CINE: ‘Cry Macho’: El canto del cisne del macho Eastwood

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 24 de septiembre de 2021

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Director: Clint Eastwood

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Calificación: 2 estrellas de 5

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Tráiler VOSE de ‘Cry Macho’:

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LA TRILOGÍA DE SCHENEK

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En 1975 el dramaturgo americano Richard Nash (famoso por su obra de teatro ‘El farsante / The rainmaker’) publicó su primera novela, ‘Cry Macho’. Un relato sobre una estrella del rodeo de 38 años llamado Mike Milo que, tras un accidente laboral y ser despedido por su jefe, Howard Polk, es contratado nuevamente por este último para secuestrar a su hijo de 11 años, arrebatándoselo a su ex-esposa mexicana. El viaje a México se presenta para Milo como una última oportunidad para enderezar su vida. En Ciudad de México descubre al chico en una pelea de gallos. Es un niño problemático a quien la futura estancia en los Estados Unidos con su padre puede reconducir hacia una nueva vida, aunque Milo sabe que ni su madre ni su padre sienten ningún apego por el joven. El camino hacia la frontera los lleva a un pueblo llamado Janasco, donde Mike se enamora de una viuda mexicana con cuatro nietos.

Mike Milo es contratado por su ex-jefe Howard Polk (Dwight Yoakam) para traer a su hijo desde México.

La línea narrativa de la novela de Nash se mantiene en el guion realizado por Nick Schenek (‘Gran Torino’, 2008, ‘Mula’, 2018), quien, curiosamente, en esta trilogía con Eastwood tiende cada vez más marcadamente a tornarse más difuso en lo referente a la línea de acción.

‘Gran Torino’ mantenía un rígido diseño del personaje protagonista, Walt Kowalski (Clint Eastwood), además de un definido proceso de transformación, desde el racismo indisimulado del protagonista hacia los asiáticos estadunidenses hasta su relación paterno-filial con el vecino adolescente de origen asiático. El anciano Kowalski sufre su soledad (tras la muerte de su esposa), evidenciando un firme mal humor hacia su ciudad  debido a la pérdida de su identidad nacional y el incremento de la inseguridad ciudadana. El guion de Schenek primeramente define al personaje y después, introduciendo la acción, lo transforma hasta sacrificarle por un progresismo social en el que él nunca había creído.

En ‘Mula’ volvemos a encontrarnos con un protagonista solitario, Earl Stone: divorciado de su mujer y despreciado por su hija. Con un pasado de héroe de guerra de Corea ya olvidado, transita su vejez con un cierto estado de apacibilidad. Earl Stone parece haber recapacitado y haberse deshecho de ese enfado constante hacia la sociedad que sentía Kowalski. En cierta forma, su vida se divide entre un comportamiento social amable con sus vecinos del pueblo, más fingido que real, y una añoranza por la vida familiar ya perdida para siempre. En ‘Mula’, Earl busca “crear” una acción que le conduzca hacia la transformación y le permita su redención personal. Es por ello que su decisión de traficar con drogas no termina de encajar bien en la lógica del personaje, al servirse de dicha acción simplemente como medio para alcanzar su absolución. Esta situación, en la que el protagonista se fabrica una acción para construirse como personaje, conlleva a que la primera parte de ‘Mula’ se mueva en la indefinición, en lo difuso. Escribí en la reseña de ‘Mula’: «El espectador se frustra ante un Eastwood personaje anciano, incapaz de hacer resurgir su capacidad de héroe (su fuerza, su violencia), perdido en un mundo de placeres y delincuencia que no van con su estilo. Pero realmente Earl actúa, con sus actos y su individualidad, para reedificar su vida familiar destruida, con el solo propósito de que aquellos a los que más ha amado acaben apreciándolo».

Mike Milo, un anciano, obligado a dejar su empleo de cuidador de caballos para siempre.

