Micah P. Hinson: El provocador impostado (+ entrevista)

«Cuando me subo a un escenario voy en busca de La Nada, un lugar donde no siento nada, un espacio vacío en el que puedo permanecer quedo y solo, a pesar de que varios pares de ojos están fijos en mí», confesaba en la entrevista de abajo, en 2012
(foto: Mr. Duck).

CAL: *

Miércoles 30 de enero de 2019, Bilbao, Kafe Antzokia, 20.30 h, 15-18 €.

 

Cantautor country de lírica retorcida y creencia en el más allá y en el pecado, el texano amplió el aforo de su recital en el Kafe Antzokia, donde abdujo a la parroquia gracias a su repertorio de solemnidad atribulada

 

Debido a la alta afluencia de público, a la postre más de 300 personas un miércoles, el concierto del cantautor country Micah P. Hinson se trasladó de la sala pequeña del Kafe Antzokia a la grande. Era el octavo concierto al que acudía yo en enero en el Kafe antozkia y ahí, el vulnerable flacurrio vaquero hizo de las suyas y no paró de provocar al respetable. Parecía que estaba borracho pero no, aunque se tambaleaba al tocar, libaba trabajosamente de una botella de birra y apenas podía abrir los ojos tras sus gafas de pasta. Sus orejas de soplillo las remarcaba con dos perforaciones rojas en el lóbulo, llevaba las sienes rasuradas y chupa de cuero cruzada, no hacía más que soltar tacos (sonreía pícaro cuando decía motherfuckers y la gente se carcajeaba), a mitad del bolo se caló una gorra de camionero coronada por un parche de ‘The Creature’ ( osea ciencia ficción serie B o Z), fumó de un vaporizador (y antes del bis acabó el cigarrillo del camerino usando boquilla), empezó bebiendo zumo y acabó bebiendo del mismo vaso («esto es lo puto mejor que hay», o algo así dijo), solía mirar ostensiblemente el reloj como si deseara terminar la tarea, y hasta nos preguntó si no teníamos que coger el autobús o el tren para acabar ya. Pero triunfó y absorbió a todos (menos a unos pocos que discutían en la barra a lo lejos) con su guitarra, su voz de barítono y sus canciones de sueños, miedos existenciales y paranoias. Hinson se debió de encontrar a gusto, pues tocó unas 24 canciones en 103 minutos, dando un bis de media hora pasada.

Tres pegatinas: ‘Jódete, soy Batman’, ‘Esta máquina mata fascistas’ y ‘Elige la vanidad en vez de la sabiduría’ (foto: Mr. Duck).

El del miércoles fue el sexto concierto de una gira española de ocho bolos. Agotó en Barcelona, y en Madrid el show también se trasladó a una sala de mayor aforo. Venía divulgando su disco ‘When I Shoot At You With Arrows, I Will Shoot To Destroy You’, grabado un día cualquiera en Texas con el grupo bautizado The Musicians Of The Apocalypse porque, como explica Micah en la promoción: «En la catedral de Santiago de Compostela se dice que yacen los restos del apóstol Santiago. Hay una estatua de él rodeado de veinticuatro músicos, mirando, afinando o simplemente esperando. Se comenta que lo estuvieron esperando durante ochocientos años para ser dirigidos por él. Ellos son los Músicos del Apocalipsis. Son los que traerán el infierno y el cielo a la Tierra. Son los que traerán el apocalipsis». Sí, a Micah, que tras Bilbao le quedaba por actuar en Vigo y La Coruña, le influye el góspel.

Hacia el final del concierto en el Antzoki dijo que le llaman creativo por subirse al escenario, pero reconoció que lo pasa fatal, que está asustado. También agradeció que hubiera acudido tanta gente, que gracias a eso mantiene a su familia. Al principio dijo contó en cuatro días (el lunes 4 de febrero) cumpliría 38 años y que se sentía un viejo, y antes de la última canción avisó que se fumaría un cigarro en el camerino pero que volvería a salir a vender CDs y vinilos en las escaleras.

Arrancando el bis, apurando el cigarrillo con boquilla (foto: Mr. Duck).

