CINE: ‘Star Wars: Episodio IX – El ascenso de Skywalker’: El éxtasis y el desconcierto

 

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: en cines 19 de diciembre de 2019;

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Director: J.J. Abrams

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Calificación: 2 estrellas de 5

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Tráiler de ‘Star Wars-El ascenso de Skywalker’:

 

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A la deriva

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He debido recurrir a mis anteriores reseñas sobre la tercera la trilogía de Star Wars (‘Star Wars: Episodio VII – El despertar de la fuerza’, 2015, y ‘Star Wars: Episodio VIII: Los últimos Jedi’, 2017), producida por Kathleen Kennedy, para tratar de entender en qué momento se fastidió la serie y cuál puede ser la razón por la que un producto con tantas expectativas ha terminado siendo un fiasco. Quizá la razón fundamental venga de una falta de concreción, de una ausencia de estructura primaria que dé unidad al megarrelato. Parece que esa estructura no se confeccionó antes de la citada primera producción de 2015. En cualquier caso, el resultado final que transmite el cierre de esta nueva trilogía es la sensación de fraude al espectador.

No hay que negar la labor de J. J. Abrams (Nueva York, 1966), su esfuerzo por tratar de salvar el entuerto tras el despido por la productora Kathleen Kennedy del director elegido en primer lugar, Colin Trevorrow (‘Jurassic World’, 2015). Pero, aunque el nombre de Trevorrow se mantiene como partícipe en el argumento de la película, sí parece claro que su aportación ha desaparecido por completo. También hay que tener en cuenta la pretensión de George Lucas por interferir en el producto, con las dificultades de influir en el resultado artístico. Lucas ha expresado su decepción por la película, ya que finalmente no se ha llevado a la práctica su idea de crear una narrativa más nostálgica, con un retorno al protagonismo de tres fantasmas, Han Solo, Luke Skywalker y la Princesa Leia, enfrentados a un cuarto, Darth Sidious (Palpatine), en una despedida crepuscular que significativamente enlazase con las dos trilogías precedentes. Razones de índole económica, con criterios de cómo hacer el film para atraer a un público que empezaba a dar muestras de deserción, han abierto el paso a un producto supeditado a la profesionalidad de J. J. Abrams pero atrapado en un mecanismo de producción donde la creatividad ha tenido que ceder paso a fórmulas ya estudiadas y puestas en práctica y, sobre todo, ha tenido que lidiar ante un caos argumental, de escasa verosimilitud, en una difícil pirueta para cerrar el serial de forma digna.

Comentaba en mi reseña de ‘Star Wars: Episodio VII – El despertar de la fuerza’ que:

– La película es un ejemplo claro de lo que hoy en día resulta una superproducción del siglo XXI. Una producción que se aprovecha del talento de sus técnicos (permite que ellos den forma a la película) pero que deja de lado su naturaleza autoral para conseguir que la película se desarrolle según los cauces establecidos por las estrategias comerciales.

– El argumento de la nueva entrega está completamente condicionado por la primera película de la serie (‘Star Wars IV: Una nueva esperanza’, 1977) y en la redacción del guion se aprecia una indudable desgana imaginativa. Cuidado con confundir argumento con narración, ya que ésta sí funciona a la perfección en la película, como una precisa máquina de relojería.

– Este mecanismo de repetición y de fagocitación, principalmente de la trilogía más antigua, crea un efecto inesperado de contrariedad cuando se ve la película, ya que la arquitectura del film adolece de falta de verosimilitud narrativa.

Repetición, fagocitación, retroalimentación de la imaginería clásica.

Todos estos factores son repetitivos en el Episodio IX (falta de naturaleza autoral, desgana imaginativa, repetición y fagocitación de la primera trilogía y ausencia de verosimilitud narrativa) acentuados por una extraña ausencia de continuidad de la serie. Y es que en ‘Star Wars: Episodio IX – El ascenso de Skywalker’ J. J. Abrams y su segundo guionista, Chris Terrio (‘Argo’, 2012), rompen con muchos personajes, situaciones y conflictos apuntados en ‘Star Wars: Episodio VIII: Los últimos Jedi’ (2017). Puede entenderse esta ruptura por la incapacidad de los creadores de manejar un mega-relato con demasiados puntos abiertos. Se ve que Abrams y Terrio optan por la simplificación:

  1. a) Retornando al esquema de ‘Star Wars: Episodio VII – El despertar de la fuerza’, donde se daba entidad a bloques secuenciales que buscaban seguir modelos de la trilogía original y apoyándose en fórmulas ya aplicadas por Abrams en, por ejemplo, la serie ‘Perdidos’, donde grupos de personas actúan en sintonía para lograr un propósito común.
  2. b) Apartando a personajes apuntados en el ‘Episodio VIII: Los últimos Jedi’, de poca entidad, para concentrar el relato en aquello que puede resultar más interesante narrativamente: bien el conflicto moral de decidir entre el bien y el mal, bien el reconocimiento de la heroína Rey (Daisy Ridley) y del villano Kylo Ren (Adam Driver) como los personajes fundamentales de la nueva trilogía.

