Joaquín Achúcarro: La lección de los 20 años del Euskalduna

La cola de entrada; a 2 euritos se agotaron las 2.200 butacas (foto: Enrique Moreno Esquibel / Palacio Euskalduna).

CAL: **

Sábado 26 de enero de 2019, Bilbao, Palacio Euskalduna, 18 h, 2 € (entradas agotadas).

 

Para celebrar los 20 años del Palacio Euskalduna, el maestro pianista bilbaíno, una luminaria mundial, impartió una cercana lección magistral espigando entre autores de los últimos tres siglos con una treintena de niños sentados sobre el escenario

 

Tarde-noche de sábado con contrastes en sendos conciertos llenos de público entregado a su manera a la música. Usando la terminología del maestro Achúcarro («El rock está ligado a explosiones; la música clásica, a emociones»), pasamos de la emoción de la clásica en el Euskalduna a la explosión del punk en la Santana 27. Ambos encuentros se celebraron ante un respetable bastante joven: en las butacas del Euskalduna, agotado por unas 2.200 personas, Pato calculó que habría un adulto por cada cuatro niños, y en la discoteca de Bolueta, los veinteañeros, muchos con el torso desnudo, eran mayoría entre las 900 personas que se concentraron excitadas para el show de Flogging Molly (lo contaremos en el próximo post).

El recital del astral Achúcarro lo grabó la televisión autonómica (EiTB) y era el acto principal de los de celebración de los 20 años del Palacio de Congresos Euskalduna. Se llamó ‘Expedición Planeta Achúcarro’ ligándolo a un asteroide descubierto en 1960 y bautizado como el maestro en 2012 por la Unión Astronómica Internacional. El sábado se trataba de acercar la clásica a los niños y las entradas costaban 2 euros y se agotaron en la anticipada. Y como era un encuentro con pretensiones didácticas y cercanas, el maestro vistió de casual.

El maestro durante alguna sentida, sencilla y docta explicación (foto: Enrique Moreno Esquibel / Palacio Euskalduna).

El maestro durante alguna sentida, sencilla y docta explicación (foto: Enrique Moreno Esquibel / Palacio Euskalduna).Pues pasadas las 6 de la tarde Joaquín Achúcarro Arisqueta (Bilbao, 1 de noviembre de 1932), entre una gira por Japón y el regreso a su cátedra universitaria en Dallas, Texas, con calidez, cercanía y hasta humor sorpresivo (nos hizo reír con el himno del Athletic y con su recomendación de que hay que hacer un poco deporte, que aunque sea mal hecho beneficia: no hay más que verle estupendo a los 86 años) protagonizó un recital de 11 piezas en 75 minutos con él compartiendo escena con una treintena de niños de la Coral de Bilbao que no hicieron preguntas al maestro, como se había anunciado. El encuentro, que según Achúcarro no era ni una master class ni un concierto, estuvo más guionizado de lo esperado, porque la pantalla gigante del fondo que retrasmitía, amplificaba el evento y lo hacía visible a las localidades más altas y alejadas marcaba los títulos y los autores de cada pieza.

El maestro interpretando sin necesidad de ninguna partitura (foto: Enrique Moreno Esquibel / Palacio Euskalduna).

Volvamos a destacar que Achúcarro no usó partituras, que lleva toda esa música metida dentro de su cabeza. Y dijo el pianista en su primera intervención: «Esto es un anzuelo para quienes creen que la música clásica es tan esotérica que no se puede entender o que es tan aburrida que no se puede aguantar». Y espigó a una serie de autores de los tres últimos siglos. Los cuatro primeros los reprodujo en interpretaciones solemnes hasta la tristura: Bach y su fe religiosa en ‘Jesús, alegría de los hombres’, Rachmaninov con dramatismo propio del cine mudo, Gershwin alumbrando el blues o lo mejor de esa primera parte, Enrique Granados con ‘La maja y el ruiseñor’, romántico y con pizzicatos pajareros.

El astral Achúcarro ampliado en la pantalla gigante mediante una camarita lateral (foto: Mr. Duck).

Tras este introito donde, como explicó Achúcarro «la nota dominante sentía la necesidad de acercarse a la tónica», entramos en partituras más modernas y menos enclaustradas: dos piezas de Debussy (la caricatura del payaso Lavine, los logrados fuegos artificiales de la fiesta nacional francesa), una de Falla dedicada a éste y en la que una habanera, «se supone que una danza sensual, la convertía en una marcha fúnebre en homenaje a la tumba de Debussy», el dramático ‘Oñazez’ del Padre Donostia, la obra más ovacionada hasta entonces que fue ‘La danza ritual del fuego’ de Falla en el ‘El amor brujo’, un técnico y magnífico ‘Nocturno para mano izquierda’ de Scriabin con Achúcarro pleno de facultades (antes del cual el maestro calificó al piano de ‘animal sagrado’ que tiene 12.000 piezas, que aguanta una presión de 20 toneladas y que su alma son los pedales), y la despedida con la ‘Polonesa heroica’ de Chopin, dinámica y premiada con la ovación final, rota y silbada, la más larga e intensa, recogida por el maestro en pie y agasajado con un ramo de flores.

Joaquín Achúcarro recibiendo la larga ovación con el ramo en la mano (foto: Mr. Duck).

Como advirtió Titi, el maestro tiene la agenda completa durante los próximos cinco años y no hay fechas previstas en Bilbao. Habrá que verle otra vez en la ETB, que grabó el docto y culto recital, ya se ha dicho. Hum, recuerdo que en la Semana Santa de 2018 Achúcarro actuó en La Valeta, Malta, pero yo debía abandonar la isla pocas horas antes. La primera vez que le vi fue en el Teatro Arriaga en enero de 2016 y lo elegimos entre lo mejor del año (así lo contamos).

ÓSCAR CUBILLO

El ramo en el asiento, el maestro en pie, y Pato y Oscar en el primer (foto: Enrique Moreno Esquibel / Palacio Euskalduna).

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