Fue un buen recital, con magia e ironía, con tragedia y aplausos, quizá un tanto dilatado por eso de morir de éxito. Muy versátil a la guitarra acústica con tres pegatinas (‘Jódete, soy Batman’, el eslogan de Woody Guthrie ‘Esta máquina mata fascistas’ y ‘Elige la vanidad en vez de la sabiduría’), Micah ofició con devoción hacia los clásicos pero adaptándolos a la oscuridad y fragilidad espiritual del indie actual, ese más vapuleado que derrotado y pleno de miedos existenciales: evocó a Johnny Cash (‘Kiss Me Mother, Kiss Your Darling’), meció vals exangüe a lo Lambchop, asimiló el folk de Leadbelly y de Woody Guthrie (‘The Fire Came Up To My Knees’), a menudo cantó ronco a lo Tom Waits, en una ocasión se convirtió en una suerte de David Bowie en el honky tonk (‘Oh, Spaceman’, premiada con aullidos del respetable, cuando comentó Amaia, de Bermeo, siempre en primera fila: «es increíble»), resonó tan tristemente solemne que los hermanos Coen podrían rodarle una película (‘Paroles’), se apropió del soul de Memphis (‘It’s Been So Long’; bueno, Micah se crio en Texas pero nació en Memphis, Tennessee, como contó en una introducción), se ponía a mirar entre las hojitas que tenía dispuestas en el atril para decidir qué canción tocar a continuación y también ponía gesto de pensar, cantó ampuloso como Neil Diamond, hizo jazz noir (‘Diggin’ a grave’), durante el bis se escoró tanto al góspel que hasta pareció un predicador (‘Small Spaces’), nos contó que hizo llorar a su mujer cuando le cantó la lánguida ‘Take Off That Dress For Me’ («eres un violador», le dijo ella, pero exageraba, la letra no es para tanto), y en general su country actual –esa noche- superó al de Will Oldham (‘Dyin’ Alone’, la última)

ÓSCAR CUBILLO

 

Con la gorra de visera de ‘The Creature’, pensando qué canción tocar (foto: Mr. Duck).

 

+++ ENTREVISTA +++

Realizada en noviembre de 2012 para el Diario Vasco

 

«La clave es ignorar al público»

 

Icono del indie pop yanqui con raíces melómanas profundas y emociones vulnerables a flor de piel, el bueno de Micah P. Hinson (Memphis, Tennessee, 1981) escribe influido por su existencia: padres estrictos religiosos, amantes mayores que le introdujeron en las drogas, cárcel, vagabundeo… Ya asentado como una figura del pop, Micah ha alquilado al combo canadiense Timber Timbre para divulgar por la piel de toro viejas canciones suyas comercializadas por la revista barcelonesa Rock De Lux. Antes de la gira española respondía desde «el corazón de Texas. Austin para ser exactos».

¿Por qué y cuándo te decidiste a cantar delante de otras personas?

Mis padres me dieron una pequeña guitarra acústica que empecé a tocar a los diez años más o menos. Siempre he querido tocar música y pretendía afectar a la gente con lo que yo hacía. Sin duda era un sueño muy extraño para esa edad tan temprana. Pensé que ciertamente sería un sueño imposible, pero aquí estoy… Mi primer show fue durante un festival escolar donde interpreté mi primera canción original.

¿Eres un tipo tímido?

Quizá mitad y mitad. Sólo depende de con qué persona tope.

¿No se debe ser algo exhibicionista para cantar enfrente de una multitud?

En realidad opino que no necesitas gente ante la que tocar. Yo compuse canciones durante años sin que nadie lo supiera ni me oyera tocar. No fue hasta que se puso en contacto conmigo un sello inglés cuando se dio la posibilidad real de actuar en serio, aunque ya había estado dando bolillos por Texas durante años. El primer show en Londres fue fácil y todo surgió allí. Cuando me subo a un escenario voy en busca de La Nada, un lugar donde no siento nada, un espacio vacío en el que puedo permanecer quedo y solo, a pesar de que varios pares de ojos están fijos en mí. La clave es ignorarlos, dejar que todo se desvanezca a lo lejos y permitir que las canciones broten.

En verano de 2011, en gira con los maños Tachenko, sufrieron un grave accidente de tráfico (foto: Mr. Duck)

Tocas música de raíces americana. ¿Te influyen más los estilos blancos (country, folk) o los negros (gospel, blues…)?