Con ‘Cry Macho’ Schenek y Eastwood extienden aún más este curioso sistema de personaje-acción-transformación que se reemplaza de película en película. El protagonista, Mike Milo (Clint Eastwood), es ahora un anciano que debe abandonar definitivamente su trabajo en el rancho de Howard Polk (Dwight Yoakam, afamado cantante de country honky tonk antes que convertirse también en actor). Solo, en su casa, contempla las fotos de su juventud como cowboy y recuerda el accidente que le dejó una lesión irrecuperable en la espalda, la depresión por la muerte de su familia y la recaída en el alcohol. Si Kowalski (‘Gran Torino’) renegaba con su mal humor de la sociedad en la que convivía y Earl Stone (‘Mula’), en su vejez, conseguía alcanzar una ficticia vida feliz con sus vecinos, Mike Milo (‘Cry Macho’) parece abandonarlo todo, aislado en su mundo a excepción de los animales del rancho que, esta vez, tras su despido, pierde definitivamente. La primera media hora de ‘Cry Macho’ se mueve en la vaguedad absoluta, entre el recuerdo doloroso y los reconfortantes paisajes que parecen conducir al protagonista hacia su abandono definitivo de la vida. Y, nuevamente como en ‘Mula’, la oportunidad de realizar una acción que pueda comportarle un cambio (aquí es buscar en Ciudad de México al joven hijo mexicano de su ex-jefe, Rafo -Eduardo Minett-) le sirve como excusa para huir de sí mismo y hacerse valer, otra vez, como persona.

Las primeras secuencias de ‘Cry Macho’ en México invitan nuevamente al desconcierto, prolongando esa sensación de indefinición que parece rodear la película desde su comienzo. El encuentro de Milo con la madre del joven Rafo, Leta (Fernanda Urrejola), está marcado por un cierto tono de impostura y, posiblemente, de ironía de comedia. Ni la secuencia, tanto en su ambientación, vestuario, movimiento de los actores por el escenario, interpretación o diálogos, es convincente ni los hechos narrados son creíbles (el abandono de la madre a su hijo o bien el arrebato pasional, con intenciones sexuales, hacia el anciano ranchero). La ironía, desde un aspecto metanarrativo, se evidencia en los gestos de incredulidad del propio Eastwood ante la cámara, remarcando una de las características más evidentes de la película: la discordancia de que un anciano de 90 años interprete a un personaje, sobre el papel, de mediana edad.

No será hasta la mitad de la narración cuando ‘Cry Macho’ encuentre su espacio y, al mismo tiempo, su lógica narrativa. A diferencia de Kowalski o Earl Stone, Mike Milo no necesita de una redención, ya que no tiene a nadie a quien rendir cuentas. Milo no busca, como hace Stone en ‘Mula’, una acción que le permita transformarse, sino que tiene la suerte de encontrarse con un otro proyecto de vida que le lleva a empezar de nuevo: es el encuentro con una mexicana, Marta (Natalia Traven), viuda, propietaria de un bar, a cargo de cuatro nietas, lo que le permite a Milo / Eastwood alejarse definitivamente de la “acción” para concentrarse en las personas, sin ningún tipo de manifestación racista; la oportunidad de volver a amar y vivir sin problemas, de sentir la vida propia y la de los demás como el valor más importante de la existencia.

El tierno rostro de Mike Milo en su relación con la mexicana Marta.

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LA NARRATIVA AUTOCONSCIENTE DEL ACTOR

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Disonancias en la narración, esbozos de una historia: en ‘Cry Macho’ la fuerza de la imagen suplanta a la lógica narrativa. Al inicio, la película tarda en asentarse, en tomar su camino. Después, la suplantación en forma de sátira, una representación en tono de comedia (la relación con Leta y las persecuciones por carretera de los matones), contrasta con la tragedia interior del protagonista y con la veracidad de los paisajes áridos y luminosos de México: las acciones, los comportamientos externos de Mike Milo, no corresponden con una persona de su edad y un evidente error de casting parece evidenciarse en la película (¿Qué pinta realmente Eastwood en un filme que requiere a un actor mucho más joven?); entonces la película toma otro rumbo: Mike Milo/ Clint Eastwood tiene una comida con Marta, junto con sus nietas, una comida en intimidad, como excluida de la acción, fuera de la diégesis del relato; Milo/Eastwood sonríe, disfruta, parece evidenciar la belleza del instante, la simple pureza de la inocencia de esos niños; al final está ese baile con Marta, al son del ‘Sabor a mí’ de Eydie Gormé y Los Panchos;