No debe caber ninguna duda de que, en toda esta operación, tanto Abrams como Terrio sabían perfectamente que mediante esta opción narrativa se dejaban de lado conflictos sentimentales abiertos (los que relacionaban a Finn -John Boyega- y Poe Dameron -Oscar Isaac- con Rey) y se deja a los personajes antiguos (aquellos que quería potenciar George lucas) en una situación inoperativa, e incluso ridícula, en especial a Luke Skywalker (sus apariciones fantasmales muestran una incapacidad interpretativa que invita a su rechazo inmediato). Y este conocimiento y las decisiones adoptadas nos clarifican el hecho de que ya, desde un principio, los creadores de la película sabían que todo este embrollo no podía acabar en una película grandiosa. Así, Abrams, termina por hacer gala de su capacidad como artesano y resuelve el film como puede.

 

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Al menos nos queda Rey

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En mi reseña de ‘Star Wars: Episodio VIII – Los últimos Jedi’ indicaba que:

– Rey cambia únicamente de sexo para calcar al Luke Skywalker de la primera saga, sus conflictos y motivaciones.

– Kylo Ren es la réplica de Darth Vader, sin máscara, aunque igualmente atormentado.

– Kylo Ren no entiende sus sentimientos interiores, ni su comportamiento, ni sus reacciones. Duda continuamente de sus actos. Lo mismo que Rey. Su razón de ser, su existencia, viene marcada por un mandamiento exterior (igual que en Hamlet: la petición de venganza requerida por el fantasma de su padre) y son sus acciones las que moldean su recorrido vital.

– Kylo Ren y Rey entablan contacto en la distancia, lo cual sólo puede entenderse en su condición de representación. Ambos dialogan, aunque, mejor dicho, monologan. Rey trata de descubrir su origen y Kylo trata de asirse a la esperanza de salvación.

La grandilocuencia de los escenarios.

Abrams, al igual que sucede en la alegórica y estupenda sexta temporada de la serie ‘Perdidos’, marca sus puntos fuertes en el carácter metafórico del relato. Si en ‘Perdidos’ la narración pasaba por ser una puesta al día de ‘La divina comedia’ de Dante con un encuentro final en el Cielo entre Jack (Dante) y Kate (Beatriz) tras haber vivido en el Infierno y después en el Purgatorio, en ‘Star Wars: Episodio IX – El ascenso de Skywalker’ Abrams busca también el éxtasis celestial en sus imágenes. Una postura grandilocuente que se enfatiza (como en ‘Perdidos’) ubicando a los personajes en escenarios extraños a ellos, que les sobrepasan en su dimensión divina. Por ello, tras una serie de secuencias dedicadas al público más palomitero y juvenil (véase la que se desarrolla en la primera parte, dónde los protagonistas tratan de apoderarse de una información secreta, secuencia que resulta copia de la parte final de ‘Star Wars IV: Una nueva esperanza’), el film va apartándose de la acción, va dejando de lado a todos los personajes secundarios, entre ellos a Finn y Poe y la Princesa Leia, para enmarcar la historia en el conflicto más alegórico: el de Rey y Kylo.

Así, al igual que hizo Rian Johnson en el ‘Episodio VIII’ (personajes a los que aísla en escenarios de potente naturaleza teatral) y el propio Abrams en ‘Perdidos’, lo alegórico supera con creces el verosímil narrativo. Se busca enfatizar el conflicto hasta su grado máximo para trascender la historia y los personajes en su narrativa más comercial, de dirigirse hacia la identificación empática e intelectual con arquetipos más míticos y clásicos. Con todo ello, la lectura pasa a ser más próxima a una poética épica, más cercana a un tratamiento como la ‘Odisea’ o ‘La divina comedia’ o ‘Hamlet’, que permite ensalzar y cargar de heroísmo los actos de los protagonistas.  De esta manera Rey se convierte en el personaje ascendido, digna de formar parte del Olimpo, incluyendo el giro mitológico del sacrificio del atormentado Kylo Ren en una secuencia propia del mismísimo Jean Cocteau.

GERARDO CREMER

La pelea constante entre Rey y Kylo Ren.

Comments
One Response to “CINE: ‘Star Wars: Episodio IX – El ascenso de Skywalker’: El éxtasis y el desconcierto”
  1. Óscar cine dice:

    Ni de niño fui fan de Star wars,imagínate hoy.Disney ha logrado,con su salvaje explotación del fenómeno (una peli anual)que las aventurillas de Luke me interesen un pimiento.Me gustaba Leia xq era alcohólica y su madre bailaba en “cantando bajo la lluvia”.

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