Ele: Más cariño que nunca (+ entrevista)

Elena turrieta (foto: Carlos García Azpiazu).

Elena turrieta (foto: Carlos García Azpiazu).

CAL: ***

Sábado 9 de marzo de 2019, Sopelana, Kurtzio Kultur Etxea, 20 h, 8 €.

 

La pianista y vocalista madrileña Elena Iturrieta volvió a triunfar en su segundo show en Euskadi, esta vez en Sopelana, con su septeto grandilocuente, festivalero y hasta góspel.

¡De lo mejor del año!

 

Nos gustó tanto el debut en directo en Euskadi de la pianista y vocalista madrileña de abuelo vasco Ele, alias de Elena Iturrieta, celebrado el sábado 16 de febrero en el Teatro Social de Basauri (lo titulamos ‘Grandiosa y recogida’ y así lo contamos), que repetimos la experiencia tres sábados después en Sopelana, en su segunda actuación vasca y vizcaína, en la Casa de Cultura Kurtzio (180 butacas y unas 150 ocupadas), donde dio un magno concierto de una quincena de piezas en 110 minutos (sin contar entre los temas la introducción enlatada con los músicos estáticos aguardando en escena ni la alegre despedida con el ‘Staying Alive’ de los Bee Gees sonando con los músicos bailando y saludando y el público en pie igual de contento y satisfecho). Ele presentó otra vez entre nosotros su segundo disco, el noctámbulo ‘What Night Hides’ (‘Lo que la noche esconde’), grabado en los estudios Abbey Road de Londres (¡los de los Beatles!).

Hubo leves variaciones respecto a Basauri: este sábado Ele llegó con la melena un poco más corta y con otra camisa (pero con el mismo pantalón que le sienta tan bien y con calzado de tacón alto), arribó en septeto (no trajo al saxofonista extra ni subió ninguna amiga a cantar al final), no usó visuales de fondo, el escenario tuvo más luz (quizá nos lo parecía al verla desde arriba, en anfiteatro), eliminó del repertorio la pieza más comercial (‘Little Lain’, inspirada en el abuso escolar, pues recordemos que es profesora), también Elena hizo cantar a un público al que atrapó al instante con su cercanía hablando del tiempo y de las margaritas (llegó a afirmar que siempre sienten el cariño de la gente, pero que ese sábado más que nunca) aunque en Sope charló bastante menos (aunque se soltó en el bis y nos hizo carcajear con lo de la venta de discos y al recordar que en Basauri había autografiado mal un CD a un chico que ella pensó se llamaba ‘Zorionak’, cuando esto es ‘felicidades’ en euskera), y también se mostró más relajada y menos ambiciosa (dijo sólo una vez lo de llenar el Pabellón de Deportes de Madrid, el que ahora se llama Wizink Center), pero estuvo igualmente solvente en lo artístico, con su aparato festivalero y su hipersensibilidad constante (quizá la única pega que se le puede poner es el uso de los sostenidos, pues apenas varía la forma de cantar, inspirada en la ópera, como reveló al final). Dijo Azpiazu, otro que repitió con ganas: «Con un poco de promoción, estos se convierten en los nuevos Morgan». Hum… Ele mola más.

El septeto al completo (foto: Carlos García Azpiazu).

Desde que salió ella la última del septeto y nos saludó con una reverencia, hasta que se despidió bailando contenta al son de los Bee Gees, Ele, Elena Iturrieta, aspiró a lo máximo y aun así consiguió dibujar gradaciones. Con un baterista que se salía de la tabla (Mario Carrión, sustituto esa velada del oficial Chiloé), sus dos coristas mixtos, el segundo teclista que la reforzaba, un bajista que a veces percutía una timbala y el guitarrista Amable, que en la ecualización estuvo un poco bajo, la enfática Ele, a base de sostenidos (a menudo se le notaba la reverb en el micrófono pues su voz seguía irradiándose en la sala), arrancó festivalera (‘Last Time’), dentro de su grandiosidad se puso minimal en la onda del jazz escandinavo, al que aplicó su visceralidad vocal (‘Falling’), luego se puso campera y alegre (‘I Follow Rivers’, versión de la sueca Lykke Li que suena en la película ‘La vida de Adele’), elaboró góspel orgánico y decidido que empujó a dar palmas al público muy veterano y muy femenino hasta alcanzar la apoteosis (‘Olympus’, precedido por una introducción vocal del teclista Julius versionando el standard jazz ‘Skylark’, que desglosado sería el tema 16º de la lista si nos pusiéramos estrictos), y, como anunció ella, «pasamos de la euforia al recogimiento», que fue cuando entonó el ‘Toxia txori’ de Mikel Laboa al frente del escenario, flanqueada por sus dos coristas, con la letra reproducida en una chuleta en el suelo y con más apoyo coral del público de Sopelana que en el Basauri.

