario en ‘Locos de atar’, el percusionista siempre sonriente Rams por fin se colocó delante aportando la tercera guitarra en la muy Tom Petty ‘Contra las cuerdas’ (la tercera referencia a la capital vía el Café Madrid y con Juancho bajando a tocar por el pasillo del Arriaga, que es cuando nos dimos cuenta de los numerosos niños presentes), la gente en pie evitó que se oyera bien en ‘Tu mejor pesadilla’, y muy por las alturas estuvieron las dos últimas, ‘Fan de ti’ y ‘Amasijo de huesos’, ambas con combustión coral del público milenario y la segunda con las presentaciones de los músicos y algún técnico y la osada sentencia de Juancho: «uno de las tres mejores conciertos que hemos tenido y tendremos en nuestras vidas». Se dejaría llevar por la emoción, porque estuvo muy bien, pero fue demasiado profesional, relajado y homogéneo.

ÓSCAR CUBILLO

Dr. Gerbass (bajo), Juancho (guitarra y voz) y Ruly (batería), el trío oficial, el de las fotos promocionales;
en las presentaciones calificó al pianista como su mano derecha, se supone que al componer (foto: Carlos García Azpiazu).

 

+++ ENTREVISTA +++

 

«En un teatro hay menos fuegos artificiales y un poco más de verdad»

 

Sidecars Alameda de Osuna, Madrid, 2006), el grupo liderado por Juancho (guitarra y voz; es el hermano de Leiva y también guitarrista de su banda) y completado oficialmente y en las fotos de promoción por Dr. Gerbass (bajo) y Ruly (batería) aunque en vivo la alineación pueda aumentar incluso cuando ofrecen conciertos acústicos, regresó a Bizkaia con su quinto y último álbum, ‘Cuestión de gravedad’ (2018), con el que ya había agotado el aforo del Kafe Antzokia y visitado hasta Astrabudua (les vimos en la Sonora y así lo contamos).

Con el mismo álbum regresaron a Bizkaia, al Teatro Arriaga, dentro de su denominado ‘Teatro Tour’. Era la tercera fecha: viernes en Irún, sábado en Huesca y domingo en Bilbao. Aprovechando la ocasión minientrevistamos al líder Juancho, que es siete años menor que su hermano Leiva y que está en su casa de Alameda de Osuna.

¿Los grupos de rock no deberían actuar más en teatros? ¿Por qué no es tan habitual como en el Reino Unido, por ejemplo?

Bueno, no sé lo que deberían hacer los demás. Pero a nosotros nos gusta mucho tocar en teatros. Cada dos giras intentamos hacer al menos varios shows en teatro. El público se halla más predispuesto a escuchar, hay más silencio y todo está mucho más a pelo. Hay menos fuegos artificiales y un poco más de verdad.

Ya tocaste con Leiva en el Arriaga. En febrero de 2013, buf (así lo contamos).

Tengo un recuerdo bonito de aquel día. Es sin duda uno de los teatros más espectaculares que he pisado en mi vida.

¿Seguirás en la banda de tu hermano en esta próxima gira que ha anunciado?

Seguiré tocando con Leiva siempre que sea compatible con el calendario de Sidecars. Disfruto mucho siendo guitarrista y aprendo mucho con ellos. Pero sobre todo me lo paso de puta madre.

Kinks, Oasis, Dire Straits, Black Crowes… Son bandas con hermanos que se llevan fatal. ¿Por qué vosotros no?

Nos pillan muy lejos todos esos. Nosotros nos llevamos bien. De hecho vivimos juntos, que es bastante ‘peterpanesco’ si me permites que me invente esta palabra. En cualquier caso, si tuviéramos  algún problema nunca lo hablaríamos en una entrevista. O sea que, si fuéramos como ellos, no lo sabríais.

El risueño percusionista Rams aportó una tercera guitarra en ‘Contra las cuerdas’ (foto: Carlos García Azpiazu).

Ja, ja… ¿Y cómo será el show de Sidecars en el Arriaga?

Quiero pensar que va a ser una noche mágica. Hemos armado un show muy especial. Le hemos dado una vuelta a las canciones de ‘Cuestión de gravedad’, hemos incluido algunas que nunca habíamos tocado… Después de tantos años yendo a Bilbao y habiendo pasado por todos los garitos, para nosotros va a ser muy emocionante y estoy seguro de que eso se va a notar y a contagiar.

¿Cómo será el próximo disco de Sidecars y cuándo saldrá?

Será redondo y con un agujerito, supongo. Pero a la velocidad que cambia todo, no apostaría por esto. Y espero que sea el mejor disco que hemos hecho. El cuándo aún es un misterio.

ÓSCAR CUBILLO

Los seis músicos saludando al final, al principio de los más de dos minutos de aplausos (foto: Carlos García Azpiazu).

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