Roberto Nieva Quintet: Clase, clasicismo, valentía e imaginación

El líder Roberto Nieva soleando con su saxo alto (imagen de móvil: Gorka Reino).

CAL: **

Jueves 5 de diciembre de 2019, Bilbao, Hotel Conde Duque, 20 h, 12 €.

El treintañero Nieva está acostumbrado a estudiar (del Conservatorio Profesional de Música de Ávila al Centro Superior de Música del País Vasco o Musikene), a colaborar con otros músicos no solo del jazz (Jo Krause, Andrzej Olejniczak, Perico Sambeat, Silvia Pérez Cruz, Bob Sands, Bobby Martínez, Jorge Vistel, Maikel Vistel, Reinier ‘El Negrón’ Elizarde…), a componer y dirigir (por ejemplo La Popular Jazz Big Band), y a ensayar y actuar (también en festivales: el Jazzaldia donostiarra, Canarias Jazz & Más, Lugo, Madrid, Anglet, o el de Getxo, donde ha participado en el concurso de grupos de las ediciones 35 y 40).

 

El saxofonista abulense de be bop alegró el Bilbaína Jazz Club al presentar su debut como solista, ‘Process’

 

El jueves hice doblete en sendos bolos de música negra primigenia, de estilos de los que ha surgido todo lo posterior: uno de jazz en el Bilbaína Jazz Club con el Roberto Nieva Quintet y otro de boogie woogie y rock and roll en el Crazy Horse con el trío eléctrico y electrizante Henri Herbert & The Fury. Este lo contaremos en el próximo post, pero sepan que ambos conciertos guardaron concomitancias: cursaron crecientes, hubo ovaciones intercaladas del respetable entusiasmado, los dos líderes sudaron mucho (gota a gota el saxofonista abulense y a chorros el pianista francés), y en los dos se reveló la fiabilidad en el sostén de la base rítmica, se visualizó la elegancia en la estética de los oficiantes («para ser un combo de jazz español visten muy bien», advertí mi acompañante rubia, y luego los tres rockers oficiaron de negro coriáceo) y se evidenció la cara rebosante de alegría de los dos pianistas (también al público se le veía contento, por descontado), y además se respiró la negritud pero en cada uno a su modo, por supuesto.

A las 8 y un minuto salió a escena en el Hotel Conde Duque el Roberto Nieva Quintet, que dio un estupendo concierto de 8 piezas en 83 minutos que sonaron a banda sonora remozada de ‘Taxi Driver’ y que tuvieron trazos free en los solos de los vientos, sobre todo en los del trompetista negro cubano Jorge Vistel, que soleaba segurísimo y mirando al público encantado. Los cinco venían presentando ‘Process’, el disco debut del saxofonista experto y treintañero, y en su encuentro en oleadas u ondulaciones destacaron los dos vientos, ora hermanados en escalas de be bop contemporáneo ora subliminalmente duelistas al alternarse en solos de todo condición (del free al romanticismo), la base rítmica sosteniendo con una solvencia insuperable (mención especial al baterista napolitano Francesco Ciniglio, otro que no dejó de sudar) y el rostro resplandeciente de satisfacción y alegría del pianista Luis Guerra (sensación y prueba de que los cinco se sabían el repertorio y de que estaban muy engrasados a pesar de la presencia de los atriles).

Abriendo el bis: Luis Guerra (piano), el líder abulense Roberto Nieva (saxo alto), el cubano Jorge Vistel (trompeta), Toño Miguel (contrabajo) y el napolitano Francesco Ciniglio (batería) (imagen de móvil: O.C.E.).

En la primera pieza, ‘El malo’, ya se ajustaron los cinco, se cosecharon ovaciones tras los solos y congestionó su rostro el líder. En ‘Process’ su saxo se vinculó al de Wayne Shorter en los solos y ya le disputó el liderazgo el afrotrompetista Vistel («se habrá quedado a gusto», comentó sorprendida la rubia Bego tras catar un alarde largo y naturalísimo), a Coltrane resonó el combo en el original como todo el repertorio ‘One of these days’ (menudo solo más gershwiniano coló el pianista feliz de la vida), ‘Set up’ fue vibrante y la trompeta sonó exótica, ‘I never was like that’ fue una balada creciente en cuarteto (sin Vistel en escena), en ‘Bucket brigade’ (‘La brigada del balde’) Vistel volvió a restar protagonismo a Nieva, quizá la cima fue la despedida en falso con el serio ‘Wetiko’ y con el baterista napolitano percutiendo desde lo tribalista hasta el urbanismo nervioso de Stewart Copeland (el de Police, sí), y el bis fue una pieza de Jorge Vistel, ‘Ascending’, un suerte de banda sonora imaginaria que sublimó toda la clase, el clasicismo, la valentía y la imaginación de los cinco músicos del quinteto. Qué buen gusto el suyo y qué a gusto nosotros, oigan.

ÓSCAR CUBILLO

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