Jamie Cullum: ¿Jazz? ¿Qué jazz?

Jamie Cullum a punto de saltar desde el piano en su primer tema (foto: Facebook Heineken Jazzaldia).

CAL: **

Miércoles 24 de julio de 2019, San Sebastián, Playa La Zurriola, 23.30 h, entrada libre.

 

Ante miles de personas entregadas (¿20.000?) a las que dominó a su antojo, el peluche del jazz británico tocó indie pop, rock operístico tipo Elton, afrobeat y varios standards redondos y comunicativos en el gran concierto inaugural del 54 Festival de Jazz donostiarra

 

El 54 Festival Internacional de Jazz de San Sebastián durará cinco días, entre el miércoles 24 y el domingo 28 de julio. Desplegará 100 actuaciones sobre 15 escenarios, de las cuales más de dos tercios serán con entrada libre. Presenciamos las 8 actuaciones del miércoles, la jornada inaugural, todas gratuitas y celebradas al aire libre alrededor del Kursaal. De jazz-jazz fueron sólo dos, las de la big band Saxophone Con-Clave y el trombonista Dan Barrett. No obstante, en lo que se cuenta como la inauguración más multitudinaria de las últimas ediciones, se oyeron más lenguas extranjeras que durante el pasado Bilbao BBK Live y el ambiente fue más limpio y melómano y el cartel más atractivo que el que tendremos, por ejemplo, en la Semana Grande bilbaína.

Repasemos lo que catamos en el primer día. A las 7.30 horas de la tarde se simultaneaban tres conciertos: del cantante anglo-nigeriano Ola Onabulé en sexteto hotelero, pulcro y retro entonando soul-jazz convencional, como de fondo, con aire de crooner soft algo Jackie Wilson; a la guitarrista japonesa Rio en power-trio eyectando blues-rock progresivo como si fuesen tres texanos, ora efectista a lo Popa Chubby amarillo y escuálido, ora funkie vía Keziah Jones, y vestida con un vestido colorista que reprocharía la mismísima Pipi Calzaslargas; y Saxophone Con-Clave, big band americana de doce miembros (siete metales, tres percusiones –a una de ellas la única chica-, piano y contrabajo) que atrapó el jazz americano en el ritmo de la clave cubana, agarrotando casi todo, aunque siempre mola oír a una big band.

La japonesa Rio eyectando blues-rock americano (imagen de móvil: O.C.E.).

A las 8.45 la diva del hippismo Joan Báez sirvió uno de los platos fuertes en la playa de La Zurriola en el seno de su tour del agur o gira mundial de despedida, dando un concierto bonito, entrañable, sincero, creciente, no político o panfletario (aunque cantara sobre Obama, sobre los refugiados y sobre el sindicalista y cantautor primigenio Joe Hill), trilingüe (inglés, castellano y euskera) y basado en las versiones (tres de Dylan, el ‘Imagine’, ‘The Boxer’, canciones de libertad negras basadas en el góspel, más de Serrat, Mikel Laboa, el ‘Gracias a la vida’…). El texto está disponible al completo en El Correo Digital.

Tras la Báez, compaginé los tres conciertos de las 10.15 de la noche alrededor del Kursaal: el del trío batería-Hammond-guitarra Elkano Browning Cream, internacional pero liderado por el teclista oficial de los Travellin’ Brothers, el donostiarra Mikel Azpiroz, que sonó mejor en los instrumentales cosmopolitas, integrados y sugerentes de baile espacial que en los temas cantados; la propuesta audiovisual de los maquineros morunos Love & Revenge con un programa llamado ‘Music And Cinema From The Arab World’ y ejecutado por tres tipos a los aparatos y un cuarto al laúd eléctrico que pusieron música a los fragmentos peliculeros de fondo, de sensualidad reprimida y visión de la vida machista con los minaretes al fondo de la imagen; y el concierto de jazz más purista o tradicionalista del miércoles, el del quinteto internacional (de Australia a Inglaterra pasando por California y Munich) Dan Barrett Classic Jazz All Stars, cuyo líder y trombonista se cruzó esa tarde en San Sebastián por primera vez en cuarenta años con su viejo amigo el jefe de la orquesta Saxophone Con-Clave. Barret versionó a Johnny Hodges, Louis Armstrong o los Ink Spots vía Count Basie en un estilo retro tan del gusto de Woody Allen que quizá hasta estuviera sentado en esa terraza, pues el maestro cineasta neoyorquino está rodando su nueva película en San Sebastián. ¡Viva Woody!

Los ocho oficiantes durante el concierto de Jamie Cullum (foto: Piru Lamiako).

Todo esto pude ver porque había planeado la excursión a San Sebastián con el gran objetivo de disfrutar del pianista de jazz-pop inglés Jamie Cullum (Rochford, Essex, 20 de agosto de 1979), quien a pocos días cumplir los 40 mostró una pinta aniñada más atractiva que la de Coque Malla e irradió un envidiable dinamismo que le impide frenarse en escena: saltó desde el piano, bajó a cantar cerca del público, bailó como un primate electrocutado, se movió por todo el tablado, interactuó con sus músicos y el público megaVIP que siguió el bolo desde el lateral del escenario, y sudó la ropa: se quitó la chaqueta y con ella tapó el objetivo de una cámara, mojó la camisa con una leyenda en la espalda que ponía ‘peerless’ o sea sin igual, y al final se quedó con la camiseta interior negra, en cuyo pecho tenía impresos una trompeta y el nombre de Chet (Baker, sí).

Jamie con la camiseta de Chet Baker (foto: Piru Lamiako).

