Coppel & Jairo Martín: Dos bohemios de la capital

En la segunda, ‘La balada de Edu El Rata’ (foto: Carlos García Azpiazu).

CAL: ** / *

Domingo 17 de noviembre de 2019, Bilbao, pub Residence, 13.30 h, entrada libre.

Así lo presentaba, así animaba Óscar Esteban en su Facebook: Conjugar la ironía o el sarcasmo con la música sin renunciar por ello a la transcendencia es una habilidad, como poco, infrecuente. Fuera de España ya perdimos a referentes como Warren Zevon y Dan Hicks, y por aquí también andamos escasos desde que nos dejó Krahe, si bien este último tiene un más que meritorio heredero en Iñigo Coppel, que hoy toca (¡gratis!) en el Residence y en el Coppola con el no menos talentoso Jairo Martín, adalid de la Resistencia bohemia (así, con mayúscula). Corran a coger sitio, beban cerveza, compren sus discos, y apoyen la música en vivo.

 

El caudaloso songwriter dylanita getxotarra Íñigo Coppel y su amigo el oceánico pianista tanguero canario Jairo Martín lograron emocionar en su matinal dominical y llegaron más allá del hábitat hostelero

 

En formato dúo han estado dando tres bolos conjuntos este fin de semana en Bizkaia dos amigos y cantautores bohemios emigrados a Madrid: el guitarrista dylanita getxotarra Coppel divulgando ‘En El Cocodrilo’ y el pianista tanguero canario Jairo Martín haciendo lo propio con ‘La resistencia bohemia’, ambos dos discos en directo registrados en Madrid, el primero en el bar de Johnny Burning y el segundo en el bar La Fídula. Los dos actuaron el pasado viernes en Mungia (Café Zatoz) dando un bolo sólo acreditado a Coppel, pero el domingo compartieron letras de oro en el cartel y protagonismo en sendos bolos dobles en Bilbao: por la mañana en el pub irlandés Residence y por la tarde en la pizzería genuina Coppola, que están cambiando de acera no más, cruzando la calle Barraincúa.

Les vimos actuando en el Coppola en el lejano mayo (así lo contamos) y este noviembre pudimos asistir al Residence, donde echamos de menos dos versiones que interpretaron en primavera: yo me acordé de ‘Dirty Boulevard’ de Lou Reed a cargo de Jairo, y el amigo Óscar Esteban de ésta y de la de Brel que hizo Coppel. Ambas faltaron en el concierto dominical y estupendo a pesar de los hándicaps: el volumen justo, la guitarra opacada por el piano y los parroquianos hablando demasiado en un Residence que se petó. El par de actuantes estuvieron muy bien, pero la ascensión emocional final de Coppel resultó tan epidérmica que se situó un escalón por encima y logró que el consumidor de conciertos Torkel manifestara: «Éste va a más y a más».

17 canciones (dos de Jairo en popurrí, unidas) sonaron durante 85 minutos de bolo doble a la par que conjunto. Pugnando contra el rumor de fondo abrieron fuego con la sentimental ‘Luces de Atocha’; con la guitarra acústica Takemine al hombro el zurdo Coppel interpretó ‘La balada de Edu El Rata’ mientras Jairo dibujaba ragtime al piano; Coppel me dedicó el tango ‘Éramos tan jóvenes’ (algo estoy haciendo mal porque me están dedicando numerosas canciones en positivo); y la cuarta fue ‘En el último asalto’, composición autobiográfica («un temazo», dijo Azpiazu) dedicada al boxeador y Poli Díaz en la que, al igual que en ‘El hombre que mató a Liberty Valence’, el autor apuesta por contar la leyenda y en su canción el derrotado es el poderoso boxeador negro Pernell Whitaker.

