Big Sandy & His Fly-Rite Boys: La gorra por el aire

Kevin Stewart (contrabajo), el inglés Ricky McCann (batería, sustituto de J Brooke Emilio), Big Sandy (voz y guitarra acústica) y Ashley Kingman (guitarra eléctrica) (imagen de móvil: Pedro Larrauri).

CAL: **

Domingo 24 de marzo de 2019, Bilbao, Kafe Antzokia, sala superior, 19 h, 12-15 €.

 

Fiestón dominical en el Antxiki con la roquería indígena excitada hasta el baile y los gritos por culpa del sonido purista y perfecto del combo californiano, oscilante entre el rockabilly y el western swing

 

Unas 88 personas, en primera fila con camisa de cuadros estaba el televisivo Iñaki López con su señora, acudieron el domingo a la tarde al Kafe Antzokia, a su sala superior, donde oficiaron los californianos Big Sandy & His Fly-Rite Boys (Anaheim, California, 1988, actualmente radicados en Orange County), cuarteto de country genuino, rockabilly vintage y western swing que trascendió de su condición retro hasta poner al respetable a aullar y silbar, esto desde el principio, y a gritar, danzar y lanzar gorras al aire por el epílogo enloquecido. En efecto, la peña entró el trance al son variopinto del combo conducido por el orondo y trajeado chicano Big Sandy, que bailaba oscilando su tonelaje, se peinaba su cabello engominado («necesito un corte de pelo», dijo), llevaba el ritmo con la acústica y cantaba con estilazo todo lo que le echaran. Por cierto, también ingería todo tipo de líquidos con alcohol: empezó con un combinado de Coca Cola Zero, trasegó varios vasos grandes de cerveza y en repetidas ocasiones bebió a morro de una botella de tequila (no nos la ofreció a los de delante, lástima).

Big Sandy, alias del chicano Robert Williams, con la botella de tequila que le pasó Lon, el técnico (foto: Carlos Gª Azpiazu).

Salieron los cuatro tíos muy maqueados y bien peinados: el líder con traje, botas camperas, corbata rechula fifties y su nombre artístico en la cinta de la guitarra (Sandy el Grande es el alias de Robert Williams, el típico chicano que no habla ni papa de español, como los Zeros que nos visitaron el fin de semana anterior); el baterista con una chaquetita negra y corta de flores bordadas blancas a la moda honky tonk, lazos vaqueros y zapatos blanquinegros; el guitarrista con pantalones de pinzas; y el tatuado contrabajista, surfero él, con sombrero. Había más tocados entre el público: la gorra elegante que lanzó al aire Dee Dee en una de las sacudidas postreras antes de ponerse a bailar, o la gorra de soldado federal de la guerra de secesión estadounidense que lucía un veterano enjuto.

El inglés Ricky McCann, el baterista atildado, preciso y sobrio, que no escueto (foto: Carlos García Azpiazu).

Gozamos de un concierto de 20 canciones en 94 minutos ejecutado como si fuera un combate de boxeo. Como si los Fly-Rite Boys se estuvieran jugando el empleo (avisó el líder que estuviéramos atentos, que regresarán en verano). Como si ellos animaran la fiesta pero no se dejaran arrastrar por ella: Big Sandy estrechó la mano del fotógrafo Lorenzo Pascual sin venir a cuento, dedicó una canción a un espectador por sorpresa («para ti, amigo, que no sé cómo te llamas, y a la persona que amas»; es una dedicatoria recurrente en Big Sandy, nos informa Pedro Larrauri, contrabajista de The Reverendos, sito en primerísima fila esa tarde), brindó con el paisanaje alzando el vaso, bajó a cantar entre la gente encantada, en el bis volvió a dedicar la velada «a la buena gente y los buenos amigos», animó a pasarnos por el puesto de merchandising a comprar camisetas y discos o simplemente a saludar… Y al menos agradeció sincero dos veces a Lon, el técnico de la sala, «el sonido perfecto». Antes de la última canción, manifestó Big Sandy: «Vaya noche más bonita. Creo que ha sido la mejor noche de la gira». Hum… era la quinta fecha de un eurotour de 17 shows según el cartel que reproducimos al final del todo.

Big Sandy balanceando sus arrobas junto al incansable digitador Ashley Kingman (foto: Carlos García Azpiazu).

Lo que tocan estos californianos no se puede hacer mejor. Con fidelidad al espíritu primigenio de la música americana, potencia en la ejecución y solvencia en todos los ritmos, Big Sandy y sus tres bien engrasados gregarios (Ashley Kingman incansable con su guitarra eléctrica, una guitarra que en la pala del clavijero llevaba un montón de autógrafos, entre ellos uno de Les Paul, como observó maravillado Santiago Delgado, el jefe de los Runaway Lovers) tiraron del carro sin desfallecer: rocanrolearon como Elvis Presley en 1954 (‘How did you love someone like me?’, con grititos rockabilly), presumieron cincelando veloz western swing precisamente arreglado (‘The greatest story ever told’, qué dominio instrumental en su coda), arrasaron con rockabilly (‘Hey lowdown!’, puro Blasters, no solo por la voz de Big Sandy, que tanto recuerda a la de su cantante Phil Alvin), jugaron al comercialismo transversal del Elvis de película (‘Tequila calling’), agitaron todo el Antxiki con rock and roll furioso en la estela de Johnny Burnette (‘Hot water’)…

Big Sandy en la canción 15, ‘Spanish dagger’, con pose de bolerista a lo Basurto, el líder panchista (foto: Carlos Gª Azpiazu).

Además versionaron a Richard Berry (’Yama yama pretty mama’), resonaron al proto rock and roll de Hank Ballard (‘Fine, fine, superfine’, con la peña coreando), retomaron resuello con country cavernoso onda Johnny Cash (‘Every time’), la guitarra de Ashley cortó el aire como la de Dave Alvin, el otro hermano de los Blasters (‘Love that man’, otro rock and roll con la batería también destacando en los arreglos mediante un sencillo golpe de caja), mecieron baladas adolescentes de los años 1950 (‘Spanish dagger’, que es un arbusto), dedicaron un tema original al difunto Dick Dale (‘Catalina’ –puse ‘Carolina’ en El Correo, pero me corrige Javi Zaitegui-, y en esta la gente ya coreaba el nombre como una jauría), apostaron por el blues y les salió melancólico a lo Charlie Rich (‘Chalk it up to the blues’, con Big Sandy cantando a pelo entre el público en plena apoteosis interactiva; de hecho un tipo se había subido al tablado y simuló que tocaba la guitarra de el Gran Sandy), y en el bis triple hubo una reivindicación de la música jamaicana (a dúo con el contrabajista Sandy versionó el ‘When I fall in love‘ de Ken Booth), un recuerdo al Cuarteto del Millón de Dólares formado por Elvis, Cash, Jerry Lee y Carl Perkins (en trío con el guitarrista repasaron el bluegrass ‘Little cabin on the hill’ original de Bill Monroe) y cerraron los cuatro por todo lo alto con una versión de Carl Perkins (‘Somebody told me’), donde siguió todo el mundo bailando como si fueran marionetas.

Un bolo mejor de lo que esperábamos la mayoría, y eso que acudimos al Antxiki con muchas ganas. A ver si en verano podemos repetir.

ÓSCAR CUBILLO

Un obnubilado Iñaki López, el rockabilly de la tele como le llama Pato, al final del show (foto: Carlos Gª Azpiazu).

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