Conste que no mucho jazz hubo en el show total de Jamie Cullum, que insufló mucho brit pop y hasta rock operístico a lo Elton John en una actuación de una veintena de cachos en 116 minutos en ochote (él de centro total, cinco músicos jóvenes, magistrales y también de negro, más dos coristas negras jóvenes y con sobrepeso al uso). El bueno de Jamie se tiró todo el rato peloteándonos (no se quitaba de la boca lo de Donostia, San Sebastián, afirmó que era una noche inolvidable, también dijo que no se lo podía creer, improvisó un tema sobre la marcha halagando a la Bella Easo, al acabar la comercial y coral ‘Everything You Didn’t Do’ informó que no la tocaba desde hacía cuatro años cuando actuó en ese mismo arenal en esa edición en que dio tres actuaciones distintas…), pero también supo concretar las canciones, pues no perdió el hilo (esa presentación de los músicos con el breve solo de batería final), cantó estupendamente, alternó la introversión pianista con la alegría global (de los coros ohh ohh del brit pop al bullente ritmo de Nueva Orleans e incluso del afrobeat), y se salió de la tabla en algunas versiones puristas (aunque el ‘Sinnerman’ de Nina Simone lo cambió tanto que aún estoy intentado identificarlo).

Jamie Cullum en el centro del haz de luces tan brit pop (foto: Facebook Heineken Jazzaldia).

La velada arrancó  con trompeta fronteriza a modo de prólogo al soul escuela Ray Charles ‘When I Get Famous’, que amalgamó el ensueño de un James Hunter deluxe, el aparato sentimental de Elton John, el baile retrojuvenil del ágil líder y su primer salto desde el piano. Blues a lo Harry Connick Jr fue ‘Taller’ (más alto, por la altura), título de su nuevo disco, primero en cinco años, donde reflexiona sobre la vida, y al acabarlo saludó: «Eskerrik asko. Gracias Donostia, San Sebastián», y siguió en inglés: «Nos encanta esta parte del mundo, vuestra hermosa ciudad, los pinchos, vuestras playas, edificios y hospitalidad. Nos sentimos afortunados por estar en este escenario», y procedió a cantar la novedosa ‘Drink’, tan británica y aparatosa que medró del pop de Windmill al rock de Elton. «Siento que escribí esta canción para cantarla en este momento», aseguró al acabarla con la cercanía que le caracteriza.

Jamie saltando desde el piano con los dos chavales que se lo pidieron con la pancartita (foto: Piru Lamiako).

El concierto nunca decayó, aunque sus argumentos fueran distintos en ritmos e intensidades, de lo sentimental del musical yanqui a lo emocional del indie inglés. A la muy New Orleans ‘The man’ de The Killers, de la película protagonizada por Michael Caine sobre cacos ancianos ingleses ‘Rey de ladrones’ (este es el tráiler), le insertó en la mitad un cacho carnavalesco del Professor Longhair al que sólo le faltaron los silbidos, y cuando lo acabó invitó a dos críos a saltar con él desde el piano, pues les había visto mostrando una pancartita donde le pedían: ¿Puedo saltar desde el piano contigo?

Había buen ambiente y todos se lo pasaban bien arriba y abajo del escenario. Jamie dio un campanazo con la balada jazz after hours ‘What a Difference a Day Makes’, popularizada por Dinah Washington y que puso a la gente aullando de satisfacción bajo la luna. Seguidamente el incontrolable y moderno Jamie se dejó influir por el hip-hop, actuó como un Stevie Wonder del siglo XXI, y comentó que tenían un nuevo presidente no elegido (Boris Johnson; como nuestro Pedro Sánchez, ¿no?) y que quería salirse de Europa, pero que ellos no estaban ellos de acuerdo sino que preferían la ‘inclusión’ y la ‘frienship / amistad’ de la unión, justo antes de cantar ‘Mankind / Humanidad’, de su último disco ‘Taller’, que interpretó en quinteto acústico e indie puesto en pie al borde del tablado.

Cantando ‘Mankind / Humanidad’ en quinteto indie gospel (foto: Piru Lamiako).

Los momentos estupendos eran numerosos y distintos, y Jamie Cullum volvió a acertar en la diana con otro clásico, ‘Just a Gigolo’ de Louis Prima (curiosamente la versión más famosa en España es la que hizo el donostiarra Javier Gurruchaga con la Orquesta Mondragón), que fue cuando Jamie bajó del tablado y chocó las manos de decenas de espectadores de la primera fila tras la valla de seguridad. Prosiguió con bailes y los gritos de ‘olé olé’ a lo Shakira en un tema afrobeat (joder: este era el ‘Sinnerman’ de Nina Simone), hizo ruiditos free jazz, se marcó una balada ampulosa y pop a lo James Blunt contenida en último disco (‘The Age of Anxiety‘), voló todos los granos de arena de la playa con la latina en plan ‘La máscara’ de Brian Setzer en la colosal ‘You and me are gone’, con la gente dando palmas manos arriba, en el bis hubo otro híbrido a lo Windmill / Elton John con coros ooohhh muy del BBK Live (‘Mixtape’), y al final se quedó solo con el piano, improvisó una canción para San Sebastián y la enlazó con el ‘I got you under my skin’ afamada por Sinatra.

Un concierto muy transversal (gustó a todo tipo de público), muy moderno (no pareció retro en ningún momento) y muy mestizo (desde las llamadas a la hermandad global hasta la mezcal de estilos, del afrobeat al brit pop).

ÓSCAR CUBILLO

 

Fragmento de Jamie Cullum en San Sebastián, bailando bajo el piano en la pieza que fusila al Professor Longhair y enlaza con el tema peliculero de Michael Caine:

 

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