«Qué bueno, tío», se oyó decir a alguien. Iba bien la matinal,sí. Yo libaba la pinta de Guinness a la que habían insistido en invitarme Raúl El Guapo y su novia Ainara, el rumor de fondo del pequeño pub menguaba pero persistía, y se veía a muchas mujeres guapas, rubias con nombre y morenas anónimas. Y entonces se quedó a solas en la esquina, tras el teclado, el canario ilustre (así le llamó Coppel) Jairo Marín, quien enlazó una terna tendente a la grandiosidad y al dramatismo con la muy Warren Zevon ‘Buenas noches gran ciudad’ (y sus explícitos ramalazos de tango, ragtime y rock and roll en el estribillo), la oda al ‘Gran Ramón’, el dueño de un bar madrileño donde ejerce de gurú y al que acuden todos los bohemios aunque nunca acierte con sus augurios, y la estupenda ‘Todos los payasos somos tristes’, un tango superior a los de Calamaro, de texto tan melodramático e ingente que incluso habla de océanos.

Piru Lamiako y Javier Barrallo salieron a fumar entre pinta y pinta, y el segundo disparó esta imagen de móvil.

Apabullante y romántico Jairo, intenso en cada verso y fraseo, épico y enfático Coppel, capaz de apaciguar su temperamento, ambos dos expresaron sus historietas, tribulaciones y aventuras asaz verosímiles. «Permítanme que abuse tanto de la capitalidad», se disculpó el canario antes de interpretar unidas y ya a dúo con Coppel ‘Barbie, Barbie, Bárbara’ y ‘En mi coche #2864S’, un coche donde llueve por dentro y una canción en la que el protagonista se lamenta diciendo «pobre Jairo», como tanto hemos oído a Coppel hacer en sus canciones, un Coppel que de seguido enlazó otras tres piezas apabullantes con su firma y ejecutadas en solitario, solo ante el peligro: la dylanita ‘Incidente en Puerto Lápice’, dotada una luenga letra que el trovador vasco sabe de memoria y mediante la cual cuenta las amenazas que recibió por parte de treinta tipos con no más de siete dientes en total y donde logró la interconexión con el respetable (mucha policía…); el estreno de la que ya habíamos oído en Getxo, en la playa de Neguri o Ereaga (así lo contamos), la cual por fin ha redondeado a su gusto, esa también extensa ‘Canción para Woody Allen’, una rendición mitómana muy onomástica y con aroma springsteeniano (al acabar ésta fue cuando sentenció Torkel: «Éste va a más y a más»; por cierto, a la tarde en el Coppola Coppel estrenó otra titulada Si me llego a rendir); y allá por las alturas otra vez en el cantar de gesta ‘Íñigo Coppel viaja a la Edad Media (y el rock and roll salva su vida)’, con más interconexión con el respetable (corría y corría) en lo que es un blues en La, como informa su letra.

Prosiguió Jairo con ‘Tío Ronaldo’, un rock and roll onda Morís donde canta sus andanzas portando un órgano Roland por la ciudad para ganarse la vida (aunque en el Residence usó un Yamaha que le prestó Dani Merino), y con su segunda canción sobre bares, ‘La noche es Violeta’, cuando requirió los coros de la gente para que le interpelara «¿dónde vas Jairo Martín» en Mi mayor, como informó al agradecer la colaboración popular.

Y el epílogo fue muy, muy emocionante: Coppel se lució en la balada derrotada ‘Si algún día yo muriera’ (Dios no lo quiera), la cual podrían versionar Los Secretos, una pieza que me evocó a Brel en su final y que fue emotiva total pero hondamente sincera; hizo lo mismo, o sea lucirse, Jairo con el optimista ‘Las mieles del éxito’, «un resumen de mis años de jolgorio por Madrid» en el cual citó a Moratín por segunda vez en sus canciones de esa mañana y en el que alternó el piano de Bruce y la harmónica de Bob; y se despidieron ambos con una de Coppel: ’14 de enero (caminando como James Cagney pero desnudo)’, la que abre su disco ‘Los nobles salvajes’ (está en Spotify), sentimental y poética, aullada y angustiada. Qué nivel el de Coppel, quien logró trascender a pesar de los hándicaps técnicos y ambientales.

ÓSCAR CUBILLO

Comments
One Response to “Coppel & Jairo Martín: Dos bohemios de la capital”
  1. Óscar cine dice:

    Te invitan a pintas y te dedican canciones.Donde quedó el Cubillo cuyo filo me hacía reír? Ahhh como domestica la edad…

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