14º BBK Live / Rosalía + …: El impresionante y apretado gran llenazo

La peña ante Rosalía: no cabía ni un alfiler (foto: Facebook Last Tour).

CAL: *

Viernes 12 de julio de 2019, Bilbao, Kobetamendi, 23 h, 62 € + gastos (bono tres días: 160 € + gastos).

 

Rosalía, el gran reclamo del BBK Live, agotó las entradas del día y llenó la campa de chicas jovencísimas. Su medido y meditado concierto no estuvo mal y ella atesora el carisma de lo que está de moda.

Asistencia oficial: 40.000 almas (sold out).

Diez horas y media pasé desde que salí de casa y volví a mi hogar en la madrugada (ambos trayectos en metro, bus festivalero y caminata campera; casi dos horas y media me ocuparon). En total, el viernes vi a 9 grupos, de nivel medio aceptable, mejores que el jueves.

 

El viernes, segunda de las tres jornadas del BBK Live de ‘Rosaliam’ (se lo he copiado a mi tocayo Cine), ya se petó la cima del monte Kobetas debido a las 40.000 personas que querían ver a Rosalía. Llegué a las 6 menos cinco para ver al trío madrileño Antifan (CAL: -), que de por sí debe de ser un coñazo y para más inri tuvieron problemas con la técnica. «Nos vamos a presentar. Somos Antifan, el trío más deprimente de Madrid», dijo su cantante al principio, y más tarde, entre las tribulaciones, apostilló resignado: «Somos unos cenizos».

En la mañana del viernes, el día de su actuación en el escenario Firestone del 14 BBK Live, Antifan solo tenían 273 seguidores en su Facebook. Y eso que están relacionados con el rapero C. Tangana, exnovio de Rosalía, que tiene más de 75.000. Los madrileños actuaron en el escenario más pequeño en trío: Jerva, I-ACE (estos dos son miembros de Agorazein, donde también milita Tangana) y Hartosopash, y lo hicieron con estética antiestival, literalmente gris total, desganados y de cara al sol.

Claro: a este soniquete sintético lo peor que le puede pasar es que lo expongan al aire libre, a la luz del día, en el campo y bajo un sol de justicia que les diera de cara. Los llamados sonidos urbanos es lo que tienen. Y a Antifan encima les falló la técnica: había una crepitación de fondo y al cantante tuvo problemas con el micrófono: «Sin autotune, sin reverb, sin delay. Cantaré como antes». Y así, sin brío ni apenas pericia, en 42 minutos cansinos les dio tiempo a lanzar 11 piezas, con poca influencia trap porque el micro se petó y mucha del after punk español con deje de Parálisis Permanente y Ana Curra en títulos como ‘Descontrol’, ‘Mi mundo’ o ‘Baila’. Al igual que los vampiros, seguro que de noche funcionarían mejor. En total les verían unas 200 personas solamente.

Luego, en el escenario principal, vi un ratito de los catalanes Mourn (CAL: *), tres chicas y un baterista (en su Facebook sólo salen ellas posando en las dos fotos principales) vestidos de violeta feminista que con dos guitarras, honda seguridad escénica y capacidad para llenar el espacio infinito y soleado descargaron un rock alternativo noventero que me hizo pensar en que Belako en el mismo rollo estarían muy bien.

Los seis de Second en directo, cinco minutos antes de salir a escena (foto: Facebook Second).

Y luego vi enteros a Second (CAL: *), murcianos con 22 años de carrera y nueve álbumes oficiales que se mostraron ilusionados por debutar en el BBK Live: «Por fin. Ha costado. Por eso nos sentimos como unos inexpertos», dijo su cantante al presentar una canción con título apropiado. Desde la primera canción persiguieron la interacción con el respetable: le rascaron palmas incluso en plan Queen, le pidieron coros ampulosos, y hasta lograron que brincara brazos en alto.

