Marea: El largo último capítulo

Kutxi Romero con el pitillo en la mano (foto: Carlos García Azpiazu).

CAL: *

Sábado 28 de diciembre de 2019, Barakaldo, BEC, 22.30 h, 33 € (35 € en taquilla).

Horarios completos: puertas 19.00 h; El Desván 19.30 h; Vuelo 505 20.00 h; Bocanada 21.30 h; Marea 22.30 h.

 

Ante 15.000 personas y durante tres horas tocó en el BEC el quinteto navarro en lo que fue el último concierto de su gira ‘El azogue’ y quizá de su historia. Un bolo correcto al que le sobraron los invitados y los fumadores

 

Sería deseable que alguna de las numerosas autoridades que mantenemos a nuestro pesar multara a Kutxi Romero, de profesión bandolero, por fumar todo el rato a la vista de la gente el sábado noche en el BEC, donde hay carteles gigantes que lo prohíben. Tampoco estaría mal que se multara de vez en cuando a varios de los miles de espectadores que se saltaron el reglamento, o que al menos alguien entre los incontables guardias de seguridad y ayudantes de campo recordaran a los infractores que no se permite fumar en los locales públicos cerrados. En las redes del BEC muchos asistentes protestaron también por la humeante anarquía.

No exagero en la cifra de fumadores, pues ese sábado hubo 15.000 personas asistiendo al macroconcierto de despedida de la banda navarra Marea (Berriozar, 1997). Tras casi diez años en barbecho, el quinteto capitaneado por Kutxi Romero regresó a la palestra con su séptimo disco, ‘El azogue’ (Warner), número 1 en ventas. Lo ha defendido durante unos 50 conciertos populosos (23.000 almas en Madrid, en la Caja Mágica) rematados en el BEC con un encuentro largo, de tres horas para 27 canciones (muchas y demasiado parecidas entre sí aunque molen) y con más de diez invitados intercalados que aportaron poco (a veces eran guitarristas, otras apenas destacaban al cantar sofocados por Kutxi), convidados casi de piedra que irradiaron escaso carisma (excepto los dos de Los Suaves, el hermano del líder, Martín Romero, y el baracaldés Josu Parabellum). Los invitados entre otros fueron tres argentinos, varios representantes de los tres grupos teloneros de ese sábado (los conciertos duraron seis horas: de 7.30 de la tarde a 1.30 de la madrugada), un primo y algunos colegas navarros, más el citado vizcaíno Josu Parabellum, quien supo hacerse notar, Y repasando las notas veo a Jorge Salán, el héroe de la guitarra que se diluyó en semejante sarao. Tantos amigos en escena aportarían algo a los Marea por razones personales, pues se hartaron de repartirse putos abrazos delante de todos, pero a la gente se la traía al fresco, de hecho a un par de invitados, cuando se dirigieron al público, éste les silbó para que cortaran el rollo.

Josu Parabellum en pantalla, quizá el mejor invitado )imagen: Facebook).

Y perdón por lo de putos, que me ha escapado, quizá contagiado por Kutxi, que además de fumador ilegal hizo alarde de vulgaridad (tacos a tutiplén), procacidad (lo de que tenía mal colocados los calzoncillos, la propuesta a alguien del BEC de si le metía el bastón por el culo…), irreverencia (blasfemias cada dos por tres; «yo no digo estas cosas, pero como son fechas tan señaladas», alegó el muy fatuo; ¿entre 15.000 almas no le molestó a nadie?) y, je, je, pastueña, borreguil corrección política (decía aquellos y aquellas y otras expresiones similares prohibidas por la RAE a la que se refirió en algún momento el además poeta Kutxi).

A escala general reseñemos que el escenario tuvo luces blancas y rojas que dificultaron la visibilidad in situ a los espectadores del pabellón, aunque Azpiazu cuenta que Marea estaban rodando un vídeo y esas luces led son mejores para la grabación. Y sin visuales destacables más allá de la retransmisión instantánea por las dos pantallas laterales (con pocos o ningún primer plano, por cierto), lo de verdad importante de ese presunto adiós fue el largo repertorio, que contó con volumen suficiente (más que La Polla Records y Bryan Adams recientemente en el mismo recinto) pero con una ecualización tan sucia que no se entendían las letras luneras y rurales de un Kutxi que a menudo se movió en escena apoyado en el mentado bastón, báculo o cachava, como El Drogas de La Venganza de la Abuela.

Kolibrí Díaz y César Ramallo, los dos guitarristas (foto: Carlos García Azpiazu).

Y así, con la peña entregadísima y bastante joven que coreaba a pleno pulmón sus canciones favoritas, una luminotecnia que difuminaba a los oficiantes, un sonido emborronado que oscurecía las letras y una ristra de invitados que no pintaron casi nada y a los que al escribir dos horas después sobre este macroconcierto la mayoría de ellos ya se me había olvidado (atención: ninguna chica hubo en escena entre la veintena de intervinientes), cursó un concierto de despedida que deja las puertas abiertas a una reaparición. O sea igual que Rosendo, La Polla Records o los Scorpions: todos unos mentirosos al afirmar que están dando su gira del adiós para que no dejemos pasar de largo la oportunidad de verles. No en vano, antes de la tercera canción saludó el líder de Marea: «Hola, buenas noches, Bilbo. Bienvenidos al último capítulo de Curro Jiménez, se acaba la serie. No sabemos si volveremos a vernos el blanco de los ojos. Pero os prometo una noche muy larga de rock and roll».

