Loquillo: Continuando la buena racha

 

BILBAO: El septeto dispuesto en dos filas en escena (foto: Dekker Events).

CAL: * >>> Viernes 10 de noviembre de 2017, Santander, Palacio de Deportes, 23.30 h, entrada 40 € (bono dos días 60 €).

CAL: ** >>> Sábado 11 de noviembre de 2017, Bilbao, Palacio Euskalduna, 20.30 h, entradas desde 31 a 48 €.

 

En menos de 24 horas Loquillo actuó y triunfó en Santander y Bilbao. En el Euskalduna, con el aforo agotado, dio un mejor concierto, no sólo por el sonido. En ambas plazas etiquetó a gritos a su grupo como «banda de rock and roll español». Amén.

 

Este fin de semana dos veces en menos de 24 horas hemos visto a Loquillo en concierto: el viernes en Santander, compartiendo cartel con sus maestros –así los definió- Ramoncín y Rosendo en el festival bajo techo ‘Movember Food & Rock’, ante unas 3000 personas en pie (a 40 euros la entrada de día y a 60 el bono de dos jornadas), y el sábado en el Palacio Euskalduna, con su aforo de 2200 butacas agotado esa misma tarde (con entradas entre 31 y 48 euros). Como somos fans, ni nos cansamos ni nos aburrimos, y podemos afirmar que el bolo de Bilbao estuvo mucho mejor, no sólo por la mejor acústica del recinto (el Palacio de Deportes de Santander suele sonar a rayos). Y eso que el show santanderino cursó de menos a más, y el bilbaíno de más a menos. En Cantabria Loquillo salió acelerado, empeñado en bailar como para sí mismo, con voz justa, ronca y echando mano de los vibratos, pero en Bizkaia apareció sobrio, controlador, contento, menos pendiente de los movimientos de baile (de boxeador calentando, casi), cantando estupendamente. En ambas citas El Loco habló muy poco, se cambió dos veces de americana (muy chula la segunda, la de cuero con hombreras de cowboy, la que eligió para el Azkena Rock Festival de este verano), cantó bajando del escenario para estrechar las manos de los fans en ‘Carne para Linda’, y se fumó dos pitillos («por esto pueden multar al Euskalduna, ¿no?», se preguntó una guerrera de brazos desnudos tatuados).

BILBAO: Loquillo en ‘Carne para linda’, cantando entre el público (foto: Dekker Events).

El repertorio fue muy similar, aunque no le perdonaremos al Loco que en casa, en Bilbao, descartara ‘Rock Suave’ (y añadió dos que ni fu ni fa). Además, el bolo bilbaíno decayó levemente por culpa de ciertos hándicaps sobrevenidos: mal sonido en algunas canciones (qué decepción la de ‘Feo Fuerte y Formal’), mala interpretación en otras (demasiado teatral y no tan bien entonada ‘Rock and roll Star’), y desacertada selección de ciertas canciones (los dos añadidas -sobre todo ‘Piratas’, ‘El rompeolas’ que no pudo ser alzada por el respetable, un ‘Quiero un camión’ que ya se pasa de infantil…). Debido a tal decaimiento no entrará este concierto en nuestra lista de lo mejor del año 2017 (imaginen como la estábamos gozando en el primer tercio), porque desde la magia sideral de la primera parte acabamos chapoteando entre revisiones demasiado retrojuveniles (insisto: ¿a esta edad qué sentido tiene tocar (Yo para ser feliz) ‘Quiero un camión’, con el mismo punteo de Mario Cobo en ambas ciudades, el de ‘Jinetes fantasmas en el cielo’, y con Loquillo cediéndole el peine?) y chocando con imprevistos como el mentado desorden sónico de nuestra favorita ‘Feo Fuerte y Formal’ (como El Duque, como John Wayne).

SANTANDER: El puesto de merchandising de la gira ‘Salud y Rock & Roll’, con muchas camisetas (foto: Mr. Duck).

