The Waterboys: Triunfo tras dos conatos violentos

Mike Scott tenía delante un teleprompter con las letras (foto: Mr. Duck).

CAL: **

Domingo 24 de noviembre de 2019, Bolueta / Bilbao, Santana 27, 21 h, 30-35 €.

 

A pesar de las dos broncas iniciales, Mike Scott y los suyos ofrecieron un show épico, romántico, urbano y muy británico.

Y todo sin pedir palmas ni coritos al respetable veterano: casi 600 almas.

 

Conciertazo el de The Waterboys en la Santana 27 ante casi 600 personas (no acudieron más porque calcularon que no habría metros al acabar el show, y acertaron). Los británicos venían de tocar el viernes en Atenas, Grecia, y el domingo dieron en Bilbao un bolazo de 19 piezas (contando el sobrante solo de batería ‘Blues for Baker’) en 131 minutos con buen sonido y estupenda ejecución en septeto con el refuerzo épico, romántico, urbanita y soulero escuela The Commitments de las dos coristas: una negrita brillante y con turbante que se semejaba a una sultana de Seychelles y una blanca y pálida con bombín y tupé que parecía una prima de Boy George, dos chicas que aportaron vistosidad a la escena, coros en su punto arreglístico (a veces deliciosamente ululantes), coreografías bien traídas y una sensación de pasarlo tan bien como si estuvieran de sábado noche en el centro de la ciudad.

Las dos coristas aportaron alegría, coreografías… (foto: Mr. Duck).

Y eso que no arrancó con bien pie la velada ante The Waterboys, combo gestado en Edimburgo, Escocia, en 1983, y hoy basado en Dublín, Irlanda. Al principio su líder, el mercurial Mike Scott, un edimburgués que cumplirá 61 años el 14 de diciembre, llegó a parar una canción porque algún fotógrafo estaba usando flash: «¿Entendéis mi puto inglés? No uséis los putos flashes porque cegáis a la banda». Un santo con gafas Mike Scott, que ya había solicitado que los fotógrafos no se colocaran frente a él, sino en los laterales (y es que leyó las letras en un teleprompter, letras a veces tan extensas como una suite, y el cegado por los flashes era él). Qué mal rollo: paró una canción, pidió que viniera un técnico suyo, luego sin dejar de tocar tuvo unas palabras con otro fotero… Parece ser que hubo dos flashes: uno desde el público y otro desde el foso de los foteros.

El otro momento de mal rollo y de peligro vivido en el prólogo fue cuando se produjo un conato de enfrentamiento en las primeras filas (ese domingo en la Santana 27 había mucha gente eufórica y no acostumbrada a salir de conciertos). Lo vieron desde arriba los técnicos guiris, avisaron a la seguridad local, y dos seguratas de la sala apagaron el fuego con la capacidad y determinación que les caracteriza, ordenando al molesto espectador («¡yo no he empujado a nadie!», alegaba a los machacas el tipo también cachas) que se retirara a un lateral. Qué curioso: esta bronca acaeció durante la tercera canción, ‘Where the action is’ (donde está la acción), título del último y 13º disco del grupo, del que solo sonaron dos temas. Felicitamos de verdad a estos dos currelas de la única sala en la que hemos visto que se empeñan en cumplir la ley anti tabaco, por ejemplo. Unos benditos los valientes seguratas de la Santana 27 / Fever, oigan.

Pero vayamos a lo que nos ocupa. Al conciertazo de Los Waterboys, rebosante de épica, proyector de un sentimentalismo sincero, capaz de alternar con la naturalidad de un arroyo los componentes célticos (ese violín eléctrico) y el gran rock amasado mediante la cadencia de los Rolling Stones y de Neil Young,  todo dotado del sentido británico de los Madness y hasta de unos Bob Geldof o Elton John de arrabal.

The Waterboys esta vez vinieron en septeto (foto: Mr. Duck).

Al poco de empezar, a la segunda, ya cayó mi favorita ‘Fisherman’s Blues’ (con sus coros uh-ju-jú y Mike Scott a la guitarra acústica de doce cuerdas), los Stones se cruzaron con U2 en la tercera y ya citada ‘Where the action is’ (con Mike a la guitarra eléctrica), y este domingo el líder adelantó a la cuarta posición un ‘The Whole Of The Moon’ que suele reservar para el bis (lo tocó al piano, donde parecía no leer la letra).

