18º Azkena Rock Festival / Stray Cats + …: Abriendo la gira del 40º Aniversario

The Stray Cats, sonando bien, ocupando el inmenso escenario y eligiendo un repertorio no tópico (foto: Piru Lamiako).

CAL: **

Viernes 21 de junio de 2019, Vitoria, Mendizabala, puertas 17 h, 65 €, bono dos días 120 €.

 

10 conciertos pude ver durante la primera jornada del 18 ARF y el mejor lo dio el legendario trío de rockabilly neoyorquino The Stray Cats, que superó las expectativas en la primera fecha de la gira mundial llamada ’40 aniversario’. La respuesta y la cifra del público concentrado los reafirmaron como gran cabeza de cartel de todo el festival

Asistencia oficial: 17.000 almas

 

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La nueva vida de Los Stray Cats

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«Qué maravilla, tío», «Están engrasados, ¿eh?», «Cómo se nota que han ensayado mucho», «A la vejez, viruelas», «Esta canción romántica la bailaba yo en todos los guateques», «No lleva peluca el cantante, es un tupé de verdad», «Brian Setzer no usa teleprompter para las letras»… Esto comentaban los numerosos aficionados que llenaron el viernes por la noche la explanada de Mendizabala para ver al cabeza de cartel del Azkena Rock Festival, los neorocabilescos The Stray Cats, que habían superado todas las expectativas de público y las apreturas eran iguales a las vividas ante grupos como los Who o los Pearl Jam sobre el mismo escenario.

Su concierto de 22 canciones en 88 minutos con dos bises también estuvo a la altura de la expectativas más altas. Era difícil que fallaran los cabezas de cartel de todo el 18º Azkena Rock Festival, Los Gatos Descarriados, que la noche del viernes salieron a escena del escenario principal aún bajo la luz solar (los cañones de luz los enfocaban pero apenas se notaba el efecto), puntualísimos a las 9.45. Ya habíamos catado a Los Stray Cats en un festival asturiano, en Gijón, en la plaza de toros, en el Crossroad, en 2004, cuando celebraban sus bodas de plata, y entonces me dejaron noqueado por la calidad del sonido (en un trío, no lo olviden) y del cancionero (rutilante, variado y moderno a pesar de basarse en el rock and roll clásico, el de los 50).

Brian Setzer estuvo mucho mejor que en su actuación en solitario en el ARF 2011 (foto: Piru Lamiako).

Pero en Vitoria, en la gira del 40 aniversario, parece que su importancia ha crecido con el paso de estos quince años y el boca a boca y el YouTube y tal y tal: la gente que se sabía las canciones era más transversal, no solo los rockers coreaban los estribillos y gruñían y maullaban cuando los arreglos así lo exigían. En Gijón me sabía todos los títulos, pues los había mamado, pero en Vitoria me di cuenta con alborozo (yo tenía razón desde el principio, je, je…) de la capacidad transversal de sus canciones, de lo grandes que llegaron a ser ellos, cuando les colocaron la etiqueta de punkabilly, pues pintas chulas siempre han lucido y en el Azkena lucieron glamour estético a pesar de las arrugas, sin disfrazarse.

A Vitoria arribaron estrenando su gira del 40º Aniversario. La cita del ARF era la primera de una gira euro-americana de 26 conciertos hasta el 31 de agosto. Había tres hándicaps. Primero, que el trío no estuviera del todo rodado, engrasado (no en vano apuró los ensayos en las jornadas previas en la sala Stage Live de Bilbao). Segundo, que la aportación de las canciones de su nuevo disco, ‘40’, su primer álbum en 26 años, no igualaran el listón del rutilante setlist que descargaron en agosto de 2018 en Costa Mesa, California (y en verdad no todas las nuevas estuvieron al nivel de sus propios clásicos). Y tercer hándicap sería el mal recuerdo que dejó el propio Brian Setzer, el guitarrista y líder de los Stray Cats, en su actuación en el mismo Azkena Rock Festival de 2011, donde lo mínimo que se pudo achacar fue el pésimo sonido.

