John Paul Keith: Comparativa entre Bilbao y Vitoria (+ entrevista)

En Bilbao JPK, nacido en Knoxville, TN, se ignora cuándo, y basado en Memphis, TN, hace catorce años (foto: Piru Lamiako).

CAL: ** / *

Jueves 28 de marzo, Bilbao, Kafe Antzokia, 21.30 h, 14-18 €.

Viernes 29 de marzo, Vitoria, Jimmy Jazz, 22 h, 16-20 €.

 

El guitarrista de Tennessee reunió a 200 personas en cada bolo y estuvo mejor en el Kafe Antzokia el jueves que en la Jimmy Jazz el viernes, donde actuó más cansado y menos inspirado

 

El guitarrista y cantante de música americana purista John Paul Keith, nacido en Knoxville, Tennessee (oculta cuándo), y basado en Memphis, se halla en plena gira de presentación europea de su cuarto disco, ‘Heart Shaped Shadow’. Son seis semanas por diez países y con bolos en 35 ciudades, dos de ellas vascas: el jueves en Bilbao (el concierto nº 22 del Eurotour y la primera vez que actuaba en Bizkaia) y el viernes en Vitoria (el nº 23 y la cuarta vez que actuaba en la capital alavesa, donde aún se recuerda su show vibrante en el Azkena Rock Festival de 2015: fue el mejor del festi y no solo lo pensamos nosotros; así lo contamos).

Antes de llegar a Euskadi nos adelantaba JPK en la entrevista de abajo: «Tenemos un show muy roquero en esta gira. Voy con una banda realmente excelente y de verdad que nos conectamos musicalmente. ¡Los chicos son más jóvenes que yo y saben roquear!». Vaya, los escuderos fueron los que descompensaron todo en los dos conciertos: demasiado jóvenes (suelen cobrar menos) y más propios como músicos de power-pop parecieron el bajista Matthew Wilson, de Milwaukee, Wisconsin, y el baterista Danny Banks, de Boston, Massachusetts. Jugando a la parodia, es como si uno de Getafe y otro de Mataró tocaran la txalaparta.

El setlist base de 22 temas en Bilbao; imagen proporcionada por Lorenzo Pascual.

El bolo de Bilbao, en el Kafe Antzokia (CAL: **), estuvo bien, empero el sonido general, plano y con el bajo demasiado retumbante. Y, aunque pensábamos que el de Vitoria, en la sala Jimmy Jazz (CAL: *), estaría mucho mejor, éste no pasó de lo correcto. Un poco desilusionante fue todo en Álava, por las expectativas más altas, por el sonido (otra vez el bajo tuvo demasiada presencia) e incluso por la actitud de los tres oficiantes, que parecieron más cansados (incluso John Paul Keith no se estiró tanto en los punteos estupendos) y con alarmante flojera durante el ecuador del concierto (hum… nos cuentan que tras el bolo bilbaíno estuvieron libando tequila y explorando la noche, je, je…).

En Bilbao estuvieron alojados en el Hotel Jardines de Albia (anexo al Antzokia) y salieron a escena con cinco minutos de demora y tocaron 25 temas en 92 minutos ante 200 personas enardecidas y muy chillonas. En Vitoria durmieron en el Hotel Canciller Ayala y salieron con once minutos de retraso y tocaron 27 temas en 102 minutos ante también unas 200 personas predispuestas pero menos jubilosas (aunque más borrachas, al menos delante). Las dos noches hubo un bis triple. En el Antzoki JPK se colocó a la derecha del tablado y en la Jimmy Jazz a la izquierda, vistiendo la misma ropa en ambos compromisos y usando dos guitarras: una Telecaster con brillantina casi todo el rato y en un par de piezas una Danelectro. En Bilbao sonó marcadamente a Buddy Holly, Elvis y Roy Orbison (y al menos dos veces gruñó como Roy: grrrrrr…), y en Vitoria lo hizo como de pasada (y solo gruñó una vez, o ni eso). Y en ambas citas JPK salió a escena con una lista de 22 canciones fijas que puso a sus pies y tocó en orden, una lista a la que añadió tres temas en Bilbao (no estaban apuntados, los intercaló de memoria) y cinco en Vitoria (apuntados con rotulador).