A los mentados Madness resonó ‘A Girl Called Johnny’ (a esta pieza le aplicaron dos codas eléctricas de banda bien engrasada), rock celta con aire de oda social a lo Springsteen fue ‘Old England’, e ‘If the Answer Is Yeah’ tuvo una coda africana con las dos coristas bailando. El concierto ya iba como la seda y proseguimos igual de bien. Scott, delgado, con traje y elegante sombrero cowboy por el que colgaba su pelo largo y cano, se inspiró en el blues de Chess en ‘Still A Freak’ («jóvenes de España, pensad qué mundo vais a dejar a Willie Nelson y Keith Richards», ironizó al presentarlo sobre la edad del público veterano y de los músicos aludidos; por cierto, he tenido que comprobar si Willie Nelson sigue vivo, y sí, y eso que nació en 1933), y quizá la cima de la cita la holló con el rock and roll ‘Medicine Bow’ (que me hizo pensar en el ‘Jumpin’ Jack Flash’ de los Rolling).

A Mike, sus Waterboys y las dos coristas les quedó muy magnífica ‘Ladbroke Grove Symphony’ (una suerte de suite autobiográfica en plan Fleetwood Mac acelerados y que fue el segundo tema de los 10 del disco nuevo que sonaron esa noche), el afamado ‘This Is The Sea’ resonó a Elliott Murphy de relax y con coristas, en ‘Rosalind (You Married The Wrong Guy)’ las chicas no dejaban de sonreír y el teclista de Memphis pero residente en Nashville Brother Paul Brown (el mismo que inspiró una canción anterior cuando le dijo al jefe: «mi alma está en Memphis, pero mi culo en Nashville») se marcó un solo en primera fila con un teclado portátil (Mike daba cancha a sus músicos), de verdad que fue un rollo el solo de batería ‘Blues for Baker’ (dedicado al difunto Ginger Baker, de Cream), más rock and roll negro con coreografías de las coristas brotó en ‘We Will Not Be Lovers’, a dúo entre el violinista y el líder se ejecutó ‘The Pan Within’ (con melodías robadas al ‘Eleanor Rigby’ de los Beatles), y se despidieron con más épica creciente en ‘Morning Came Too Soon’, cima previa a un bis doble y solicitado con el bonito y dylanita ‘How long will I love you’ y la única versión de la velada, ¡el dinámico ‘Jumping Jack Flash’ de los Rolling Stones, que ya me había entrado subliminalmente en una o dos canciones anteriores!

ÓSCAR CUBILLO

Entrevista a Mike Scott de Josu Olarte en El Correo: «El Brexit es un desastre estúpido»

Saludos finales del septeto al público excitado (foto: Mr. Duck).

 

SETLIST BILBAO

1.- When Ye Go Away

2.- Fisherman’s Blues

3.- Where the Action Is

4.- The Whole Of The Moon

5.- A Girl Called Johnny

6.- Old England

7.- If the Answer Is Yeah

8.- Still A Freak

9.- Medicine Bow

10.- Nashville, Tennessee

11.- Ladbroke Grove Symphony

12.- This Is The Sea

13.- Rosalind (You Married The Wrong Guy)

14.- Blues for Baker (solo de batería)

15.- We Will Not Be Lovers

16.- The Pan Within

17.- Morning Came Too Soon

Bis

18.- How long will I love you

19.- Jumping Jack Flash (versión de The Rolling Stones)

Comments
One Response to “The Waterboys: Triunfo tras dos conatos violentos”
  1. Óscar cine dice:

    Mierda(con perdón)para los bolos de domingo y de entresemana q terminan cuando ya no hay transporte.a ver cuándo entienden q la gente curra al día siguiente.yo no fui xq no estaba en Bilbao y me quedé con las ganas.ah!y q vivan los de seguridad y los foteros,pero no a granel,q en ambos bandos hay gilipollas…y se de q hablo.Salud.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: