CINE: ‘Los días que vendrán’ + ’10.000 km’: Los significantes de Carlos Marqués-Marcet

Carlos Marqués-Marcet confirma con ‘Los días que vendrán’ su posición al alza en la cinematografía española.

 

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno ‘Los días que vendrán’: 28 de junio de 2019

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Director: Carlos Marqués-Marcet

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Calificación ’10.000 km’: 3 estrellas de 5

Calificación ’Los días que vendrán’: 4 estrellas de 5

 

El estreno en el mes de julio de ‘Los días que vendrán’ ha servido para confirmar, tras su ópera prima ‘10.000 km’, el valor de su director, Carlos Marqués-Marcet, en el panorama cinematográfico español. Es un cineasta heredero de la Escuela de Barcelona que sigue demostrando la fuerza e interés de los directores catalanes por la teórica cinematográfica: el discernimiento de las imágenes y la preocupación por el conflicto ontológico del cinematógrafo: «¿Qué es lo que hace reales a las imágenes impresas en el celuloide o en los elementos fotosensibles del sensor de imagen?».

Junto a Marqués-Marcet hay que destacar la irrupción, también en el cine catalán, de Carla Simón y su magnífica ‘Estiu 1993’. Nuevos aires para un arte siempre en continuo desafío.

 

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La imagen impresa

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En el año 2014, el director de cine catalán Carlos Marqués-Marcet (Barcelona, 1983) debuta en el cine de ficción con ‘10.000 Km’ llevándose el galardón a la mejor película en el Festival de Málaga y el Goya a la mejor dirección novel. Como tantos otros directores catalanes actuales, la influencia que recibe de José Luis Guerín (Barcelona, 1960) es inmensa: Guerín es el intelectual del cine, el teórico preocupado por la ficcionalización de la imagen real, por la ontología de lo filmado. El film de Guerín ‘Tren de sombras’ (1997) indagaba dentro de las escenas reales filmadas por un abogado muerto en extrañas circunstancias en 1930, analizando en detalle (mediante moviolas o congelación del fotograma) esas imágenes impresas en el celuloide tras ser expuestas a la luz. Después de ‘Tren de sombras’ Guerín deslumbró con su docu-ficción ‘En construcción’ (2000), donde captaba con la cámara el proceso de transformación de un barrio de Barcelona, especialmente en ese proceso de vida filmada, de habitantes que observaban la destrucción de lo “viejo” (lo suyo) para presenciar la creación de algo nuevo. La narrativa de ‘En construcción’ surgía de esa transformación imprevisible, al igual que fue imprevisible el propio rodaje de la película (por ejemplo, cuando se descubrieron restos humanos en una de las excavaciones).

La reivindicación ontológica de la imagen lucha por salir al exterior en la filmografía de Marqués-Marcet.

El cineasta Carlos Marqués-Marcet destaca en el cine español actual por su búsqueda de significados en las imágenes. Aunque sus films tienen una arquitectura propia, una preparación de todos sus aspectos técnicos, estas películas trasladan la sensación de veracidad, de vida filmada, tratando de desvelar la “verdad” en las interpretaciones al romper la línea divisoria entre personajes y actores. Su cine funciona como el de Guerín: por una parte, indaga en el misterio de la imagen, bien a través de lo que se muestra y lo que no se muestra, bien a través de la falta de definición de lo filmado (la resolución de la imagen impresa). Por otra parte, en sus películas se asocia la imagen con lo fantasmal, la imagen como elemento impreso, en dos dimensiones (las filmaciones en vídeos caseros, las videollamadas por internet), lejos de la realidad circundante tridimensional. Los dos films de Marqués-Marcet que comentamos en esta reseña, ‘10.000 Km’ y ‘Los días que vendrán’, tratan de moverse a través de aquello que transmiten y trasladan sus imágenes a sus personajes, oponiendo éstas a lo que realmente ellos viven y sienten, tanto ellos como los actores. Para esto, Carlos Marques-Marcet usa las imágenes grabadas en video o bien las comunicaciones a través de Skype como mecanismo de acercamiento y conocimiento de una realidad pretérita o alejada del tiempo y el espacio narrativo, pero también esas imágenes se desvelan como elementos de ficción y falsedad en la vida de los personajes. La definición de la imagen, en sus limitaciones de pixeles, entorpece la comunicación, destruyendo esa asociación ontológica con lo real, creando distancias, bien en ‘10.000 Km’ al convertir a la pareja de novios en extraños, bien en ‘Los días que vendrán’ (con la contemplación del video del nacimiento) estableciendo asociaciones idealizadas que no terminan de cuajar en uno mismo, al extrañarse ante esas imágenes impresas que uno no reconoce.

 

 

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‘10.000 km’: Una relación a distancia

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Tráiler de ’10.000 km’:

 

El primer film de ficción de Carlos Marqués-Marcet encaja perfectamente en las características de estas obras primerizas de autores que tienen mucho que contar. La forma cinematográfica, especialmente en lo que se viene a llamar “puesta en escena”, pone en evidencia, quizá de forma excesivamente evidente, la concepción de su escritura y de su diseño narrativo. ‘10.000 km’ es quizá demasiado académica en su preparación, pero es, también, potente en la veracidad y sustancia de sus significantes. Me refiero con “significantes”, de acuerdo al teórico Christian Metz, al conjunto de configuraciones perceptivas propias de una película (la estructura global de sus imágenes y sonidos) y a sus características como “materia” en tanto que representación de cosas concretas. Los significantes en ‘10.000 Km’ son los propios protagonistas de la película, la pareja formada por Álex (Natalia Tena) y Sergi (David Verdaguer), quienes por razones laborables se ven obligados a distanciarse (ella viviendo en California y él en Barcelona). Personajes que van perdiendo su condición de personas al convertirse en imágenes poco definidas (deformadas por la resolución de los píxeles), en proyecciones sobre las pantallas de ordenador, más en significantes que en seres sensibles, en imágenes que conviven simultáneamente con otras vistas (teclado de chateo, páginas de Photoshop) de la pantalla, para convertirse en “materia” virtual, lejos de su complejidad humana.