Pero confiábamos en el trío original, no demasiado bien avenido: parece ser que Brian no se lleva bien con el bajista, Lee Rocker, pero corramos un tupido velo. Mejor se lleva con el baterista Slim Jim Phantom, al que invitó al citado concierto de 2011. Así que confiados acudimos al gran encuentro que ha movilizado a toda la roquería nacional, pues el del ARF ha sido el único concierto felino en España. El domingo estarían actuando en Birmingham, Inglaterra, país donde el trío neoyorquino se hizo grande. Como dijo al empezar un rocker listo, el amigo Óscar Esteban: «Si ponen una bomba nos quedamos sin rockers en España. Se acaba la raza». Queda más bonito decir si cae un meteorito, pero entonces muchos lectores habrían pensado que fue un pensamiento mío.

La masa tenía ganas de la descarga felina y Los Stray Cats la satisficieron pues cumplieron con creces, sin teleprompter y sin chorradas, aunque al final estiraron un poco ciertas canciones. Ante un fondo de escenario con una gran pancarta que reproducía la portada del álbum ‘40’, con un sonido general bueno aunque con las guitarras Gretsch de Setzer sonando un poco bajas en la mezcla, llenando con su escueta triple presencia el gran escenario principal God, los yanquis abrieron fuego con `Cat fight’, un rockabilly del nuevo disco pero copiando su estilo clásico, y continuaron con la vieja ‘Runaway boys’, paradójicamente tan The Cure (normal que así se les abrieran de par en par las puertas en el Reino Unido). Alternaron las viejas composiciones con las nuevas: el rockabilly ‘Double talking baby’ con la flamante y estilosa ‘Threee time’s a charm’, la coreadísima y teatralizada ‘Stray cat strut’ (El contoneo del gato descarriado) con el novedoso countrybilly ‘Mean pickin’ mama’, el celebrado mix en honor de Vincent y Cochran ‘Gene & Eddie’ (con Setzer haciendo un esforzado paseo del pato a lo Chuck Berry, la masa entusiasmada y Slim Jim Phantom si parar de masticar chicle) con el R&R actualizado ‘Cry baby’, por la parte antañona la romántica ‘I won’t stand in your way’ que bailaba la dama del primer párrafo…

Slim Jim, el más cool y figurín, no dejó de mascar chicle (foto: Piru Lamiako).

Prosiguieron con instrumentales, entre ellos el ‘Misirlou’ surfero dedicado a Dick Dale, hits totales e intergeneracionales como ‘Sexy + 17’, rocanroles cromados como ‘Bring it it back again’ cantado por Lee Rcker o el inimitable ‘Blast off’ que puso a filmar a mogollón de móviles (y es que ellos son inimitables, y por eso más ridícula sonó la frase que dijeron antes sobre el mismo escenario los Living End, que ufanos se etiquetaron como los mejores émulos de los gatunos en toda Australia), el estirado ‘Fishnet stockings’ («¿os gusta el rockabilly?», pregunto antes de arrancarla Setzer), más dos bises, el primero con ‘Rock this town’ y el segundo con ‘Built for speed’ y ‘Rumble in Brighton’, remate de un show del que siempre nos acordaremos y del que ahora estarán hablando por toda Europa y América. Pues sí: en su nueva vida Brian Setzer, Slim Jim Phantom y Lee Rocker darán muchas alegrías. Al menos durante lo que dure la gira.

ÓSCAR CUBILLO

 

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Micky & the Buzz contra el viento

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A pesar del encuadre, tenían mucha gente delante Micky & The Buzz (foto: Marq Sutherland).

El honor de dar el pistoletazo de salida al 18º Azkena Rock Festival recayó sobre el quinteto rocabilesco bilbaíno Micky & The Buzz, con la simpática cantante italiana Micky Paiano al micrófono (también en los punkis Shöck) más cuatro tipos curtidos en la escena local, en grupos como Bilbobillies, Cherry Boppers, Longboards o esos Jukebox Racket donde militó su guitarrista y jefe en la sombra, Carlos Beltrán, armado con la primera Gretsch de la jornada muy orgulloso de compartir ese escenario grande con los cabezas de cartel de ese viernes, Los Stray Cats, que tocarían en el mismo escenario cuatro horas después.