En Bilbao (25 temas en 92 minutos, recuerden) sonó retromoderno, informó varias veces que era su debut en la ciudad y se metió en el bolsillo al público, que se lo pasó de cine. Las tres canciones que no estaban en el setlist fueron ‘Pure cane sugar’ (un rock and roll puro Elvis 56), ‘Throw it on me baby‘ (de lo mejor de la noche, un rhythm and blues cromado también en plan Elvis) y, en el bis, el ‘Lucille’ de Little Richard (hecho de modo estilista, sin chillar; como dijo Raúl El Guapo, «es que no tiene mala leche, pero es elegante»; sí, a veces tan elegante como si estuviera sonando en disco en casa de cada cual).

En Bilbao, el bajista Matthew Wilson, de Milwaukee, Wisconsin (foto: Piru Lamiako).

En Bilbao, el baterista Danny Banks, de Boston, Massachusetts (imagen de móvil: Sugar Velasco).

Visto el percal de los dos días, estuvo mucho mejor lo presenciado el jueves en Bilbao, a pesar de la invasiva tarea del bajo. Los tres se dejaron influir por Buddy Holly, Marshall Crenshaw y Nick Lowe (‘Something so wrong’, ‘Bad luck baby’ y más), facturaron rockablly campero (‘You devil me’), JPK robó riffs a Eddie Cochran (‘Anyone can do it’), se marcaron un blues de honky tonk brutal a pesar del bajo derrapando con saturación (‘Ninety proof kiss’), engancharon al respetable mixto (los coros en ‘Everything’s different now’, los uh-uh en la cimera ‘Lookin’ for a thrill’, el R&R a lo Chuck Berry ‘Do You Really Wanna Do It’…), emularon a Roy Orbison (la delicadeza de ‘Little Bit of Loving’, la cascada emocional de ‘Miracle drug’), se aceleraron con jump & jive como cuando Ronnie Earl era bueno antes de dejar las drogas y el alcohol (‘I work at night’, con sendos solos de bajo, éste inane, y batería, apreciable) y se despidieron con el garajero ‘Afraid to look’.

Si en Bilbao parecieron retromodernos y transversales, en Vitoria (27 temas en 102 minutos) parecieron retros sin más. Puristas. En la Jimmy Jazz aquí añadieron cinco títulos a la lista de 22, intercalados en el folio con rotulador negro de trazo grueso: ‘Pure cane sugar’ (más flojo que en Bilbao), ‘Lucille’ (más estilista aún), ‘Songs for sale’ (jo, lo más flojo de la velada, tanto que parecían un grupo de surf sonando de fondo),  ‘Throw it on me baby‘ (menos impactante y esta vez resonante del ‘All Shook Up’ de Elvis) y la despedida definitiva con un arreón total, lo mejor que catamos en las dos escalas vascas, el ‘Seven nights to rock’, el clásico rockabilly de Moon Mullican editado en 1956. Ya podría haber sido todo el bolo vitoriano así de contundente y decidido.

El trío en Vitoria (foto: Carlos García Azpiazu).

En Vitoria JPK hizo bastante la pelota al respetable (que si es el mejor público del mundo, que si es una ciudad maravillosa…) y el arranque del encuentro no logró despegar por el sonido sin personalidad y con demasiado bajo otra vez. En comparación con Bilbao, todo tenía menos pegada (‘Niney proof kiss’ sonó a balada country en vez de a blues bruta, ‘Little bit of loving’ evocó más a Elvis que a Roy) y, para más inri, tuvieron que interrumpir la canción ‘Everything’s different now’ por problemas técnicos. Se les notaba cansados (el líder John Paul apenas se arrimó al borde del tablado a puntear), pero menos mal que al final fue como si les diera un calambre y se pusieran las pilas, o como si hubieran sudado ya las toxinas de la tequila, y todo sonó como esperábamos, hasta con la actitud adecuada, y pudimos disfrutar de la media docena de canciones postreras, caso de la soulera ‘Miracle drug’, una ‘Baby, we’re a bad idea’ que sonó oscura, creciente y con punteo dramático a lo Otis Rush, el trallazo swing de ‘I work at night’ (con los dos solos de los subalternos también) y en el bis triple el garajero ‘Afraid to look’ y el mentado ‘Seven nights to rock’.

A pesar de la sensación de insatisfacción, seguiremos siendo fans de John Paul, a quien en Bilbao veíamos por cuarta vez y en Vitoria por quinta. Con estas visitas JPK ha venido siete veces a Euskadi: dos a Irun, una a Bilbao y cuatro a Vitoria.

ÓSCAR CUBILLO

 

En Vitoria, asiendo una botella de birra (foto: Carlos García Azpiazu).