Loquillo continúa explotando la exitosa gira ‘Salud y Rock & Roll’, promovida a partir del álbum ‘Viento del Este’, de 2016, y reactivada con el directo en Las Ventas ‘Salud y Rock & Roll En concierto’. Dará más de 140 conciertos en este tour y le hemos visto en cuatro: fiestas de Portugalete, Azkena Rock Festival, Santander y Euskalduna. Me perdí las visitas a Mungia y a la Fever de Bilbao, y viajaría en diciembre para verle en Londres y en el cierre de gira en el WiZink Center de Madrid, pero va a ser que no. En Santander cantó 26 canciones en dos horas y dos minutos, y en Bilbao 27 en dos horas y cuarto. Insisto: imperdonable que en el Euskalduna descartara el ‘Rock Suave’ (vaya: hace mucho que no toca ‘Autopista’ y ya se lo hemos perdonado… o nos hemos acostumbrado), y se podría haber ahorrado el numerito acústico de teatro sentado en un taburete para cantar la de ‘Brillar y brillar’ (en Santander no la hizo) y también la recuperación ‘Piratas’ (jo, cómo chirría la frase «he ‘modelado’ una bandera» cada vez que la oigo, que afortunadamente en Santander no la cantó).

Además, en Bilbao le quedaron por debajo del listón de Santander ‘El rompeolas’ (la del primer cigarrillo, casi desganada, aunque al final creció un tanto gracias a la intervención del público), ‘Quiero un camión’ (en Santander estuve mirando el móvil y en Bilbao aproveché para charlar con la de los brazos tatuados y para presumir le conté que ese punteo era el ‘Ghost Riders In The Sky / Jinetes salvajes en el cielo’ y que el numerito del peine también lo utilizaron en Santander), ‘Feo Fuerte y Formal’ (la acústica repentinamente pésima la echó a perder; al menos desde donde estuvimos sentados: platea 1, en el lateral izquierdo del tablado, donde lo veíamos todo en tres dimensiones y donde se oyó estupendamente) y ‘Rock & Roll Star’ (la cantó peor y se fumó el segundo pitillo).

BILBAO: Los siete oficiantes merecidamente contentos se abrazan bajo la larga ovación final (foto: Facebook Loquillo).

Pero no nos despistemos: Loquillo estuvo pletórico en ambos encuentros, aunque más exhibicionista y bailón en Santander. Y la banda le acompañó de cine, insuflando altas dosis guitarreras y repitiendo las coreografías: el bajista a solas en el arranque de ‘La mataré’, los cuatro mástiles a menudo en la delantera del tablado, los punteos repartidos entre sus tres guitarristas (Igor Paskual ya no tiene tanto protagonismo)… Estuvo mucho mejor el concierto de Bilbao porque el sonido de Santander fue una birria, aunque El Loco y todo el general fueron a más ahí, y a pesar de que en el Euskalduna al final la caravana triunfal pisara varios baches. En el Euskalduna abrieron chuletas y consuetudinarios (a la segunda, ‘A tono bravo’, la de «no comparto opiniones, dicto sentencias»), enlazaron una terna estupenda, estelar y sideral con los riffs de ‘El nombre necesita hombres objeto’, la muy bien cantada ‘Territorios libres’, y la solemnidad de su admirado Johnny Hallyday en ‘Planeta Rock’ («vamos todos juntos como locos a bailar, a estremecer la nación»)…

