Sarah McKenzie: Sutilidad austral

Nació en Melbourne hace 32 años y ahora vive en París (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

CAL: **

Viernes 25 de enero de 2019, Bilbao, Sala BBK, 20 h, 25 €.

 

La pianista australiana inauguró el ciclo ‘EmakumeOK’ en una Sala BBK atenta a su jazz clásico, que creció en directo y se arrimó a Brasil

 

Mucho mejor de lo esperado por la mayoría de los espectadores estuvo el concierto de la pianista australiana Sarah McKenzie el viernes en la Sala BBK, que fue el primero de los cinco del nuevo ciclo femenino bautizado ‘EmakumeOK’ (también conocido como ‘Ellas crean’, aunque se pretende que este nombre se difumine a tenor de la evolución de su promoción en redes), ciclo feminista que pretende «fomentar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres» y que completarán la cantante folk de Pentangle Jacquie McShee (8 de febrero), Rosana (22 de febrero), Luz Casal (15 de marzo) y la jazzwoman Lizz Wright (23 de marzo).

Nacida en Melbourne hace 32 años, ahora vecina París (tras una temporada en Londres) y licenciada en el Berklee College of Music de Boston, Sarah McKenzie, alta, espigada, rubia, atractiva y delicada como su paisana la actriz Nicole Kidman (el parangón se le ocurrió a Pato), pilotó un concierto ascendente aunque le sobró el moroso solo de batería postrero. En una Sala BBK con dos tercios de entrada atenta y ceremonial que aplaudió con rigor, la pianista dio un show creciente de 13 piezas en 105 minutos, en hora y tres cuartos sin bis. Canónica a machamartillo, al principio un tanto fría a la manera de cualquier anónimo pianista de restaurante elegante (me trasladó al ferry Pride Of Bilbao en ruta a Portsmouth), Sarah McKenzie medró según calentó la voz y desveló numerosas virtudes: domina la técnica del jazz (esos solos suyos magníficos), tiene el blues, se contonea por Brasil, al cantar sabe frasear con la claridad acompasada de Sinatra y suele componer como si estuviera dibujando un cuadro. Nos agradó a casi todos, aunque Silvia La Sumiller, música también, la tildó de previsible, de falta de imaginación… Es lo que tiene acudir a un concierto con las expectativas por los suelos, como, ejem, era mi caso.

Mucho mejor que en disco y liderando un cuarteto, ubicada en el lateral izquierdo de la escena y escoltada por sus tres escuderos con pinta de encontrarse siempre en la esquina del bar (el guitarrista Jo Caleb desparramaba punteos gozosos a lo Barney Kessell, el baterista Sebastiaan de Krom le daba suavito pero cuando veía hueco golpeaba fugazmente con fuerza, y el contrabajista Pierre Boussaguet protagonizó un par de solos, el segundo con el ‘Smoke Get In Your Eyes’ de los Patters), embutida en un vestido corto y blanquecino, Sarah abrió con una terna sinatriana: comenzó pausada con el estándar swing ‘Day In Day Out’, siguió con un The Way You Look Tonight’ en el cual se puso a esparcir sus trucos de magia, desde las escalas a lo Nina Simone hasta el aire cocktail blues vía Charles Brown (fue premiada con una ovación intensa) y la finiquitó con la balada exangüe soñadora, casi pop y algo fuera de onda ‘You Only Live Twice’, de Nancy Sinatra en la película de James Bond, en la que Sarah susurrante emuló a las divas clásicas.

Sarah Mckenzie (piano), Jo Caleb (guitarra), Pierre Boussaguet (contrabajo) y Sebastiaan de Krom (batería)
(foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Entonces Sarah se dirigió a nosotros diciendo en castellano «hola, ¿qué tal?» y aseguró en inglés: «tenemos por delante una maravillosa velada de música». A partir de la cuarta pieza empezamos a disfrutar sin ataduras: ‘Fell In Love With You’ fue swing a lo China Moses (la hija de Dee Dee Bridgewater) y contuvo piano chispeante entre Nina Simone y Oscar Peterson; el título de su cuarto y último disco, ‘Paris In The Rain’ (Impulse!, 17), abrazó el espíritu de Broadway en plan Stacie Kent («es súper sutil», manifestó un enmudecido Pato); en ‘The Secrets Of My Heart’ fue femenina y dramática como las hermanas Brontë y de seguido masculina a lo Tony Bennett en la muy blusera ‘One Jealous Moon’ (otra muestra de que en vivo la McKenzie gana mucho); a solas y con languidez elaboró el standard ‘You Must Believe In Spring’ del francés Michel Legrand (que falleció esa misma noche de viernes en París a los 86 años); y se lució con dos temas brasileños consecutivos, sendas bossas: la versión de Jobim ‘Triste’, con scat vocal sobre el punteo de la guitarra de Jo Caleb y epílogo a lo Santana, más el original ‘De nada’, con un solo de piano magnífico y en cuya presentación informó la australiana que se trata de un tributo a Jobim y a sus músicos, con varios de los cuales ha logrado tocar.

La delicada Sarah se licenció en el Berklee College of Music de Boston (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Y tras un popurrí instrumental variopinto y desordenado dedicado a Gershwin (con trazas del ‘Summertime’, del ‘I Got Rhythm’, de clásica, más el mentado, dilatado y sobrante solo de batería), Sarah Mckenzie se despidió cuasi bruscamente con su original ‘The Lovers’ Tune’, a lo Diana Krall más ligerita (la de la Krall es una comparación recurrente con la austral), y donde hasta pidió palmas populistas al público. Al terminarlo los cuatro oficiantes saludaron posando abrazados y la gente pidió bis, pero se encendieron las luces y nos dejaron con ganas de más.

ÓSCAR CUBILLO

 

Vídeo de tema su original ‘Paris In The Rain’:

 

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