Loralí, Ele y Harry en ‘Txoria txori’ (foto: Carlos García Azpiazu).

Todo iba rodado, el público parecía fascinado, no había pegas y el septeto (bandaza se diría ahora, grupazo antes), muy bien arreglado, perfecto en la ejecución, seguía extrayendo coros subliminales (‘Angels with no winds’), facturaba rock sureño suavito programable en el Azkena Rock Festival que evolucionaba americanista con coros aindiados, ecos de Ry Cooder y chillidos bien aportados por Ele (‘To the ground ‘, dedicado a su abuela fallecida con 101 años), más rock sudista estilista (‘Longing’), soul rock de estadio a lo Bruce Springsteen (‘Let’s Share This Road All Life Long’) y guiños a Coldplay, de los que se declaró fan, cuando nos pidió coros y que encendiéramos los linternas de los móviles, como si estuviéramos en un gran pabellón (‘Our Story’, versión de Leon Russell).

Y así llegamos al bis, que no flojeó. Eso que los dos primeros temas de la prolongación los interpretó Ele a solas: ‘Nocturnal’, uno minimal con voz lírica, muy a lo Michael Nyman y de lo mejor de la velada, dedicado a su madre (aquí nos contó que de niña cantaba ópera en el garaje), y el ‘Dicen’ dedicado a su perrita muerta, un poco OT, pero menos comercial que en Basauri. Y ya con la banda revisó con mucha clase el ‘I Wish You Were Here’ de Pink Floyd y se despidió con todas las butacas en pie en una americanada genial, ‘Positivity’, con falsos finales a lo Blues Brothers, y es que Ele pasa de lo sofisticado a lo naturalista sin que parezca forzado en ninguno de los casos.

Y al evacuar el coqueto antiteatro, en la entrada se volvió a generar un mogollón de gente para comprar los dos discos que ha editado Ele, señal inequívoca de su segundo triunfo vasco. Hum… Este fue concierto nº 97 que vamos en 2019, y entrará en nuestra lista de lo mejor del año, si llegamos a acabarlo, claro.

ÓSCAR CUBILLO

 

Elena Iturrieta (foto: Carlos García Azpiazu).

Elena Iturrieta (foto: Carlos García Azpiazu).

 

+++ ENTREVISTA +++

***

«Al componer siempre tengo coros en mi cabeza»

 

Nos gustó tanto el debut en directo en Euskadi de la pianista y vocalista madrileña de abuelo vasco Ele, alias de Elena Iturrieta, celebrado el sábado 16 de febrero en el Teatro Social de Basauri, que esa misma tarde-noche deseamos repetir la experiencia tres sábados después en Sopelana, en la que fue su segunda actuación vasca. Iturrieta repitió divulgando su reválida, ‘What Night Hides’, grabada en Londres, en los estudios Abbey Road. Y antes de su segundo bolo vasco, volvimos a preguntar unas cositas a la cantante de góspel-pop pluriempleada como profesora de inglés.

¿Qué tal recuerdo guardas de tu primer concierto en Euskadi, en Basauri?

No podemos estar más contentos y agradecidos del recibimiento que obtuvimos en Basauri. Contamos con un público cariñoso que espero disfrutara de nuestra música. Así lo notamos nosotros. No dudó en cantar y en formar parte del show, y eso es algo que nos llena de ilusión.

Y al acabar vaya fila más larga se creó delante del puesto de discos. ¿Cuántas personas viajaréis esta vez? ¿Siete músicos y dos técnicos?

Eso es. En la banda  somos siete e iremos con nuestro equipo técnico para luces y sonido (y sumando al conductor, Macaco, viajaron diez personas). Este sábado saldremos temprano de Madrid para que nuestros técnicos puedan prepararlo todo para el show tranquilamente. Haremos noche en Sopelana y una vez terminado el concierto conoceremos un poquito de sus alrededores con una cena rica, je, je…

¿Y cómo será la actuación?

Es cierto que cada concierto es diferente, no tanto por los temas que toquemos sino por lo que sucede en el escenario junto al público. Este teatro es algo más recogido, lo que hará que tenga al público más cerca. Será una sensación diferente. Y haremos cantar al público, por supuesto. Confío en que los que vengan quieran participar y disfrutar de la música tanto como nosotros la disfrutaremos. Algunos títulos cambiarán respecto a Basauri, pero continuamos con la presentación de ‘What Night Hides’.

En el Social brotó mucha influencia góspel bien traída. ¿Por qué te atrae tanto el góspel?

Me gustan su energía, sus armonías… La musicalidad de este estilo es algo que te cautiva. Desde pequeña he sido más de armonizar la música que escuchaba que de cantar la voz principal. Y a la hora de componer es verdad que siempre tengo coros en mi cabeza. Disfruto mucho con el sonido que se crea, y con Loralí y Harry Bloom, los coristas de la banda, todo suena increíble para mí.

ÓSCAR CUBILLO

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