La Macanita: Poderío gitano

Fin de fiesta con el respetable en pie (imagen de móvil: Óscar Cine).

CAL: *

Viernes 22 de febrero de 2019, Barakaldo, 28º Viernes Flamencos, Teatro Barakaldo, sala 2, 20.30 h, 18 €.

 

La cantaora jerezana calentó la garganta durante dos palos en el agotado Teatro Barakaldo, y luego se lució jonda por soleá, tientos-tangos, seguiriya y bulerías

 

Se llenó el viernes el íntimo anfiteatro del sótano del Teatro Barakaldo para catar a La Macanita en la tercera de las siete veladas del 23º ciclo Viernes Flamencos. La gitana jerezana agotó el papel y arribó con su plantel habitual: Manuel Valencia al toque, y al arte y compás su sobrino El Macano más Chicharito de Jerez, quien le tendía la botella de agua y al principio la piropeó: «guapa, ole las gitanas que cantan bien». Pero Tomasa no se dejó camelar: «soy su jefa, ¿saben?».

La cita duró 66 minutos y en total hubo nueve piezas, contando el paripé con los dos fin de fiesta a modo de bises con los cuatro oficiantes en pie y el prólogo instrumental de Valencia a solas, una rondeña melódica y culta algo a lo Segovia. Tras este introito aparecieron en escena los dos palmeros y la cantaora, ésta vestida con un modelito fascinante, escotado y en blanco y negro orientalizante, y se arrancó por cantiñas, pero tanteando y contenida, tanto que se oían más las palmas que otra cosa. Pero qué ovación, cómo gustó a la afición. «Yo ‘encantá’ de estar aquí otra vez de nuevo», saludó redundante Tomasa. Capoteó el citado piropo de Chicharito y susurrante casi como en una copla, dejando espacio a la guitarra mientras ella iba calentando la garganta, estiró la malagueña.

Y sin venir a cuento repitió el halago de siempre: «buen bacalao tenéis aquí, ¿eh?», que es lo que sueltan todos los flamencos jerezanos cuando vienen por estos lares. Y atacó la soleá y la velada subió un escalón gracias a su garganta ya calentada, esos atávicos y naturales ayes introductorios, y la letra dura de «cuando se murió mi madre…». Volvieron todos a beber buchitos de agua en botellines de plástico, «la sed que da el bacalao» alegó ella, y recitando casi entonó por tientos-tangos hasta alcanzar la primera gran cima de la velada con temple y notándosela contenta, tanto que se levantó de la silla y se puso a bailar y a cantar sin micro delante del respetable.

Tomasa en pie por tientos-tangos (imagen de móvil: O.C.E.).

Acabó tal alarde, los palmeros hicieron mutis, La Macanita se sentó en dúo con Valencia, y se oyeron dos gritos en la oscuridad del antiteatro: «¡viva Jerez!» y «¡qué poderío!». Un aficionado de la primera fila le pidió unas seguiriyas y su deseo fue satisfecho con otra cima sentidísima, inspiradísima, con ayes jondos, desnudos, de verdad. Sí, el duende había brotado, todo el mundo lo percibía, y La Macanita remató el encuentro por bulerías sensuales, poniéndose en pie, cantando sin micro a un palmo del público que le miraba abducido, casi intimidado, con la cantaora espigando parte del ‘María de la O’, dejando caer dejes a lo María Jiménez y a lo José Mercé, y respirando al ceder espacios al toque de Valencia, que fue ovacionado.

Muy bien Tomasa Guerrero Carrasco (Jerez de la Frontera, 1969), haciendo justicia a su fama: nominada al Grammy Latino al mejor álbum flamenco por ‘Directo En El Círculo Flamenco De Madrid’. Salió, tanteó, calentó y se lució con poderío, como gritó ese espectador impactado. Qué diferencia con su intervención en la sala grande, en marzo de 2014, cuando cantó sin voz, pues la había derrochado la víspera en Logroño (así contamos esa infausta tarde).

ÓSCAR CUBILLO

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