La imagen de las personas en pantalla conlleva su cosificación, la eliminación de su complejidad y sentimientos.

La base de la estructura narrativa de ‘10.000 km’ pasa por la secuencia, por el plano-secuencia de más de 15 minutos, del inicio. Alex y Sergi hacen el amor, se levantan, se duchan y después desayunan. Mientras se desarrollan estos acontecimientos cotidianos, Alex recibe un correo en su ordenador. Es una noticia muy positiva para ella, pero desoladora para la pareja: ha conseguido un puesto de trabajo en los Estados Unidos por un año. Mientras desayunan Alex confirma a Sergi que se va a marchar, justo cuando ambos habían tomado la decisión de tener familia. El plano secuencia, aunque resulta en cierta forma artificial, funciona en su cometido de continuidad, de unión, de presencia de la pareja. Esta característica teatral del plano-secuencia deja de tener “existencia” una vez que la película arranca (ella se desplaza y aparece el título de la película en la pantalla). La comunicación entre Alex y Sergi pasa a realizarse con pantallas de ordenador. La imagen proyectada, de poca resolución, pasa a tener el valor ontológico de la presencia. Pero esa misma imagen entra en conflicto consigo misma, en la contradicción ontológica de su veracidad. Por ello, a través de sus múltiples secuencias, variadas e imaginativas, Carlos Marqués-Marcet describe el proceso de descomposición de esta relación. Más que la separación, lo que distancia a la pareja es la propia transformación en “materia” de las personas, su cosificación y su digitalización. Es por ello que Carlos Marqués-Marcet compone un epílogo emocionante para la película: el rencuentro en California de la pareja y el visceral acto sexual, especie de arrebato violento que sirve de mutación de esos seres transformados en piedra y que ahora retornan a seres humanos.

 

 

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‘Los días que vendrán’: La vida en imágenes

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Tráiler ‘Los días que vendrán’:

 

Acercándose al modelo de la docu-ficción, el director Carlos Marques Marcet nos adentra en la experiencia de la maternidad y la paternidad a través de las experiencias personales de sus intérpretes: María Rodríguez Soto y, de nuevo, David Verdaguer. ‘Los días que vendrán’, a pesar de contar con un guion a seis manos, tiene mucho de improvisación, de desvelamiento de la realidad a partir de los registros de la cámara. A los actores María Rodríguez Soto y David Verdaguer, pareja en la realidad, ella embarazada de cuatro meses al comenzar el rodaje, se le somete a una ficción que parte de su propia experiencia: una experiencia inmediata, donde su estado psicológico se superpone a la propia ficción. ‘Los días que vendrán’ trata la historia de un embarazo de una pareja que no está totalmente convencida de su responsabilidad ante el reto de educar a un hijo a través de sus relaciones inestables donde el amor aparece, de vez en cuando, entre los resquicios de la convivencia. Vida convencional en pareja, junto al reto de un cambio inminente en su vida, juegan a la par. La intromisión de un tercero, su futura hija y su propia existencia, se cuela, segundo a segundo, en sus pensamientos y en sus acciones, en sus comportamientos y en sus reflexiones de pareja. El embarazo ahonda en las diferencias entre ambos (sus opiniones de cómo educarle o cómo llamarle) marcando distancias en una relación que se vaticina de poco recorrido.

Ella le echa en cara, continuamente, su condición de pequeño burgués y su ideología de derechas, mientras él la reprende por ese liberalismo hippie desfasado, heredado de sus padres. Lo que sí va cuajando es la conciencia de la existencia de ese “otro ser”, primero en forma de significante antes que de una vida con su propio recorrido, con su propia existencia, al margen de ellos. Por ello adquiere importancia las imágenes filmadas, en una grabación VHS, del nacimiento de la protagonista, Vir (María Rodríguez Soto): un parto natural, sin anestesia, donde se vive con alegría el dolor que da paso a la vida. Lo que expresa el film de forma clara es que el nacimiento implica cambio, sufrimiento. No solo en la propia convivencia diaria, sino también durante el propio parto. El nacimiento implica dolor y el dolor se torna en vida. El video donde ella se ve nacer la hace consciente de su propia existencia, de la importancia de su madre y, por tanto, de su dolor (su cordón umbilical) unido a ella misma. Un dolor que se torna, en ese mismo instante, en felicidad.

Casi como una docu-ficción tanto los personajes de la película como sus actores viven la misma experiencia de la maternidad.

En un momento de la película, los padres de la protagonista se acercan al apartamento de la pareja. Durante la comida, Lluís (David Verdaguer) muestra su ideología burguesa al poner en duda que se pueda seguir conviviendo sin casarse. Este hecho provoca la risa de los futuros abuelos. Ellos distinguen perfectamente que los condicionantes sociales nunca deben interactuar sobre los humanos. El nacimiento es principalmente amor de la madre hacia su hijo y, después, aceptación de una nueva existencia al margen de ella.

GERARDO CREMER

 

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