 

+++ ENTREVISTA +++

***

«¿A quién no le gusta Elvis?»

 

El guitarrista y cantante de música americana purista John Paul Keith se halla en plena gira de presentación de su cuarto disco, ‘Heart Shaped Shadow’. Son seis semanas por diez países y con bolos en 35 ciudades. Dos de ellas vascas: el jueves actuó por primera vez en Bilbao (Kafe Antzokia, 21.30 h, 14-18 €) y el viernes lo hizo en Vitoria por cuarta vez (Jimmy Jazz, 22 h, 16-20 €), tras triunfar ya en la UPV, el Azkena Rock Festival y el Hell Dorado. Nos contaba JPK esa misma semana: «¡Voy en la furgoneta por una autopista de Alemania! Esta es nuestra tercera semana en Europa. Empezamos en Italia, y luego estuvimos en los Balcanes durante una semana. Ahora nos estamos abriendo camino a través de Alemania y Francia camino de España».

Sobre su día a día en la carretera, nos informó JPK, habitante de Memphis: «Vamos en trío en esta gira, nada más que yo, el bajista Matthew Wilson y el baterista Danny Banks. Además tenemos un conductor. La prueba de sonido suele ser a las 5 o 6 de la tarde y la cena después del show. Las horas suelen variar dependiendo de dónde estemos. Escuchamos mucha música en la furgoneta y también llevo un libro para leer». Le seguimos en Facebook y vemos que suele subir fotos de comida, aunque es un tipo muy delgado. «Últimamente he estado deseando comer ramen», o sea fideos japoneses, nos confesaba

En 2015, de noche, dio el mejor concierto del Azkena Rock Festival alavés, una impresión compartida por casi todos los que lo presenciaron. 19 temas en 63 minutos, ¡con un bis!, lo cual no suele ser habitual en los festivales. Nos regaló el ‘I Can Help’ de Billy Swan con sus optimistas falsos finales. JPK cruzó el charco sólo para ese concierto: «Ese fue el bolo más grande que he dado, el punto culminante de mi carrera. Sin embargo, fue difícil llegar allí. Nuestro vuelo de conexión se canceló y por eso llegamos a España la mañana del show en vez de la víspera. Estuvimos dos días sin dormir, solo viajando».

Pero no se notó durante su actuación, la mejor del festival y una de las mejores de 2015. «¡Gracias! Fue una noche mágica para mí». Al preguntarle si es más famoso en Europa o América, JPK no lo duda: «Europa, por supuesto». Aún no ha actuado en Asia (Japón, China…), África ni Australia. «No, pero me encantaría». Nos obstante, ha logrado pagar las facturas sólo tocando música. «La música es mi profesión. Me he ganado la vida con ella durante los últimos diez años. Soy muy afortunado».

A la gente le alegraron los dos bolos; aquí en Bilbao, con Santiago Delgado y dos Runaway Lovers (imagen de móvil: Mati).

El cuarto disco a su nombre se titula ‘Heart Shaped Shadow’ y suena retro, vintage, desde el soul al rockabilly, desde el rhythm and blues al acid jazz. Parece que le gusta la música desde los años cincuenta hasta los años sesenta (y más antiguas si pensamos en la música country). Y declara: «Escucho mucho de los años 50 y 60, sí. Todos mis álbumes son reflejos de la música que me gusta escuchar». Varias de sus canciones resuenan a Elvis Presley e incide: «¿A quién no le gusta Elvis? ¡Por supuesto que amo a Elvis! Y en realidad vivir en Memphis durante 14 años ha traído su espíritu a mi vida a un nivel profundo».

Y oyendo este cuarto álbum, ‘Heart Shaped Shadow’, llegué a pesar que JPK, un guitarrista natural que se sale en los punteos, construye las canciones a partir de un ritmo, de un riff. Por ejemplo el noveno corte, ‘All I want is all of you’, a lo cual alegaba el interpelado: «En realidad no recuerdo como compuse esa. Pero estoy bastante seguro de que en primer lugar escribí el estribillo. Y me inspiré en Magic Sam». El bluesman del West Side.

Antes de acabar le preguntaba cómo iban a ser los conciertos en Bilbao y en Vitoria, y adelantaba: «Tenemos un show muy roquero en esta gira. Voy con una banda realmente excelente y de verdad que nos conectamos musicalmente. ¡Los chicos son más jóvenes que yo y saben roquear!», como decíamos antes.

ÓSCAR CUBILLO

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