la imagen se separa definitivamente de lo narrativo y se asienta en el terreno de lo autoconsciente; ya no es Mike Milo sino Eastwood quien preside la película: el resto de personajes se han marchado, la historia ha desaparecido y la verdadera narrativa surge justamente cuando la película ha finalizado.

Hay cierta impresión de que ‘Cry Macho’ no es más que un pretexto para una despedida. El Eastwood director parece pisotear el guion de Schenek, primero burlándose de él para, después, prescindir del mismo y suplantar el personaje de Mike Milo por el propio Eastwood actor. El héroe pone su cuerpo envejecido delante de la cámara y hace sonar todas las alarmas que nos avisan de que algo no va bien: Lena se aproxima lasciva a un Eastwood vaquero que en otros tiempos no hubiera dudado de aprovecharse de la ocasión, Eastwood se enfrenta a los matones y su mano temblorosa de anciano golpea en la cara a uno de ellos, Eastwood se monta en un caballo salvaje (con un especialista suplantándolo) para terminar domándolo (realmente, cuando vemos la película nos preguntamos cómo el anciano Eastwood ha conseguido montarse sobre el equino sin ayuda de nadie).

Pero lo que realmente estamos viendo, en cierta forma, no tiene nada que ver con lo que se nos está narrando. Lo que vemos es el proceso autoconsciente de un actor, Eastwood, que parece despedirse de su público y que, con un guiño cómplice, nos informa de que su vida real está lejos de lo que representa el personaje: la función ha tocado a su fin porque el cuerpo ya no permite más seguir representando a su mítico personaje del “macho” Clint Eastwood. Por ello se aleja de la frontera con los Estados Unidos y vuelve a los brazos de Marta, en ese espacio apartado e íntimo, en su derecho a vivir sus últimos años en su propio refugio.

Esta despedida de Eastwood me ha recordado a la de Harry Dean Stanton en ‘Lucky’ (2017), ópera prima del actor John Carroll Lynch. Con 90 años (los mismos que Eastwood cuando realizó ‘Cry Macho’), Dean Stanton trasforma la película en algo alejado de cualquier trama, toda una narrativa centrada en sí mismo. En ‘Lucky’ todo desaparece salvo el protagonista que no es otro que el propio Dean Stanton. En uno de los grandes momentos del film, durante una fiesta de cumpleaños, el envejecido actor rompe con las expectativas y deja desconcertados tanto a los personajes del film como al propio espectador; sin previo aviso, Dean Stanton rompe a cantar ‘Volver, volver’.

Pues igualmente, Eastwood irrumpe al final de ‘Cry macho’ con su repetido y melancólico baile: unos planos que no son tanto despedida como el inicio de una nueva aventura, la de la vida en retiro fuera de la pantalla.

GERARDO CREMER

El melancólico baile que anuncia la despedida de Eastwood como actor en el cine.
Comments
One Response to “CINE: ‘Cry Macho’: El canto del cisne del macho Eastwood”
  1. Óscar cine dice:

    Hay algo que me molesta particularmente en la reacción de (parte) de la crítica:
    Esta es una película discretisima…pr parece q no se puede decir xq es de Eastwood. Y??
    Los genios no se equivocan?no patinan?
    Flipe cuando leí la reseña en un periódico xq me dio la sensación de q la ponía bien…x puro postureo.
    Eastwood ha fallado,no es infalible,esta peli es ñoña y caduca.y se dice.no pasa nada.viva Eastwood y viva el cine.

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