Sôber: La Sinfonía del Paradÿsso

Los cuatro roqueros madrileños y la veintena de miembros de la orquesta navarra (imagen de móvil: Jon Rozadilla).

CAL: *

Sábado 30 de marzo, Bolueta / Bilbao, Santana 27, 22 h, 20-25 €.

 

Patrocinado por la Fundación Diversitas, el cuarteto madrileño de rock-metal ofició empastado con la Joven Orquesta de Pamplona ante más de 600 espectadores

 

Más de 600 personas, sobre todo entre la veintena y la treintena, se concentraron el sábado noche en la Sala 27 de Bolueta para atestiguar la revisión sinfónica que los madrileños Sôber (1995-2005, luego desde 2010 hasta hoy) han elaborado de su exitoso disco ‘Paradÿsso’ (2002). Con respaldo de la Fundación Diversitas e importantes patrocinadores, los cuatro madrileños enlutados (y rapados y tatuados los tres de delante) representaron la hoy llamada ‘La Sinfonía del Paradÿsso’ (editada en CD por El Dromedario Records) con la colaboración de la Joven Orquesta de Pamplona (una veintena de músicos con importante sección de metal), la cual sonó empastada, empotrada, con la banda, como si fuera un teclado poderoso y siempre sin desmerecer.

En hora y tres cuartos (105 minutos dejando al margen el introito con el ‘Back in black’ de AC/DC) Sôber interpretaron una veintena de temas (incluyendo dos introducciones: una progresiva a ‘El hombre de hielo’ y una jam con solo baterista de Manu Reyes previa a ‘Mis cenizas’) y lograron la comunión con su parroquia, que coreó a pulmón numerosas piezas, notándose más las voces de las numerosas chicas, como siempre en estos casos cantarines. Vigorosos y sólidos, serios y tensos, ampulosos e incluso pedantes (factor apreciable en esa lírica ambiciosa hasta lo metafísico, en la grafía de los nombres con diéresis, etc. –en El Correo se me coló el Paradÿsso solo con una ese-), Carlos Escobedo y los suyos mantuvieron su personalidad de principio a fin. Desde el arranque contaron con el apoyo del respetable (hey hey hey y palmas en la primera canción, ‘Animal’) y a menudo estuvieron adornados por vídeos sugerentes que poco se distinguían por el contraste con la mucha luz y la baja altura del escenario.

Carlos Escobedo, líder físico e intelectual del cuarteto. (foto: Carlos García Azpiazu).

La música fue ostentosa y las letras y la interpretación tan afectadas como se espera de Sôber, que facturaron metal de ‘Avatar’ (‘Blancanieve’, la tercera, la primera coreada a tope), disimularon un potencial pop similar a Amistades Peligrosas (en serio, ahí estuvieron las réplicas de ‘Eternidad’), apostaron por la épica comprimida en apoteosis agónicas (‘Lejos’, de seguido un ‘Náufrago’ con la intervención coreográfica y sencilla de unos voluntarios de Diversitas), y abarcaron desde el rock post-grunge (‘Cápsula’) y el poso post-rock (‘El viaje’) hasta la psicodelia pesada, por heavy (‘Hemoglobina’), y el post metal (‘El hombre de hielo’, ‘Vacío’ y ‘Paradÿsso’).

Los dos guitarristas, Antonio Bernardini y Jorge Escobedo (foto: Carlos García Azpiazu).

Aunque hasta ese momento habían ido al grano, hablando solo para presentar algunas canciones, el bis fue largo y un tanto desordenado, estirando ciertas partes. Carlos Escobedo bajó a cantar entre el público que le filmaba con sus móviles mientras le seguían un camarógrafo y hasta tres guardaespaldas (en ‘Estrella polar’, de deje folk) y la indudable cima de la cita fue el rock cromado ‘No perdones’. A Héroes del Silencio Sôber sonaron en el rezo ‘Arrepentido’ («Le pido a Dios que sea / Mi Cómplice, mi Salvador / En Prueba de su Amor / No me Abandones / No dejes que yo vuelva a Caer / No me Traiciones / Ahora me siento Arrepentido», copio la letra de la red), continuaron con su mesianismo en los himnos ‘Mis cenizas’ y ‘Diez años’, y se despidieron cantando en latín en el algo power metal ‘Superbia’.

Agradecido un Carlos Escobedo que estuvo muy serio todo el bolo, mirando distante al público (foto: Carlos García Azpiazu).

Nadie pudo salir descontento del encuentro del sábado en la Santana 27: los fans porque tuvieron lo que querían y los curiosos porque la orquesta sonó empastada y aportó potencia, descartando arreglos melifluos. Vaya, la orquesta estuvo muy tapada por el cuarteto, pero así se evitaron las ínfulas sinfónicas tan habituales en este tipo de experiencias.

ÓSCAR CUBILLO

 

Vídeo de la canción ‘Arrepentido’ con la Orquesta Sinfónica O.C.A.S., con la que grabaron el disco:

 

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