Revólver: La hipertrofia charlatana

Aunque dicen que fue ‘sold out’, quedaron unas 50 butacas sin vender (foto: Íñigo Pas Bas).

CAL: *

Viernes 12 de abril de 2019, Bilbao, Teatro Campos, 21 h, entradas desde 21,50 hasta 29,50 €.

 

Carlos Goñi presentó su disco ‘Básico 4’ en quinteto en el lleno Campos, dando un show de dos horas y media, charlatán y convencional pero con momentos efectivos e incluso emocionantes

 

Lleno técnico, pues sólo se quedaron sin vender una cincuentena de butacas de esas en palcos altos y esquinados de mala visibilidad, cosechó el charlatán de 57 años Carlos Goñi, alias Revólver, el viernes en el Teatro Campos, durante el arranque de la gira de presentación de su disco ‘Básico 4’, cuya edición se ha retrasado hasta el 10 de mayo y que verá la luz en formato o libro CD+DVD (gracias al libro se paga el 4 % de IVA en vez del 21). Ante un público predispuestísimo (desde las palmas) y cuasi idolátrico, Carlos Goñi solo cantó 19 canciones en dos horas y media de encuentro (exactamente 149 minutos).

¿Y qué hizo el resto del tiempo? Hablar sobre él mismo (aseguró no ser egoísta, excepto en el tiempo, pero sí que es egotista: yo-yo-yo, o su forma verbal favorita, ‘he decidido’), enfangarse en el monologuismo que asuela la escena en directo española (vas a un concierto y te sueltan un monólogo El Arrebato, Pablo López, Bertín Osborne, la buena de Ele, Antonio Orozco, Zenet, Café Quijano, o, buf, Love Of Lesbian), repetir cosas que dice año tras año (plantear «se aceptan peticiones» y responder «no, esa no» o «qué bonita esa», así hasta rechazarlas todas) y hasta contar en la introducción lo que va a cantar en la canción (eso sucedió en ‘Campanilla’, con el juego de la botella y el beso, la primera vez que le rompió el corazón una mujer, «tenía once años, y me jode acordarme de su nombre, Virginia»; sí, reconozcamos que aquí me reí). Como casi siempre le pudo la hipertrofia habladora.

Carlos Javier Crespo Goñi, nacido hace 57 año en Madrid y criado en Levante (foto: Óscar Esteban).

Yo hubiera ido más veces a ver en directo a Revólver, pero me da miedo quedarme atrapado durante tres horas ante su verborrea. Y me ha dado rabia cuando ha ido a verle el incansable Azpiazu (en Semana Grande, en Torrelavega), y me ha informado a toro pasado: «solo ha durado hora y media». Grrrrr…

Pues dos horas y media duró lo del Campos. Acudí con Óscar Esteban, que le vio en el mismo escenario el año pasado, en la gira del 25º aniversario del disco ‘Básico’, en trío (la ocasión que nos ocupa vino en quinteto, pero los músicos no aportaron nada, no salieron de lo gregario, quizá porque no se lo permitían), y afirma que este viernes estuvo bastante mejor: superior tono físico y vocal de Goñi (aunque no se levantó de la silla más que para entrar y salir de escena; una silla rodeada por tres guitarras acústicas, sus armónicas dylanianas, un atril con las letras y una pantallita que le hace de teleprompter), banda más completa pero igualmente discreta, y menos pastoreo de Goñi a la gente, a la que en 2018 hizo cantar mucho más, hasta pecar de karaoke.

Revólver en quinteto en el Campos con limitados de decibelios (foto: Óscar Esteban).

No estuvo del todo mal el concierto desenchufado de ‘Básico 4’, y a los fans les parecería fenomenal. Estos seguro que no le pusieron pegas a la discretísima iluminación del escenario, al sonido flojo de volumen (recordemos que el Campos tiene un limitador de decibelios que salta al llegar a los 87 db), a las nulas pinceladas de sus músicos (el saxo, el clarinete y el acordeón eran los que más aportaban, a veces colados con calzador) y al canonismo general de la ejecución (manifiesta en la primera, ‘Por un beso’, en la ovacionada ‘Más tequila’ que resuena a Los Secretos, o en la última pieza, ‘Call me the breeze’ de JJ Cale / Lynyrd Skynyrd, en inglés y a modo de despedida reiterativa a sus músicos uno a uno).

Sin embargo, debe quedar claro que siempre voy a ver a Revólver / Carlos Goñi con intención de disfrutar. Y sí, entre la mucha cháchara me reí una o dos veces (quizá alguna por humor involuntario del alicantino), y pude paladear algo más de la mitad de las canciones, ordenadas en modo de satisfacción creciente, y eso a pesar de que Goñi asegura que sale a escena sin repertorio determinado y que cada noche cambia de setlist incluso sobre la marcha. Las dos canciones que le parecieron ‘truños’ a Oscar Esteban fueron de las favoritas del que suscribe (la springsteeniana ‘Lisa y Fran’ y la citada ‘Campanilla’ en modo soft rock), abundaron las piezas muy convencionales pero efectivas (‘Si es por ti’), piezas de un conservadurismo estético a veces vinculable a Celtas Cortos (la parrafada de ‘Odio’, la aun más conservadora ‘El roce de tu piel’), y Goñi hasta estuvo a un paso de la canción melódica (‘Eso de saber’, que informó llevaba 17 años sin tocarla), del biotipo de cantautor español a lo Pedro Guerra (‘Besaré el suelo’, la composición que cedió a Luz Casal) o incluso de Carlos Cano (‘Faro de Lisboa’).

Goñi tenía las letras en un atril y una tableta, lógico si maneja un repertorio tan largo (foto: Óscar Esteban).

Y también Goñi ejerció de cantautor rock americano traducido al castellano (‘Frío en Madrid’, arropador y con clarinete), a veces hasta llegar a lo fronterizo (‘No escupas al suelo’, una nueva, la mejor de la velada, antes de la cual nos contó que se refugió una semana en un hotelito en Ermua –y entonces saludó a su familia de San Sebastián, presente en el Campos- y que ahí aprovechó para eliminar contactos de su móvil: pasó de 1450 a 320 -«es mejor tenerlos para ver a quién no coges», zanjó Oscar Esteban-, después ‘Tu noche y la mía’, en plan populista con la luz encendida y dando pie a los coros del público) y, claro, también adscrito a la fórmula springsteeniana con la cual emergió (‘Esperando mi tren’ que recuerda al ‘The Price you pay’ del Boss, un ‘Eldorado’ con la luz dada y la gente en pie -«a la segunda palma ya estaba todo fuera de ritmo», ajustó el bueno de Esteban-).

Fue un bolo correcto, bueno en lo suyo, pero Goñi lo puede y debe hacer mejor. Y que hable menos, por favor. Menos mal que también estábamos sentados, como Goñi. Aunque claro, si le ríen todas las gracias, si le piden tantas canciones y si sigue llenando teatros, para qué va a cambiar, pensará él. Salió a escena y se tiró más de cuatro minutos hablando antes de tocar la primera canción y ahí avisó: «si habéis quedado después, vais a llegar tarde». Sí, después sólo nos dio tiempo a ver el bis de Los Deltonos en el Kafe Antzokia.

OSCAR CUBILLO

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