Jesús, yo no lo veo así en absoluto. Tan literalmente lo de blanco y negro. Creo que voy a pasar de esta pregunta, ya que la raza es un tema terriblemente delicado y no voy a meterme en medio. ¿No se suele decir que en los bares no hay que hablar de sexo, política o religión? Sí, eso es.

No es para tanto. ¿Por qué crees que al público indie le gustan los nuevos grupos folclóricos, tipo Vetiver, Fleet Foxes, Avett Brothers, Bon Iver, etc.?

No tengo ni idea. Sé a ciencia cierta que no escucho a ninguno de ellos. He girado con dos de esos grupos. En realidad, solo con uno, pues los colegas de Fleet estaban destinados a telonearme en Londres hace unos años, pero semanas antes del show su debut alcanzó el Disco de Oro y se encaminaron hacia cosas más grandes y mejores.

Ja, ja…

No obstante, ¿de qué va este asunto del folk? Para mí, folk es el concepto de traer viejas canciones a un nuevo público, y no sólo tocándolas principalmente con una guitarra acústica. Ante mis ojos, para ser folk propiamente dicho, el grupo o persona en cuestión por lo general no debería tocar canciones originales. Tendría que recuperar las viejas canciones de sus tumbas superficiales o profundas. Sé que yo no toco música folk, quizá a veces, pero no en general. Supongo que al ser del Sur tengo una perspectiva diferente sobre lo que es folk y lo que no. Aunque en definitiva es sólo mi opinión, así que tómatela como veas.

¿Cómo serán los shows de esta gira?

Como la mayoría de todas mis otras giras: estaré ahí, llevaré mis canciones y tocaré para la gente que desea escucharlas. Siempre espero que sean buenos shows. Estoy usando un nuevo grupo de pistoleros a sueldo de Canadá, o sea que espero ofrecer un sonido diferente. Tocando con diferentes personas se obtiene grandes sonidos diferentes. Aunque en esta ocasión voy a echar de menos a mis queridos amigos de Tachenko (con el grupo maño giró en verano de 2011 versionando el LP ‘Trompe Le Monde’ de los Pixies, gira interrumpida debido a un accidente de tráfico). Ellos son ángeles en la Tierra. Ellos ayudaron a salvar mi vida. Les debo el mundo. Pero sí, solo pido que mis asesinos a sueldo conozcan el ritmo y los acordes, nada más. De este modo  las canciones pueden cambiar y ser lo que han de ser bajo un nuevo conjunto de manos.

Brindando con cerveza, aunque le gusta más el zumo, parece (foto: Mr. Duck).

¿Cómo conociste a los canadienses Timber Timbre, tus actuales acompañantes?

Los conocí por vez primera en Gent (Gante, Bélgiga). Después me crucé con ellos en Austin, mientras estaban en la carretera este año pasado. Compartimos un sello inglés. Estábamos en el backstage y se me ocurrió que ellos serían unos ases para ofrecer una serie de conciertos juntos. Por lo general este tipo de cosas no funciona, pero lo hizo esta vez. Y sí, sí, me encantan su música y sus canciones, especialmente su último lanzamiento, ‘Creep On Creeping On’. Me gusta esta banda porque son amables, eso sobre todo. Y en segundo lugar hacen música buena para el alma. Y están solos con su sonido y sus intenciones. Es gente asombrosa.

¿Por qué elegiste el nombre de The Junior Arts Collective para este CD de la revista RockDeLux? ¿Es irónico?

He tenido este nombre flotando a mi alrededor durante años. Fue el segundo nombre que me salió, después de The Opera Circuit. Pero cuando estaba a punto de recopilar el álbum, ese nombre retornó a mí y sonaba perfecto. A mi modo de ver da la sensación de que es un grupo de gente haciendo lo que mejor saben hacer, o al menos intentándolo. Además, este disco cuenta con el mayor colectivo que he reunido en mi carrera, pero supongo que es sólo por el hecho de que las canciones vienen de un lapso de tiempo que se remonta a 2001. Maldita sea, ¿ha pasado tanto tiempo? (decía Micah en noviembre de 2012, y publicamos esto en febrero de 2019).

ÓSCAR CUBILLO

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