Había mogollón de rockeros y moteros, de greasers y peggy sues entre el respetable, y es que en la plancha de la jornada al menos coincidían cinco grupos tuperianos, o sea de rock and roll clásico. Y la peña se preguntaba: ¿Versionarían Micky y El Zumbido a Los Gatos Descarriados neoyorquinos? Pues sí, entre las 14 canciones que sonaron en sus 41 minutos, recuperaron el ‘Was’n that good’ que tocaban los Stray cats y que a su vez era versión de Wynonie Harris. Y es que los italobilbaínos se centran en las versiones del rock and roll antañón y negroide, aunque en Mendizabala estrenaron dos originales: ‘I walk alone’, un tema gótico que nos recordó a los suizos Hillbilly Moon Explosion, otro grupo rocker con chica al micrófono que actuaría en el Azkena de madrugada («La hemos tocado por primera vez para vosotros», informó la vocalista Micky, más simpática y contenta que nunca, que puso caritas y bailó todo el rato, como siempre, pero al estar tan lejos parecía que lo hacía para ella), y el rock and roll gritón ‘(Hurry up) Coffee to go’.

No se arredraron ante el clima reinante ni debido a la responsabilidad de actuar ante un respetable tan abundante. Lo malo de su concierto fue que había poco volumen y hacía demasiado viento lateral, con lo cual su pegada se difuminó bastante. No obstante, la roquería tempranera, llegada de todos los puntos cardinales para ver después a los Stray Cats, mientras hacía exhibiciones de postureo para dejarse ver como pavos (y pavas) reales, disfrutó del cóctel de swing, rhythm and blues negro y proto rock and roll, de exótica y high school servido por Micky & The Buzz, con tribalismos (‘Georgia slop’), R&R pionero femenino (‘Fujijama mama’ de Wanda Jackson; yo la verdad es que ya estoy un poco harto de este feminismo sobrevenido en el rock, pues parece que las mujeres estaban prohibidas en la música, un negocio capitalista que les ha dado cancha en el blues y el flamenco, en el rock and roll fundador, el soul sesentero o la nueva ola, desde Bessie Smith y Janis Martin o Aretha hasta Chrissie Hynde o Lula, se me ocurre ahora por no citar a Alaska o el tropel de vaqueras del country), o una canción en italiano de Mina, ‘Tintarella di luna’, antes de la cual dijo Micky, muy sexy y mostrando sus numerosos tatuajes (ella misma es tatuadora): «Como castigo porque os veo muy flojos os voy a cantar una en mi idioma». Ay, dulce castigo.

ÓSCAR CUBILLO

 

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El batiburrillo de The Living End

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A los australianos The Living End les quedó grande el escenario y largo el repertorio (foto: Piru Lamiako).

El segundo grupo rocabilesco de los cinco de la plancha del viernes en el Azkena fue el australiano The Living End (Melbourne, 1997), que actuó en el escenario principal entre los bilbaínos inaugurales Micky & The Buzz y los cabezas de cartel neoyorquinos The Stray Cats. The Living End también es un trío etiquetado de punkabilly, como los yanquis, y en él resisten dos de sus miembros originales: Chris Cheney (guitarra y voz; la segunda Grestch del viernes) y Scott Owen (contrabajo), a los que apoya desde 2002 Andy Strachan (batería). Lo malo es que dieron la impresión de que no se lo pasan bien con lo que hacen, que se lo toman como un curro. Y eso que tenían en las filas delanteras a un tropel de fans que no pararon de cantar y hasta de abrazarse emocionados.

Los tipos comenzaron su carrera facturando rockabilly, pero con el tiempo han ido evolucionando hacia un punk comparable con Green Day que les pueda abrir más el mercado. Eso que en su primera década varios de sus discos lograron dar en la diana en Asia. Pero se les ve el cartón al intentar abarcar tantos estilos arbitrados de manera funcionarial y poco creíble. Perjudicados por la luz solar, con más volumen que Micky & The Buzz pero empequeñecidos en un escenario inmenso (en una sala lo suyo funcionaría mejor, suponemos), The Living End en el ARF tocaron unas 15 canciones en 46 minutos rutinarios y alimenticios, con el punto de mira puesto en un mercado comercial al que difícilmente accederán. Pero soñar es gratis.

Tienen buena fama entre los rockers, demasiada a tenor de lo ofrecido en Vitoria. El líder Chris Cheney llegó a decir: «Esta es la canción heavy». Y pensé en qué descaro el suyo al picar en estilos ajenos. «Y mira que tocarla con contrabajo», alegó el espectador Óscar Esteban, que antes había observado: «Anda que tocar una canción tipo AC/DC con guitarra Gretsch».