Indie comercial (lo cual es un oxímoron) serio y solvente arbitraron los murcianos en el escenario Bestean, el segundo en importancia del BBK Live. Vinieron presentando su álbum ’Anillos y raíces’ y, aunque todas sus canciones son muy parecidas, homogéneas, se les podría comparar con Love Of Lesbian (por la ampulosidad, la querencia espacial, el afán de trascendencia en títulos tipo ‘En otra dimensión’), Shinova (por la teatralidad de su cantante, por ejemplo en ‘2502’), Bunbury / Mastodonte (la voz pomposa en ‘Rodamos’, la del verso «unamos nuestros cuerpos, nuestros besos, nuestros besos»), Izal (‘Nivel inexperto’, ya lo habrán relacionado con el párrafo anterior los lectores atentos), Elefantes (‘Invierno dulce’), Vetusta Morla (‘Rincón exquisito’), Supersubmarina (‘Mira a la gente’) y hasta a Camilo Sesto, créanselo (‘Primera vez’).

Pop comercial, conservador, orgánico y muy festivalero el suyo. No en vano, su nombre se repite en las programaciones de tantos festivales (este año 2019 en Low Festiva, Santander Music, Arenal Sound, Sonorama, Cooltural Fest, Festival Gigante, Granada Sound, Sum Festival, etc.). El nutrido público los cantó y les jaleó diciendo «Viva Murcia» en un concierto en sexteto de 11 canciones en 58 minutos que resultó superior a casi todo lo de la víspera y casi también a casi todo de lo del viernes.

Los seis de Second abrazados y saludando al acabar su show conservador (foto: Facebook Last Tour).

Luego vi un cacho de la boy band rapera texana Brockhampton (CAL: -) en el escenario principal. Mientras tecleaba el texto anterior para El Correo, los texanos con sus graves hacían vibrar por entero la caseta de la prensa. Fue un subproducto pregrabado en un escenario desnudo con una escalinata alargada para moverse por ella como en un plató. Olvidable totalmente su propuesta. Después me acerqué al escenario Txiki y vi un cachito de la guipuzcoana Anari (CAL: -), la cual, aunque tiene una banda de acompañamiento estupenda (a la guitarra va el elgoibarrés Ander Mujika, ex Napoka Iria y ahora también con Jabier Muguruza), lleva tiempo atascada en un estilismo de rock americano crepuscular a lo The Walkabouts al que ya llega a perjudicar su forma de cantar, que del lamento reverberante ha mutado en una suerte de balido recurrente y a veces irritante.

La escalinata, el humo y la nada de Brockhampton (foto: Facebook Last Tour).

Luego los Idles (CAL: *), cinco frikis de Bristol, salieron al escenario Bestean, el segundo en importancia, vestidos como turistas en Mallorca: bañadores, camisas hawaianas, camisetas de tirantes, balones de playa… Y al frente de todos, su cantante Joe Talbot, una bestia escénica: se golpeaba el pecho con fuerza, escupía al aire, se quitaba los mocos lanzándolos contra el suelo como un futbolista, nos miraba con cara asesina… Pero no pudo evitar la sensación de reiteración de su cancionero.

La patrulla after punk gestada en Bristol hace diez años dio el pelotazo en el underground british con su disco debut, ‘Brutalism’ (17), y ahora anda estirando el chicle con su reválida, ‘Joy As An Act Of Resistance’ (18),  o sea ‘La alegría como un acto de resistencia’. Algunos dicen que es una de las bandas de rock and roll del momento, pero a pesar de los videos molones y macarras que se marcan, el elogio les queda grande, empezando por tirar de influencias nada inventivas, del siniestrismo de los 80 al posthardcore de Fugazi. Pero bueno, al menos rabia y dominio de las tablas ya demostraron. Con sonido afilado, sincopado y demasiado reiterativo, cantaron a sus orígenes de clase media en ‘I’m scum’, tras decir que les gusta España y el Basque Country nos dedicaron una titulada ‘Love song’, y se posicionaron en favor de los inmigrantes en ‘Danny Nedelko’, tan gritada como harían los Clash. Idles dicen que no son punks, pero provocaron peligrosos pogos reproducidos en las pantallas de video.

Dos de los cinco Idles ante la masa (foto: Facebook Last Tour).