Tras un tramo más pop propio del BIME (un ‘Sol’ más brillante que en Santander, y ‘El mundo que conocimos’, la de «¿Dónde está? ¿Dónde fue la Europa que ganamos? ¿Dónde está? ¿Dónde fue la España que perdimos?»: ¿no es Loquillo el único que habla de España en sus canciones?, ahí está el título de su disco ‘Cuero español’, del 2000), el concierto del Euskalduna se reorientó al recuperar la onda rockabilly con su versión de Johnny Cash ‘El hombre de negro’, muy superior en el Euskalduna comparada con la víspera y con la gente en su epílogo coreando cantando esperanzada a viva voz, casi hippie. Pero a la décima pieza de Bilbao, la acústica ‘Brillar y brillar’, la del taburete, se desvaneció la sensación mágica. En un instante. La undécima fue la regulera y rígida ‘El rompeolas’, y remontó con ‘Memoria de jóvenes airados’ y el chute de guitarras y los puños el alto de no pocos espectadores. En ‘Carne para Linda’ se paseó entre las butacas escoltado por un guardaespaldas, y, buf, ‘La mataré’ le salió genial, épica, con los coros lolailos proyectados hasta el tercer palco del Euskalduna y con la gente coreando ‘la mataré’, porque Loquillo nunca pronuncia ese verbo. ‘Besos robados’ le quedó bien y en ‘El ritmo del garaje’ pidió al respetable que se levantara y este obedeció en pleno para corear en plan retrojuvenil («tu madre no lo dice, pero me mira mal…») y oírle gritar a Loquillo en el clímax de este éxito primigenio: «¡¡¡porque tú tienes tu banda de rock and roll español, y quiénes son, somos jodidamente nosotros!!!»; en Santander se saltó el taco, por cierto.

SANTANDER: El Loco, más estatua de Pascua que busto parlante (foto: Mr. Duck).

Los tambores del ‘Rey del glam’ de Alaska y Dinarama sorprendieron menos pero sonaron mejor que en Cantabria. E hicieron mutis en Bilbao (en el festival ‘Movember Food & Rock’ oficiaron del tirón, sin abandonar la escena) y regresaron con ‘Rock N’ Roll actitud’, apoteósica y tribal, todo un himno intergeneracional («¡no pueden!»). En ambas plazas los músicos empezaron a tocar agrupados alrededor de la batería y de espaldas al público en la canción ‘El final de los días’, les quedó superpistolera la versión de Lone Star ‘Mi calle’, y Loquillo bailó mucho en la algo mod ‘Rusty’. Sin embargo, en Bilbao se sufrió un bajonazo postrero con ‘Piratas’ (a pesar de sus coros a lo Rocky Sharpe & The Replays) y el ‘Quiero un camión’ que podría desubicar a cualquiera que le diera por pensar. ‘Esto no es Hawaii’ (qué guai) se convirtió en una fiesta muy playera, y ‘Feo Fuerte y Formal’ perdió la pegada y el encanto por culpa del mal sonido momentáneo (mucho mejor resultó en Santander). Y antes de ‘Rock N Roll Star’ nos habló en ambos conciertos y en Bilbao confió que no se tenía por artista, que «yo soy un puto ignorante, yo lo que hago es aprender de todos», y presentó a sus acompañantes, al septeto, cada uno de un sitio (Francia, Gijón, Badalona…), y a él mismo: «desde el Barrio del Clot, de Barcelona, alguien que os quiere y vive aquí» (en San Sebastián exactamente), se presentó en el Euskalduna, aunque en Santander dijo: «desde Barcelona ciudad, donde sumamos, no restamos», lo cual generó una gran ovación del público (por el tema separatista catalán, expliquémoslo ahora que cuando lo volvamos a leer a lo mejor ni lo relacionamos).

SANTANDER: Loquillo estremecido bajo los focos de ‘Cadillac solitario’ (foto: Mr. Duck).

Y cantó la penúltima, ‘Rock N’ Roll Star’, peor en El Botxo que en La Pozona, y se despidió con un estupendo ‘Cadillac Solitario’: en Santander fue para llorar literalmente de emoción y en Bilbao sólo para poner la piel de gallina. El público la coreó entera y en pleno y al acabarla ovacionó largamente a Loquillo y sus muchachos, que se abrazaban en escena sabedores de que habían conquistado otra difícil plaza.

Pues más o menos así fue el segundo concierto del Loco que vivimos en menos de 24 horas. ¿Y saben qué? Esta misma tarde domingo en la que mecanografío este texto repetiría la experiencia. Un tercer bolo en menos de 48 horas.

ÓSCAR CUBILLO

SANTANDER: Saludos finales más despendolados entre el mar de brazos de los fans (foto: Mr. Duck).

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