El batiburrillo de los australianos, el pastiche de los tres de Melbourne empezó rocanrolero y purista (‘Till the end’), siempre con poca chispa, y al de poco se introdujeron en terrenos extraños a su origen rocabilesco donde chapotearon con poca gracia hasta provocar aburrimiento, o cuando menos desinterés: en punk juvenil californiano que persigue sin rubor el éxito (‘Roll on’), surf guitarrero que devino en ska cansino (‘All torn down’), punk-rock comercial a lo Offspring pero aun con menos credibilidad, un tema puro The Smiths (oír para creer), punk celta, boogie psicótico instrumental, y la última, la hostelera y coreable en plan beodo ‘El tío Harry’, antes de la cual dijeron los antípodas: «Gracias por venir a vernos». Sí, porque a oírlo…

ÓSCAR CUBILLO

 

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El resto de mi jornada

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Tras el show de los Stray Cats, todos divirtiéndose sólo Óscar currando (imagen de móvil: Torkel).

A priori, la plancha del viernes en el 18 ARF era mejor que la del sábado, pero tanto conservadurismo estético en la selección de grupos (al menos cinco nombres asimilables al rockabilly, contando a la canadiense Tami Neilson en la Virgen Blanca) y la poca personalidad de las bandas consideradas medias del cartel provocaron que el nivel general naufragara. Aunque al menos no llovió ese día en el Azkena, como se temía.

Como debí escribir a todo correr por un portátil para El Correo bastantes conciertos (tres el mismo viernes), me perdí algunas cosas que me apetecían y otras que solo me generaban curiosidad. Aparte de las tres actuaciones comentadas en este post y del bolo matutino en la Virgen Blanca con la cantante rocabilesca canadiense Tami Nielson, que nos contó su vida, se salió de la tabla en los números ágiles, un poco de exótica ya probó y varios lentos le quedaron muy cool, no así la versión del ‘Es un mundo de hombres’ de James Brown, picoteamos por Deadland Ritual, supergrupo con peña de Apocalyptica, Black Sabbath, Billy Idol y Guns N Roses que no pasó de lo manido con su hard rock setentero (¿no había títulos como ‘Luces de neón’ y ‘La ciudad de noche’?) y por unos Lucero que al arbitrar un rock americano con poca personalidad sonaron bajo y mal conjuntados entre ellos (en lo que vimos el batería y el bajista iban cada cual por su cuenta, y nos contaron que el bajista iba muy beodo además).

El enmascarado Deke Dickerson liderado a Blind Rage And Violence (foto: Piru Lamiako).

Después de los Stray Cats vimos un poco de The Blackberry Smoke, los del rock sureño, que dejaron una mejor impresión que hace varios años, aunque tuvieron detalles chungos como estilar solos sin sentido, a modo de relleno, o pedir coros de mala manera (ahora las chicas, y el cantante ponía voz aguda), y otro poco de los australianos The Tropical Fuck Storm, cuatro músicos con dos ex Drones (entre ellos el líder Gareth Liddiard) y tres chicas que facturaron buen rock antípoda al que habría venido bien abreviar ciertos pasajes ruidistas, según concluyeron numerosos espectadores.

Y luego, antes de pasar un rato por los decepcionantes (porque estábamos demasiado atrás en la carpa, quienes estuvieron delante lo fliparon) Blind Rage & Violence, unos garajeros rock-a-rollers capitaneados por un enmascarado Deke Dickerson, también vimos bastante (y oímos, pues las tres últimas canciones las seguimos desde detrás del escenario, pero fuera del recinto, buscando el coche, je, je: ‘Planet Claire’, ‘6060-842’ y ‘Rock Lobster’) de los B-52’s en septeto, con cuatro músicos mercenarios a modo de banda funk a lo Talking Heads (el bajo retumbante se cargó la mezcla y el show, y al baterista genial apenas se le oía y era una pena; lo oímos todo mejor al final, desde detrás del escenario principal, el God) más tres supervivientes a los micros, los cuales mantuvieron su personalidad (las chicas con sus grititos y voces cultas y sus saltitos durante todo el show, el tipo con sus réplicas y más justo de forma física), y no estuvieron mal (de hecho estuvieron bien), o sea que no entiendo los comentarios de los que los descalifican de modo gratuito y autosuficiente.

ÓSCAR CUBILLO

Las damas de los B-52’s cantaron genial y bailaron todo el rato: Kate Pierson con moño y Cindy Wilson de pelo rosa (foto: ARF).

Fred Schneider, más justo físicamente, replicó con su estilo vocal en los B-52 (foto: Facebook ARF).

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