Kutxi, de estética entre El Cabrero y El Algarrobo de Curro Jiménez (foto: Carlos García Azpiazu).

Y eso fue: largoooo. Lo de Marea en el BEC fue un exceso ombliguista de tres horas, aunque al menos con más electricidad y sustancia que las tres horas en acústico que nos propinó Manolo García el sábado pasado en el Euskalduna. Aquí ya todo el mundo se cree Springsteen o Scorsese para alargarse tanto. Entre muchos rocanroles devoramillas en la senda de Los Suaves, bastante influencia de Extremoduro (inspirada en ellos fue su nueva canción ‘Jindama’), cierta pátina aflamencada (la flamencolía de ‘Pájaros viejos’, cuando al acabar el BEC cantó parte del ‘Txoria txori’ de Mikel Laboa) que llegó a remitir a Melendi o Estopa (estos dos nombres marcados por Extremoduro) y tres canciones con pirotecnia (el mogollón de invitados pintó poco, insisto), haciendo el esfuerzo de afinar el oído dentro del demasiado luengo y bastante homogéneo repertorio yo podría destacar bastantes títulos con gancho y lo voy a hacer.

Alén Ayerdi, el batería (foto: Carlos García Azpiazu).

Entre las 27 piezas de efectos irregulares (por ejemplo no voló el pasaje de la séptima a la novena no lograron volar, por ejemplo descollaron el rock a lo Iron Maiden con una velocidad de menos ‘El temblor’, el coreado ‘Mierda y cuchara’ (cuando Kutxi nos enseñó el culo), ‘Muchas lanzas’ (con el primer invitado, un argentino del grupo Ciclonautas), la aflamencada ‘Manuela canta saetas’ (la primera coreada con entusiasmo comunitario), ‘Corazón de mimbre’ con los móviles filmando a cientos, ‘Lija y terciopelo’ con el pamplonés Jerry de Cuatro Madres de convidado, ‘Trasegando’ (la segunda de las dos cantadas por El Piñas, el bajista, en la estela de Los Suaves una vez más; al acabarla se reincorporó Kutxi al tablado y dijo: «estáis bravos y bravas hoy, ¿eh, pájaros?»; y pájaras, ¿no?), la muy Extremoduro ‘En tu agujero’ (ésta la cantaron con un miembro de El Desván, uno de los tres grupos teloneros de la larga velada; y al acabarla la masa se puso a jalear lo-lo-lo-lo…), ‘La luna me sabe a poco’ (algo Melendi y sobre la cual Kutxi afirmó que le «parece una canción de mierda» aunque la gente la cantó a pleno pulmón; a continuación de esta cayó la que les quedó peor de la cita, ‘Ocho mares’, sin fuerza ni casi ganas), ‘La rueca’ con un destacado Josu Parabellum y el frescor de Estopa, y la mejor canción de las tres horas, la vigésima, ‘Romance de José Etxailarena’, previa a los bises.

Eduardo Beaumont, El Piñas, bajo y voz en dos temas (foto: Carlos García Azpiazu).

Quedaban dos bises y la cita se animó tras un ecuador bastante irregular. El primer bis, doble, estuvo dedicado a Los Suaves, moló mucho y participaron dos de ellos: el guitarrista Fernando Calvo y el bajista Charly Dominguez, el hermano de Yosi, quien salió aparentemente borracho (le comprendo: tanto tiempo esperando en el camerino con la barra libre a mano…) y que fue uno de los invitados a los que silbó el público (qué falta de respeto). En septeto los cinco de Marea y el par de Los Suaves versionaron ‘Dulce castigo’ y ‘Preparado para el rock and roll’, ambos temas del combo gallego, al que Kutxi calificó de imprescindible y nunca suficientemente reivindicado (y va su público y chifla al Charly, jo, jo…).

Y el segundo bis, éste cuádruple, también voló alto y puso a la gente en danza con la versión del cantaor El Cabrero ‘Como viento de poniente’ (la estética de Kutxi me recordó al pastor flamenco desde que apareció en escena), un aún más coreado ‘El perro verde’ (a cuya mitad soltó Kutxi: «Bilbo, ha sido un auténtico placer, os lo juro por mis muertos») y el adiós con ‘Marea’, un rock lanzado a lo Extremoduro con el invitado más importante de la noche según aseguró Kutxi al presentarle: Ibai Ganuza, de Motxila 21, el grupo de música de jóvenes down navarros. Este último tema se remató con más pirotecnia y fue el colofón de un concierto que no estuvo mal pero al que cortándole media hora y dejando como invitados solo a Los Suaves hubiera estado mejor. Por lo rápido que salía la gente del BEC, a todo el mundo se le había hecho largo, sí.

ÓSCAR CUBILLO

El quinteto navarro puso muchas pegas para hacer fotos (foto: Carlos García Azpiazu).

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