Y luego vi a Rosalía (CAL: *) en el ‘El mal querer tour’ tan mundial. Era su segunda visita a Bilbao. No debía cubrir para El Correo su concierto (hum… algunos opinan que llevaba pregrabados incluso los coros flamencos), pero si molaba lo escribiría para el blog, para mi memoria (ya la vimos en su primera visita a Bilbao, en marzo de 2017 en La Alhóndiga; así lo contamos). Al oír las dos primeras canciones me dije, me piro a ver a The Intergalactic Republic Of Kongo en el escenario Txiki, ¡pero no pude salir! ¡La masa estaba tan compacta que me quedé atorado! Había llegado con antelación para pillar sitio y ver el evento con Carlos Benito, y debíamos de estar a escasos metros el uno del otro, pero no nos localizamos. Por eso, por no poder irme, vi entero y sin tomar notas su show de unos 55 minutos para unas 19 piezas (se supone que este setlist), con ella arropada por seis bailarinas de blanco, un cuádruple cuadro flamenco de negro y paritario, más El Guincho a cargo de las programaciones (hasta las de la guitarra). El núcleo central del repertorio fue bastante curioso y paladeable, y el momento más logrado fue el cantar a capella ‘Catalina’, inundando Rosalía la noche.

Abrió con cuerpo de baile femenino tipo R&B americano televisivo y un vestido de hurí (el mismo que usó en USA, en el festival Coachella, y no se lo cambió en toda la noche) en un ‘Pienso en tu mirá’ efectista, y aún pienso en los dobles sentidos sexuales de ‘Como Alí’. La versión de James Blake ‘Barefoot in the park’ la llevó a su terreno y más o menos entonces yo pensé que lo había visto todo, me quise ir, pero no pude salir. De ‘Madrugá’ aplicó el flamenco a la globalidad y su hito lo logró con la mentada ‘Catalina’ a capella. El pasaje flamenco tuvo además la versión de Las Grecas ‘Te estoy amando locamente’, y yo resignado a verlo entero no me importaba la circunstancia porque la cosa había mejorado lo inopinado.

Rosalía ante la gran pantalla (foto: EITB).

Siguió con ballets de video clip (todo estaba muy medido, como en un playback televisivo) y hablándonos a veces en euskera y diciendo siempre Bilbo. Un momento de respiro se vivió durante un pasaje con su imagen en video en la gran pantalla haciendo cucamonas con cara de niña felina («vaya cara luce y sólo tiene 24 años», dijo a una amiga una espectadora de edad similar). Otro sincero fue cuando bajó entre el público a regalar un abanico y estrechó manos con sinceridad, humanizándose.

¿Y las canciones? Pues una muy lograda y cani ‘Con altura’, el descenso por el epílogo paradójicamente con ‘Aute cuture’ y ‘Malamente’, quizá porque estábamos ahítos de la misma fórmula de ritmos sintéticos, jadeos rosalíos y palmas flamencas. Hizo mutis y hubo un bis, estrenando mundialmente su nueva canción ‘Dios nos libre del dinero’.

Después del seísmo de la catalana, los británicos Suede (CAL: *), habituales de los festivales de Last Tour (estuvieron en el BBK Live de 2011, también los he visto en el BIME Live), con su vocalista y líder el dandy Brett Anderson estelar y excitado quizá por actuar ante tantísima gente, irradiaron rock astral muy glam y muy a lo David Bowie con un momento para la memoria que pareció síntoma del éxtasis interno (no lo digo con doble sentido) que movía a Brett: ese en el que bajó a cantar entre la gente arrastrando el cable de su micrófono. Grande Brett. Auténtico también.

Julian Casablancas, cantante de los Strokes, y el batería Fabrizio Moretti (foto: El Diario Vasco).

Y los pijoteros neoyorquinos The Strokes (CAL: *), en teoría los grandes cabezas de cartel de la jornada y de todo el 14 BBK Live (cuentan que son los que más cobraron), salieron con diez minutos de retraso, a la 1.45 de la madrugada, al escenario principal, donde bastante estáticos y muy concentrados en la tarea recrearon su cancionero autoestilista y bastante Television, con buenos momentos como ‘Reptilia’ y otros éxitos de sus inicios durante el cambio del milenio.

OSCAR CUBILLO

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